La paradoja de la ecotasa

Por mucho que denuesten los detractores de la ecotasa las virtudes de esta especie de arancel sobre los efectos perniciosos del turismo, lo paradójico es que beneficia al sector mucho más de lo que a algunos, y sobre todo, a sus adversarios les parece, porque el dinero recaudado con esa tarifa puede destinarse (y debe destinarse) a corregir los efectos negativos de la masificación de viajeros.

Hasta la fecha, en todos los países y ciudades en los que se ha puesto en marcha este mecanismo los resultados experimentados han sido muy satisfactorios

Por eso no se entiende que algunos hosteleros, con una concepción del negocio excesivamente cortoplacista, lancen sapos y culebras contra la ecotasa porque no va a suponer ni una pérdida significativa en los primeros años y, después a medio plazo, van a salir reforzados porque se, mejorarán infraestructuras y otros servicios, si cuando se implante ese pequeño impuesto (que se hará pese a quien pese y más temprano que tarde) se dedica lo recaudado a arreglar los desperfectos ocasionados por un incremento excesivo de turistas en una superficie más o menos limitada.

Porque esta es la verdadera esencia de la ecotasa, que tenga un fin reparador, porque multitud de personas en un sitio turístico supone un gasto excesivo de agua, una pérdida de derechos ambientales y una sobrecarga para los sistemas de prevención tanto medioambiental como sanitarios. Si ese es el objetivo de la ecotasa, es natural que todo el mundo esté a favor de su implantación.

Después de muchos intentos, Asturias ha aceptado, si bien a medias, que la ecotasa pueda entrar en vigor en algunos municipios asturianos.

Hasta la fecha, en todos los países y ciudades en los que se ha puesto en marcha este mecanismo los resultados experimentados han sido muy satisfactorios, tanto para las autoridades gubernativas como para el sector de la hostelería y el turismo que, como ocurre ahora en el debate asturiano, mostraban su escepticismo y hasta su rechazo más visceral. Y esa experiencia es buena que la conozcan muchos de quienes, hasta ahora, no se muestran favorables a la ecotasa.

Después de muchos intentos, Asturias ha aceptado, si bien a medias, que la ecotasa pueda entrar en vigor en algunos municipios asturianos. He de decir que es una medida insuficiente pero, al fin y al cabo, se ha abierto la puerta de esta tasa. Las discrepancias en el seno del Gobierno han propiciado este sí, pero no con el que se ha abierto la veda. Ya hay municipios, Carreño entre ellos, que se ha abierto a implantar el arancel, pero no estaría de más que concejos en los que en verano no cabe ni una mosca como Ribadesella o Llanes, empiecen a reflexionar sobre la importancia de la medida si no quieren perjudicar notoriamente a sus habitantes que, en definitiva, son los que están todo el año en el pueblo y, además, pagan sus correspondientes impuestos por ello.

Espero que los temores que sustenta la parte socialista del Gobierno regional se disipen con la experiencia de otros lugares, incluso de algunos municipios asturianos, y la ecotasa forme parte antes de lo que algunos piensan de la estrategia turística del Principado para que mejore la vida de todos los ciudadanos, lugareños y forasteros, porque el mero hecho recaudatorio no tiene sentido para la ecotasa, sino va acompañado con soluciones correctoras. Antes de que el aluvión de personas acabe con todo.