Hosteleros llorones

Siempre ocurre más o menos lo mismo. Cuando, por diversas circunstancias, se produce una decisión institucional que restringe las posibilidades de negocios en la hostelería, los propietarios de los establecimientos invocan toda una serie de agravios comparativos y denuncian que el sector va a sufrir las consecuencias, que pagarán, obviamente, los trabajadores.

Entre los redactores de los periódicos siempre se hacía alusión a las lloreras de los hosteleros cuando hablaban de los beneficios y de las recaudaciones, porque, aunque a simple vista parecía que bares y hoteles estaban a rebosar, sus dueños rebajaban las expectativas y hablaban de porcentajes muy bajos que no respondían a la opinión de los ciudadanos. Y era motivo de conversación entre los periodistas.

Todavía me acuerdo cuando se prohibió fumar en los locales de hostelería. La reacción de las asociaciones profesionales fue de enfado, enfatizando que iba a suponer un duro golpe para el sector. Con el tiempo, cuando se comprobó que el aire de las cafeterías y discotecas era mucho más respirable y los irreductibles fumadores salían a la calle para disfrutar de sus cigarros, las aguas volvieron a su cauce y lo que parecía una catástrofe financiera para el sector, se quedó en nada.

Ahora la llorera de los hosteleros llega por vía de la prohibición de fumar en las terrazas

Luego fue la pandemia y entonces ya casi se rozó el acabose, porque muchos propietarios pensaron que iba a ser el final si se cerraban sus establecimientos y que las medidas gubernamentales iban a llevarles a la ruina. Incluso exigieron que se abrieran sus locales porque era preferible morirse del virus que de la ausencia de ingresos, pero, afortunadamente, las alocadas peticiones de algunos cayeron en saco roto. Después cuando acabó el confinamiento y se llegó a la normalidad, alguno más atrevido llegó a pedir que se ampliara el horario de los locales para resarcirse de las pérdidas, aunque me imagino que ese resarcimiento no iba a llegar a los camareros.

Ahora la llorera de los hosteleros llega por vía de la prohibición de fumar en las terrazas y el argumento, claro está, es el de la repercusión en las arcas de sus negocios, recordando que consumir en las instalaciones exteriores de los bares se hace porque los clientes quieren combinar su cervecita con un buen cigarrillo, aunque no dicen nada de los consumidores que no compran tabaco y se limitan a su ingesta líquida.

Las administraciones públicas tienen que velar antes por la salud general que por los beneficios particulares

En ocasiones, me pregunto si alguno de estos propietarios está interesado en la salud de su clientela, porque preferir que fumen a mansalva porque es bueno para la caja, no deja de ser un acto de insolidaridad. Las administraciones públicas tienen que velar antes por la salud general que por los beneficios particulares y creen que es preferible un consumidor vivo que un cliente cancerígeno y que no volverá a pisar una terraza porque se lo llevó la parca.

Como sucedió en las anteriores ocasiones, los asturianos seguiremos llenando los locales y consumiendo bebida porque socializar delante de una copa con tus amigos y vecinos es un factor básico para no morirte de asco. Y con el buen tiempo, también nos sentaremos en la terraza para que nos dé el sol y el aire fresco. Y, por supuesto, los hosteleros seguirán con sus negocios a buen ritmo y con los locales en frenética actividad. Hasta que alguien vuelva a tener una idea legislativa para proteger a los ciudadanos y volverán a echarnos la llorera. Como las oscuras golondrinas de su balcón los nidos a colgar.