Las hermanas Ferrer
Un dictador de la República Dominicana, Rafael Leónidas Trujillo, se hizo cruelmente famoso por ser el inductor de la muerte de tres hermanas que se oponían a su nefasto régimen: las hermanas Mirabal, cuyo asesinato el 25 de noviembre dio origen a la conmemoración del Día Internacional contra la Violencia de Género para que los ciudadanos del mundo no olviden los feminicidios ni la lucha contra esta lacra.
Otro dictador, esta vez el español Francisco Franco, fue el autor intelectual de la muerte y asesinato de tres hermanas asturianas, las hermanas Ferrer, que habían sido votantes del Frente Popular y que tenían un padre sindicalista, al que los golpistas odiaban con enorme fuerza por ser leal a la República, al igual que lo fueron sus hijas, tres, como las hermanas Mirabal.
Recientemente en una cuneta del Occidente asturiano fueron exhumados los cadáveres de estas tres mujeres, que trabajaban en una imprenta de Luarca y que estaban vinculadas al sindicato de Artes Gráficas de las que su padre, que logró huir de los fascistas, era dirigente pero que, al no encontrarle en los momentos posteriores a la entrada de las tropas sublevadas a la localidad, se ensañaron de manera vil con las mujeres. El descubrimiento de la fosa puso de relieve el horror de unas muertes auspiciadas por el odio de una ideología criminal.
Cuando se planteó la recuperación de los cadáveres de las tres hermanas Ferrer, algunas de las personas que las conocían pusieron de relieve que una de las causas añadidas por las que fueron borradas de la vida fue por su condición de mujeres guapas y resueltas
La desgracia se cebó, además, en la pequeña de las hermanas Ferrer, que después de huir de sus perseguidores y refugiarse en una casa, fue denunciada por la familia y entregada a la que luego fueron sus asesinos y sufrió la misma mala suerte que sus familiares, en un acto que conmocionó a las personas de bien que se enteraron en aquellos momentos de un crimen que se mantuvo vivo en la memoria de los supervivientes.
Hora es de que, al igual que sucedió con las hermanas Mirabal, se rinda el homenaje que se merecen estas tres mujeres que sufrieron la persecución de los vencedores porque quien recuerda a los mártires de la democracia, consolida el respaldo de los ciudadanos por ese régimen y le dan valor a las razones morales del régimen nacido el 14 de abril de 1931.
Cuando se planteó la recuperación de los cadáveres de las tres hermanas Ferrer, algunas de las personas que las conocían pusieron de relieve que una de las causas añadidas por las que fueron borradas de la vida fue por su condición de mujeres guapas y resueltas, por lo que es posible que al odio ideológico de sus asesinos hubiera que añadir la envidia por su atractivo y la frustración por no hacerles ni puñetero caso.
La memoria democrática de esta región está, desgraciadamente, repleta de acontecimientos tan trágicos como el que protagonizaron las hermanas Ferrer y su recuerdo llena de vergüenza a cualquier persona que sienta la mínima sensibilidad, pero es preciso no cejar en el esfuerzo de desenterrar todas las cunetas y todos los cadáveres para que nuestra región, y España entera, sean definitivamente un país en paz.