La sentencia del Tribunal Supremo es lo suficientemente contundente para que no dé lugar ni a réplicas ni a interpretaciones: la decisión del Gobierno asturiano de permitir la caza de un determinado número de lobos es irregular, porque la especie todavía no había superado el umbral de la supervivencia.
Si los gobernantes de nuestra región hubieran hecho caso a los dirigentes de la Administración Central, que son de su misma corriente política, no hubieran tenido que tragarse el fallo judicial, pero las presiones de los grupos de la derecha y algunas asociaciones de ganaderos, obligaron a la Consejería de Medio Rural a permitir batidas controladas contra el criterio de los expertos.
Además, el responsable político de la decisión del Ministerio es el asturiano Hugo Morán, que llevó el caso por el libro y no se dejó arrastrar por las exigencias de determinados lobbies que deseaban mandar un recado a los ecologistas y la izquierda y se llevaron un chasco. Si le hubieran hecho caso al que fuera alcalde de Lena, se hubieran evitado el varapalo.
Los especialistas lo tenían claro. El censo de ejemplares de lobos existentes, basado en el control de la especie, se sitúa en torno a los 350, por debajo del listón que supera la certificación de que el animal ya no está en peligro, que son 500.
Con estos datos incontestables, los jueces del Supremo no tuvieron que deliberar mucho. Las batidas eran y son un riesgo para la especie y decidieron que no se podían mantener. Contra el criterio del Principado, optaron por dar la razón a los medioambientalistas.
O sea que menos lobos, consejero. Marcelino Marcos se tragó la medida y ahora deberá explicar a los ganaderos y a los cazadores que transitar por el territorio del lobo es complicado si uno quiere no tener líos con la justicia.
Muchos ganaderos confiaban en tener razón y poder dejar a sus reales durmiendo a la intemperie, lejos de las alimañas y sin el cuidado de los mastines y los pastores. Pero les trae más a cuenta encerrarlos por la noche y evitar disgustos.
Algunas asociaciones de ganaderos no supieran perder con la justicia y culparon al Principado de sus males, Especialmente locuaz fue el portavoz de Asturias Ganadera, muy crítico con la Consejería sin percatarse que disparaba contra quien no era responsable y solo crispaba el ambiente.
Está situación tiene un corolario. Cuánto más se proteja al lobo, mejor para la diversidad y también para los ganaderos que tendrán recursos suficientes para preservar su ganado. Y cuando se superen los 500 ejemplares de lobos, ya habrá tiempo de montar batidas, si ese fuese el remedio más eficaz contra los ataques de las alimañas.