«Llevo censurado en los grandes medios de España tres años y medio»
El periodista soriano Jesús Cintora (Ágreda, 1977) estará mañana jueves en el Parador de Cangas de Onís, a las 19:30h presentado su último libro El precio de la verdad.
– El Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades del año 2003, el periodista y escritor Ryszard Kapuscinski, dijo: «Para ser buen periodista hay que ser buena persona». ¿Comparte esa opinión?
– Hasta para ser buen ciudadano hay que ser buena persona. El periodismo es un oficio para servir a la gente, no para servirse de ella. El periodismo no está para servir a tal o cual político o poder económico. Puede trabajar con poderes económicos que hacen viable un medio, que lo financian, por ejemplo, pero sin perder de vista que el fin último es contarle a la gente lo que pasa, no lo que interesa que pase. El periodismo puede dar voz a los políticos, pero no ser vocero de ningún político. Cuando hay corrupción periodística, todos estos parámetros ser pervierten.
Cada vez hay más tontos con carrera
– Mucha gente suele confundir ser buena persona con ser una persona tonta. ¿A usted qué le parece?
– Una de la particularidades del tiempo que vivimos es que ha aumentado el número de tontos que se creen listos. Por ejemplo, cada vez hay más tontos con carrera. Y me explico y esto creo que es muy importante. Nunca hubo tanta información como ahora y, sin embargo, nunca hubo tanta gente desinformada. ¿Por qué? Porque nunca hubo tanta cantidad de contenidos y ahí también se incluye una enorme cantidad de desinformación y de gente que se la cree. Te pondré un ejemplo. A un paisano de mi tierra, con sentido común, le basta con ver lo que antes nevaba y que ahora nieva mucho menos para saber que hay cambio climático, que sube la temperatura del planeta. Sin embargo, hay cretinos hasta con carrera que niegan ese cambio climático porque se lo dice cualquier conspiranoico con éxito en TikTok o con programa de televisión. Y, lo que es peor, hasta difunden esos bulos, sabiendo que lo son, para hacer negocio, porque hay mucha gente dispuesta a creerse estupideces.
– Su último libro tiene un título singular: “El precio de la verdad” ¿A usted le salió muy caro decir la verdad en los diferentes medios de comunicación en los que ha trabajado?
– Llevo censurado en los grandes medios de España tres años y medio, que se dice pronto. Y eso que en los programas que hice había buena audiencia y nadie pudo llamarme a un despacho para decir que habíamos mentido o habíamos incumplido ninguna norma. En mi caso, el veto es por enjuagues de poder. Me han considerado inconveniente. Por ejemplo, para el competidor directo, al que hemos ganado cuando estábamos enfrente. Y mueven hilos, hacen enjuagues con los que mandan y ellos son los que deben responder por qué no estoy, porque ellos son los que decidieron y deciden. A mí me preguntan casi cada día por la calle quién me quitó. Ya les digo que pregunten a quien manda y también a quien apoya a quien manda, porque ellos son los responsables. En la radio televisión pública está muy claro de dónde viene el poder, ¿no? ¿Alguien no entiende todavía por qué estoy así? Pero a otra cosa, estoy con otros proyectos y no paro. Algunos son tan pobres que solo tienen poder, dinero y malas artes.
Han difundido el bulo de que me echan de todas las partes y no es verdad.
–¿De cuántos lugares lo han echado? Siendo usted un periodista de éxito y logrando siempre grandes audiencias.
– Han difundido el bulo de que me echan de todas las partes y no es verdad. De Mediaset me fui yo a la Sexta. De la Sexta me fui yo a TVE. Me echaron de la Cadena SER en 2011 metiéndome en un ERE y de TVE con “el Gobierno más progresista de la historia”. En Mediaset, por ejemplo, me quitaron de Las Mañanas de Cuatro, pero seguía con trabajo, haciendo otros programas como “Cintora a pie de calle”, “La línea roja” y tertulias. En TVE fui directamente a la calle y eso que me habían llamado cuando estaba en la Sexta y el programa fue muy bien en mitad de una pandemia. Fui molesto para quienes se mueven en las tinieblas para boicotear y vetar a los competidores. Y lo que mucha gente no sabe es que, para eliminarte, cuentan con aliados que van de una cosa y son otra.
