Esta es la imagen del río Güeña, en su tramo final, el que atraviesa la ciudad de Cangas de Onís, antes de desembocar en el río Sella. El escaso cauce hace que proliferen las algas y que la vegetación se haya adueñado de muchos más espacios de los que eran habituales.
Este tramo del río, que generalmente mantiene un flujo moderado durante la mayor parte del año, ha experimentado en los últimos meses una notable disminución en su caudal, lo que ha provocado cambios significativos en su apariencia y ecosistema. El cauce, que normalmente presenta un perfil bastante estrecho y profundo debido a las corrientes naturales y a la influencia de la topografía circundante, ahora se muestra considerablemente reducido. Esta reducción ha permitido que proliferen las algas verdes en la superficie, formando una capa vegetal que cubre gran parte dell río. La presencia masiva de estas algas no solo altera la estética del paisaje, sino que también puede afectar el equilibrio ecológico local, ya que compiten por recursos con otras plantas acuáticas y afectan la calidad del agua.
La vegetación acuática ha invadido áreas donde anteriormente predominaban sedimentos y rocas desnudas, extendiéndose por zonas que en condiciones normales permanecen inundadas solo temporalmente o durante las crecidas estacionales. En particular, se observa un aumento significativo en especies como juncos y helechos acuáticos, que encuentran en estos espacios secos una oportunidad para expandirse. La reducción del nivel del río resulta especialmente evidente en el tramo urbano de Cangas de Onís, donde el cauce se ha estrechado aún más debido a la retirada del agua. Aquí, se pueden apreciar amplias zonas de piedras lisas y sedimentos arenosos expuestos al aire, que antes estaban sumergidos bajo el agua.