Un culín para la unesco

Posiblemente esta sea la distinción que más unanimidades suscita en la sociedad asturiana y en todo el territorio nacional e internacional. La declaración como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad a la sidra, o para ser más exactos, a la cultura sidrera, ha concitado el apoyo de partidos, sindicatos, entidades culturales, sin excepción y personas de toda raza, sexo y religión han llenado de aplausos las redes sociales y las páginas de opinión de los medios de información.

Desde la sede de Vox a los despachos de Podemos o del PSOE; en las iglesias católicas o en el Salón del Trono de los adventistas del Séptimo Día; entre heteros, gays y no binarios y en todas las casas y chigres de los asturianos se han festejado las palabras del responsable de la UNESCO desde Paraguay anunciando la buena nueva a todo el orbe.

Es probable que el valor patrimonial suponga un factor importante para decretar la subida del precio de la botella de sidra.

Desconozco si este galardón  va a servir para mucho en la promoción de nuestra bebida autóctona o se quedará en un simple chute de autoestima que eleve la ya de por sí alta consideración que, los asturianos tenemos de nosotros mismos.

Lo que parece indudable es que ,desde que se conoció la noticia en toda Asturias y en otros muchos lugares, no se habla de otra cosa y me parece que es un buen síntoma para el futuro de la sidra y de las economías que viven de ella.

Es probable que el valor patrimonial suponga un factor importante para decretar la subida del precio de la botella de sidra. Parece, incluso, razonable porque lo que cuesta en nuestros chigres una de sidra (entre 3,50 y 4,20 euros) no es demasiado caro y todavía se puede pagar un euro más para que productores, llagareros y hosteleros puedan sacar fruto del galardón.

Ahora bien, como ejemplo de los valores de la cultura sidrera, convendría impulsar mucho más el escanciado del producto, contratar profesionales (y pagarles como corresponde, claro) desterrando el pitorrín de marras para los que prefieren degustarla de otra forma.

Un pariente muy cercano se niega a entrar en los bares que venden sidra, si no se la escancian. Yo, sin llegar a tanto, me gusta cómo espalma en el vaso. Y por eso es importante conservar las tradiciones que son inherentes a la cultura sidrera.

Brindemos, pues, por el nuevo estatus de la sidra, entre amigos y con unas rondas bien echadas. Como corresponde. Y por deferencia y educación vaya el primer culín para la UNESCO. Y muchas gracias.