Opinión

Remedio para reparar el daño

El mejor argumento que escuché en favor de la tasa turística fue el del alcalde de una población costera asturiana que se mostraba cansado de que sus vecinos tuvieran que hacerse las víctimas de los desperfectos causados por los visitantes y pagar su reparación con sus impuestos.

Y esta es la filosofía de la tasa turística que quiere poner en marcha el Gobierno de Asturias, es decir que los veraneantes que acuden al Paraíso contribuyan con una pequeña aportación a reparar el daño en el medio ambiente y a sufragar lo que gastan en agua, servicios y otros recursos.

No sé, pues, cuál es la razón de la oposición de algunos sectores relacionados con el turismo a esta tasa que es buena para todos, pero, sobre todo es justa.

No entiendo bien a los representantes de la hostelería y otros servicios ligados al turismo cuando se muestran tan reacios a adoptar la tasa turística si, en el fondo redunda en su beneficio.

Cuando uno se va de vacaciones quiere que en el lugar que visita tenga el mayor número de servicios y esté dotado de todos los recursos necesarios para una estancia agradable que le permita recordar con  satisfacción los días vividos en ese lugar.

Y es razonable que esa exigencia sea cumplida porque uno busca el descanso con las mejores condiciones para que sea reparador. Salvo algún que otro masoquista, nadie se toma unas vacaciones para llegar al culmen del sacrificio y sufrimiento 

Han sido muchas las veces que he viajado por España en busca de las vacaciones ideales y, en la mayoría de los lugares y especialmente de un tiempo a esta parte, he tenido que abonar en los hoteles y casas rurales de gran parte del país una pequeña cantidad para pagar lo que se ha venido en llamar la tasa turística.

Y lo hice razonablemente convencido de que es una buena fórmula para contribuir a reparar el daño causado y, para que la próxima vez que vuelva, esté todo otra vez en perfecto orden de revista.

No entiendo bien a los representantes de la hostelería y otros servicios ligados al turismo cuando se muestran tan reacios a adoptar la tasa turística si, en el fondo redunda en su beneficio. Nadie, por muy tacaño que sea, se va a privar de unas noches de hotel o de una comida agradable por tener que añadir unos pocos euros más a la cuenta de la estancia, salvo que prenda acogerse al gratis total. O que la rasa se vaya a los bolsillos del hostelero en vez de al bien común.