El alcalde que se ocultó en su panteón

Lo que más me conmovió de la historia de los restos mortales del que fuera alcalde de Grado, Carlos Barredo, asesinado por los sicarios del franquismo, fue que sus restos se ocultaron en el panteón familiar por gente amiga para que no estuviera deteriorándose en una cuneta y quienes lo escondieron tuvieron que hacerlo en la clandestinidad porque el fanatismo de los que le quitaron la vida les hubiera causado todavía más daño.

Los restos de Carlos Barredo, el último alcalde republicano de Grado, fueron homenajeados por sus paisanos y las gentes de bien de toda Asturias que quisieron tributar la figura de una persona cuya única razón para asesinarle era su condición de demócrata, porque los que le mataron no podían consentir que una persona progresista dictara decretos en favor de los más necesitados y así poder robar con tranquilidad las propiedades de los que defendieron la legalidad institucional.

Sería bueno que se conociera el nombre de quienes fusilaron a Carlos Barredo para despreciarles física y nominalmente y poder concederles el título de despreciables hijos de puta,

Junto con su hermano fue detenido y asesinado tras trasladarles a una localidad cercana a Luarca y enterrarles clandestinamente. Pero alguien, jugándose la vida y sabiendo el lugar en el que fueron desposeídos de su vida (nunca de su dignidad), recuperó sus restos y los llevó hasta el panteón de la familia en el cementerio de Grado y allí estuvieron hasta que fueron descubiertos.

Los herederos políticos del alcalde asesinado decidieron recabar la ayuda del experto forense Francisco Etxeberría para logar identificar a Carlos Barredo y así comprobaron que estaba donde alguien lo había escondido para darle una sepultura honrosa y las herederas biológicas del primer edil acogieron los restos y el tributo que les ofrecía el concejo del que fue su último alcalde republicano.

La memoria democrática hace de los pueblos un bastión inexpugnable y un ejemplo histórico para que lo que en su día se produjo, no se vuelva a repetir y los crímenes contra los valores republicanos se conozcan y se difundan, entre las nuevas generaciones, aquellas ideas que son motores de la convivencia y la legalidad y se desprecien los tics autoritarios de los sublevados que todavía quieren arrebatar la libertad al conjunto de los ciudadanos.

El último alcalde republicano de Grado recibió de la mano del actual detentador del bastón de mando, José Luis Trabanco, de Izquierda Unida, el título de hijo predilecto del concejo a título póstumo, entre los aplausos de sus convecinos y el orgullo y la satisfacción de sus sobrinas nietas, presentes en este homenaje merecidísimo a quien fue primera autoridad de la villa moscona.

Sería bueno que se conociera el nombre de quienes fusilaron a Carlos Barredo para despreciarles física y nominalmente y poder concederles el título de despreciables hijos de puta, aunque sea a título póstumo. Los demócratas lo agradeceríamos inmensamente y se produciría un acto de justicia poética con la historia de España. Y si hay que entregarles a sus herederos un diploma acreditativo, yo me brindo encantado a hacerlo en honor a las personas asesinada por los insurrectos golpistas.