Por alguna razón que no termino de comprender me conmovió más el asesinato de Laura, la guardia civil de Llanes, a, manos de su ex marido este mismo verano. Suelen repugnarme los actos de violencia de género y lamento considerablemente la actitud de muchos hombres que tienen a la mujer como mera mercancía y se deshacen de ella por crueldad, complejo de inferioridad o inmadurez personal. O toda una mezcla de carencias de todo tipo.
Quizás las circunstancias en las que se produjo este crimen de Llanes sean las razones que me han movido a la irritación, porque un tipo que estaba sometido a una orden de alejamiento, que roba una pistola en el cuartel de Zamora en el que estaba destinado y viaja a cientos de kilómetros para cobrarse la vida de la madre de sus hijos tiene tantos puntos oscuros que habría que analizar con rigor y preguntarse seriamente si son seguros los encargados de cuidarnos y vigilarlos.
El Ministerio de Igualdad, el Ministerio de Interior, el Ministerio de Justicia y el Consejo General del Poder Judicial deberían ponerse las pilas.
El asesino de Laura era un tipo llamado Dámaso que se dedicaba al entrenamiento de perros guía. Un tipo que ya había maltratado a su esposa y que le habían condenado a estar lejos de su expareja. Aquí habría que hacerse la primera pregunta. Cómo es que un agresor de mujeres con condena judicial no es controlado por las instancias encargadas de hacerlo: policías y jueces. Alguien tiene cierta responsabilidad y es bueno que se sepa quién para ponerle remedio en próximos asesinatos machistas que, por desgracia, los habrá.
Pero lo intranquilizante es que el asesino tome un arma en su cuartel y recorra el trayecto entre Zamora y Llanes para pegarle unos tiros a su exmujer. Nadie se dio cuenta del robo. Quién vigila el arsenal de los agentes en el cuartel de Zamora? Y cómo es posible que, después de un recorrido de más de 342 kilómetros, o sea más de tres horas de viaje, nadie se haya apercibido de que un arma había desaparecido.
¿Alguien nos va a explicar qué paso y se van a depurar responsabilidades?
No acaba ahí la fracasada historia de nuestros guardianes. El asesino entró en el cuartel de Llanes, como Pedro por su casa, sin que nadie se percatara de su presencia y tuvo tiempo de disparar a su expareja, aunque ella misma había pronosticado tiempo atrás que Dámaso no iba a parar hasta matarla. Terrible augurio que se cumplió porque no parece que nadie vigilase.
Y todavía me cabrea más cierta información que leí posteriormente, en la que se decía que Dámaso había estado en Llanes un día entero comiendo y controlando la casa cuartel donde vivía su antigua mujer. Nadie vio nada, nadie se enteró de nada, pero otro caso de violencia de género se suma a las estadísticas brutales de 2026. Vaya vigilancia de mis cojones, vaya falta de rigor en el control del puesto de la Guardia Civil y vaya cúmulo de despropósitos. Y no incluyo aquí la sorprendente decisión de una jueza que, con los antecedentes habidos, no le concedió una orden de alejamiento al agresor, que le fue sentenciada más tarde. ¿Alguien nos va a explicar qué paso y se van a depurar responsabilidades?
Me temo que, por parte de las instituciones encargadas de vigilar y que tratan de impedir los crímenes de mujeres, están muy poco concienciadas de su trabajo, porque ni órdenes de alejamiento, ni control de los posibles asesinos ni custodia de las posibles víctimas, componen un cóctel peligrosísimo que podría considerarse un delito in vigilando si no se explican claramente los fallos, doy por sentado que involuntarios, de los que deberían prevenir el crimen. El Ministerio de Igualdad, el Ministerio de Interior, el Ministerio de Justicia y el Consejo General del Poder Judicial deberían ponerse las pilas. Más que nada para no tener que, guardar más minutos de silencio que a posteriori, son bastante inútiles.