– En sus libros narra esto literalmente: «En cuanto Eduardo Zaplana se incorporó a Telefónica, fundó una empresa de asesoramiento Decuria Consulting, entró en prisión preventiva, pero salió poco después con “delicado estado de salud por leucemia». Ahora lo han vuelto a juzgar y condenar a 10 años de prisión. Pero parece que tiene bula, porque sigue sin entrar en prisión. Yo no lo puedo entender, ¿usted?
– Técnicamente, el proceso judicial no ha terminado y deben agotarse todos los trámites. Esto es en lo técnico. Con sentido común puede decirse que, en España, la justicia no es igual para todos. Por ejemplo, puede ser más lenta y menos contundente para algunos, como ocurre en este caso y tantos otros. Si la gente se fija, hay pronto una condena que es la mediática, se arma el escándalo unos días, cada vez menos, y luego van jugando con que pase el tiempo y la gente se olvide. Al final, si tú ahora sales a la calle y preguntas si la gente sabe si todos estos que te diré están en la cárcel, la gente ya ni sabe si los han juzgado del todo siquiera: Granados, Ignacio González, López Viejo, El albondiguilla, Pujol, etc. Supimos algo de las prisiones preventivas, pero luego pasa el tiempo para las condenas en firme y demás. Y ahora a ver qué pasa con el caso Koldo y Aldama.
La percepción de que la justicia funciona mal en España está recogida en informes europeos de gran solvencia, pero no se mejora.
–Será que la justicia valenciana funciona de otra manera, porque a mí me da que con la DANA, si condenan a alguien (219 muertos) seguramente actuarán de forma parecida a la de Zaplana.
– Bueno, se puede hablar de la justicia valenciana, de la asturiana, de la madrileña y la que quieras. La percepción de que la justicia funciona mal en España está recogida en informes europeos de gran solvencia, pero no se mejora. Hay un sistema judicial muy mejorable y sí puede afirmarse que hay actuaciones más contundentes con los menos fuertes. En el caso de la DANA, como en la tragedia de los ancianos que no fueron llevados a hospitales durante la pandemia, debería investigarse y que no hubiera impunidad, pero veremos... Al final, con la gota fría, si las autoridades hubieran avisado debidamente, mucha gente no habría muerto.
– Para terminar, ¿qué tanto por ciento o importancia cree usted que le dan los medios de comunicación capitalinos centrales a esta nuestra tierra, Asturias?
– En el libro hablo de quién marca la agenda y con qué criterios. Una de las peculiaridades de este tiempo es la “madrileñitis aguda” a la hora de contar. Ten por seguro que, por ejemplo, si la alerta roja meteorologógica de la DANA hubiera estado en Madrid y no en Valencia, se habría enterado hasta el último paisano de los Picos de Europa, porque lo habrían repetido con insistencia en los grandes medios. De Asturias no se habla mucho, pero también te diré que, a veces, puede ser hasta bueno, dado el nivel de enfrentamiento, polarización y encabronamiento en el que meten al personal con asuntos muchas veces sin sustancia. Fíjate que, en estos tiempos, se trata de tener a la gente distraída. Por eso, algunos no entramos entre los elegidos, porque conviene más que no haya un periodismo que toque determinados temas. Interesan más los correveidiles. Y esta dolencia es bastante transversal, palabra que suelen usar en plan pedante.
Déjame añadir que invito a la gente a venir y traer preguntas a la charla que daremos en Cangas de Onís el jueves 28 de noviembre. Que se acerquen y pregunten. La entrada es gratis. El que quiera, que compre el libro y, el que no, puede venir igual y preguntar. Creo que es bueno hablar y contar cosas que no os han contado ni os contarán en otros lugares.