Santolaya de Amprior, unas ruinas que merecen atención

Ruinas de la iglesia de Santolaya de Amprior, a medio camino de Pandiellu y Puertas, en Cabrales.
La Asociación Hispania Nostra la incluyó en su Lista Roja del Patrimonio.

Por más que la antigua iglesia de Santolaya de Amprior, en Cabrales, lleve décadas abandonada y convertida en una ruina, si algo hay que agradecer a la Asociación Hispania Nostra es haberla sacado del olvido al incluirla en su Lista Roja del Patrimonio. En ese listado, creado en 2006 por este colectivo, aparecen aquellos edificios históricos cuyo estado de conservación no se corresponde con su valor histórico y patrimonial.

En el caso de esta iglesia cabraliega, que en su día fue cabecera parroquial de tres pueblos: Puertas, Pandiellu y Canales, cuyos vecinos mantienen su cementerio al pie de sus ruinas, el paso del tiempo y la desatención, el abandono, sin más, se aprecian bien en los muros que quedan en pie y en su espadaña, que aún se yergue a pocos metros del histórico texu que completa este lugar cargado de historia y una iglesia con una cronología que va de los siglos XI al XIV y que era de estilo románico y con elementos protogóticos. Una fotografía de 1909, obra del fotógrafo y cabraliego Miguel Rojo, da cuenta de cómo era 100 años atrás. Su portada románica y otros elementos arquitectónicos fueron trasladados a mediados del siglo pasado hasta Puertas e incorporados a su iglesia, que se levanta en mitad del pueblo. Con esta práctica, habitual por aquel entonces en materia de gestión monumental, lo que se pretendía era preservar precisamente las partes más importantes de edificios históricos abandonados de posibles actos de saqueo que, por desgracia, también los ha sufrido esta antigua iglesia. Algunos desaprensivos han llegado a arrojar a su interior basura como cables y otros desperdicios.

Hay actuaciones más sencillas y, desde luego, menos costosas, que sí permitirían devolverle a esas ruinas la dignidad perdida.

Cualquiera que observe estas ruinas considerará imposible volverla a ver como lucía antaño. Y seguramente tendrán razón. Aunque a veces los milagros en materia de patrimonio, también se dan. Podemos mirarnos en el espejo de la iglesia riosellana de San Salvador de Moru. Hoy luce restaurada por completo gracias al esfuerzo y el tesón de una asociación vecinal que trabajó y trabajó durante años hasta conseguirlo. Ojalá pasase algo así con Santolaya de Amprior, pero se antoja un sueño inalcanzable. Sin embargo hay actuaciones más sencillas y, desde luego, menos costosas, que sí permitirían devolverle a esas ruinas la dignidad perdida. Aunque de vez en cuando, rozan y limpian el lugar, la maleza está al acecho para adueñarse del todo de aquel lugar. Hay ejemplos de intervenciones arquitectónicas que han consistido en consolidar y mantener los muros de otros monumentos que estaban en una situación similar, como fue el caso de otra iglesia cercana, la de San Pedro de Plecín, en Alles (Peñamellera Alta). Bien conservados y atendidos lo que hoy son unos restos que denotan abandono y desinterés por su conservación, podrían convertirse en una especie de parque arqueológico o de un jardín histórico dignos de ser visitados.