La cia pone piso en Oviedo
¿Alguien conoce que Dionisio Gutiérrez, el guatemalteco de origen asturiano que ha organizado un aquelarre en Oviedo sobre el desarrollo y la libertad, ha mostrado su respaldo a la democracia en su país natal cuando gobernaban títeres de la ultraderecha o militarotes que asesinaban a los indígenas? No se tienen noticias, queridos míos, pero ha tenido que llegar al Gobierno de Guatemala un progresista como Bernardo Arévalo, del Movimiento Semilla, para que Gutiérrez haya salido del armario y mostrado su preocupación por los avances del populismo.
Dionisio Gutiérrez organizó un sarao con muchos medios y más propaganda, que los medios de comunicación de la tierra recibieron como una bendición
Estos días se ha sucedido en la capital asturiana una quedada de viejos líderes de la derecha y de la ultraderecha, convocados por Dionisio Gutiérrez, a la que asistieron verdaderos enemigos del progreso como Mauricio Macri, Andrés Pastrana o el boicoteador de los acuerdos de paz en Colombia, Iván Duque, o nada menos que el exdiputado de Vox, Iván Espinosa de los Monteros que conoce el populismo desde su tierna infancia porque lo ha mamado desde la cuna y ahora dice que está en contra de él. Y eso sin hablar de José María Aznar, forofo del terrorismo israelí y que, pese a sus desvelos, no llegó a encontrar las armas de destrucción masiva en Irak tras haberlo arrasado.
El pretexto para citar a todas estas figuras del clasismo latinoamericano ha sido el origen asturiano de Dionisio Gutiérrez que, al parecer, es nieto de una persona nacida en esta tierra que emigró a Guatemala e hizo fortuna allí. Pero haber venido al mundo en esta bendita patria querida no es garantía de que ser asturiano sea un plus de buena gente y emprendedor. Asturianos fueron el dirigente comunista Horacio Fernández Inguanzo y Carmen Polo, esposa de Francisco Franco. Y también lo fueron Severo Ochoa y el minero Emilio Trashorras, que procuró los explosivos para el atentado del 11-M.
Bueno, pues con estos mimbres en la mano, Dionisio Gutiérrez organizó un sarao con muchos medios y más propaganda, que los medios de comunicación de la tierra recibieron como una bendición, no solo para tratar de conseguir los máximos faldones de publicidad como para dar fe de la religión neoliberal que últimamente nos está viniendo de los países más acérrimos del libre mercado. Y también de Trump, aunque a veces no tenga muy claro él mismo cuál es su doctrina económica.
Las ponencias y conclusiones de esta especie de simposio conservador eran esperadas desde el principio. Demonización de las políticas públicas y de protección social, y alabanzas infinitas a la privatización de las instituciones y, por supuesto, a la bajada de impuestos. Basta ver las informaciones sobre el evento y las fotos de los actos, con comidas de lujo incluidas, para saber que se trataba de una ofensiva en favor de las actuaciones más retrógradas en el mundo.
Y dicen que el éxito de las jornadas ha sido tal que podrían tener continuidad para próximos años, por lo que la CIA ha decidido poner piso en Oviedo para acoger como inquilinos a sus agentes más especializados en la divulgación de bulos que favorezcan el establishment establecido, como decía un amigo mío para tomar el pelo a las verdades oficiales del régimen del general bajito.
Como adalid de la libertad de expresión, a este que os escribe le parece de perlas que un grupo de viejas glorias de la política de América Latina se reuna en Oviedo para hablar de sus cosas y tratar de influir entre los ciudadanos en pro de sus creencias ideológicas, como no podía ser de otra manera. Falta saber si la romería ha cosechado éxitos estratégicos en su labor, que a mí no me queda muy claro. Quienes sí parece que han disfrutado de los resultados han sido el alcalde, Alfredo Canteli y los hosteleros de OTEA que, por lo que me dicen, sí que han hecho caja.