Aún no sé si por causa de las borrascas reiteradas y tormentosas, que les hace subir la bilirrubina, o el hecho de que las fiestas carnavalescas cumplan con su papel de satirizar a los poderosos, lo cierto es que nuestra derecha asturiana (para este caso PP y Vox son la misma cosa), con una mezcla de desconocimiento y un toc inquisitorial, ha decidido poner un burka al Antroxu y llamar la atención sobre unas fiestas que no parecen de su agrado, aunque disfrutan de los disfraces.
El desmadre empezó en Gijón cuando la concejala de Vox reclamó que se prohibiera en todos los edificios públicos usar el burka, aunque nadie ha visto a una mujer con tal prenda. En su obsceno intento de unir sus fuerzas a Vox para expulsar a la izquierda, la portavoz del Partido Popular se sumó al aquelarre y reclamó lo mismo que la edil ultraderechista. El Pleno municipal rechazó categóricamente la petición, merced a los votos de la izquierda y al sentido común de la alcaldesa, Carmen Moriyón, que en su intervención sacó los colores a Sara Álvarez Rouco, dejando claro que no toda la derecha es terraplanista.
El partido de la concejala sonrojante mantuvo en toda Asturias propuestas similares, para respaldar la proposición fracasada de Vox y PP en el Congreso de los Diputados, lo que ocasionó las críticas irónicas del resto de partidos y la hilaridad de la mayoría de las feministas que se sintieron utilizadas por la derecha más dura de este país.
Pero el ridículo de estos representantes políticos llegó a más cuando la misma portavoz conservadora exigió respeto al ayuntamiento gijonés, que retirara el diseño de la sardina del Antroxu a la que califica de portadora de ofensas para las personas religiosas, dando a entender que la pobre mujer está un poco fuera de bolos de lo que significa el espíritu de los Carnavales.
Como sabe cualquier persona con estudios primarios, el Carnaval se caracteriza por su espíritu mordaz y satírico hacia todos los poderes y, por eso, las críticas jocosas de la Iglesia, la Justicia y todos los estamentos de orden, son elementos consustanciales con estas fiestas y se permiten todas las chanzas previas a la etapa de la Cuaresma, que comienza el Miércoles de Ceniza.
Durante la Edad Media y la Edad Moderna, en la mayoría de los reinos, incluidos los de España, era un clásico la figura del bufón, que se encargaba de reírse de manera inmisericorde de su amo y señor; y además gozaba de la protección de éste, porque, de alguna forma, alegraba las fiestas de la época, en un tiempo en el que no había precisamente demasiadas diversiones. Un poco más de cultura y un poco menos de intolerancia hubieran solucionado estos momentos tan grotescos.