Cuando José Manuel Vaquero era el mandamás de La Nueva España y el periódico atizaba de lo lindo las políticas del Principado, del que era presidente Vicente Álvarez Areces, los plumillas de entonces maliciábamos que se trataba de una ofensiva del periódico para que se les subvencionará la colección de fascículos que promocionaba el periódico.
Bajo el eslogan coñón de “Leña a Tini hasta que pague los fascículos”, no había reunión de periodistas díscolos que no sacáramos el asunto a relucir. Y cuando la ofensiva anti presidente cesaba, nos decíamos que pronto iban a sacar otra colección y volverían los palos contra Areces.
Pero ahora La Nueva España ha elevado el listón y lo que quieren que se les financie son universidades privadas y por ahí anda el diario de la calle Calvo Sotelo (Don Leopoldo, por supuesto) loando las excelencias de nuevos centros docentes de iniciativa particular que, un día sí y otro también, aparecen en las páginas del diario.
Nada menos que tres universidades, una por cada localidad más importante de Asturias, promociona el periódico, que ha puesto de moda centros superiores como churros en una población de poco más de un millón de habitantes. Algo así como la proliferación de videoclubes en las décadas de los ochenta y los noventa del pasado siglo.
¿Y cuál podría ser el objetivo de esa avalancha de universidades en un territorio que cuenta con una universidad pública con capacidad para asumir a toda la tropa estudiantil? Si al menos ofrecieran enseñanzas regladas que no existieran, pero parece que van a competir en carreras.
Lo que no sorprende es el precio de las matrículas que son para economías desahogadas que no tienen problemas de cash. Clases para hijos vagos y repetidores de pijos ricos a los que no les llega la nota de corte para elegir sus estudios superiores preferidos. Con lo que pagan los alumnos por cada curso, pueden sufragarse su empleo en las clínicas privadas de la región que, por los indicios, parecen ser el objetivo final de sus estudios.
Frente a la universidad privada, la Universidad de Oviedo ofrece garantías de calidad y solvencia y para hacer competencia a los nuevos centros ha decidido que el primer curso de todas las carreras sea gratuito. Así todo el mundo puede acceder a esos estudios sin endeudarse hasta las cejas.
A mí me parece que la cuestión de las universidades privadas, inmersa en la descapitalización de lo público que propugna el neoliberalismo dominante, no va a arrastrar a gran número de alumnos, salvo que los gobiernos, como el de Madrid, financien a todo tren a los centros, porque ni la población ni la renta per capita dan para demasiado. A la espera de lo que suceda, creo que lo mejor es remedar a la inolvidable Celia Cruz y cantar aquello de que «no hay clases pa tanta gente».