El lobo mata en Cúa-Piloña

Restos de una de las ovejas muertas junto a la valle de la finca.
Todo apunta a que serían varios ejemplares de lobo los que atacaron junto a las casas del pueblo piloñés

Hace tiempo que los ataques del lobo se suceden más cerca de los núcleos poblados, pero no en localidades que se encuentran en zonas altas,no, el último de los ataques confirmado del lobo ha sido en Cúa (Piloña) pueblo que está a menos de un kilómetro de la carretera Nacional 634, en el límite de los concejos de Parres y Piloña.

Una de las ovejas medio devorada.

Lucía Iglesias relata a EL FIELATO que dos de sus ovejas resultaron muertas y otra tercera herida. «Ha sido el lobo, está más que confirmado y se cree que podrían ser más de un ejemplar. Las ovejas estaban en un prado vallado junto a casa», apunta la vecina de Cúa, para asegurar que nadie recuerda ataques del lobo tan cerca del pueblo.

Lucia da las gracias también a la Guardería de la zona: «los guardas están siendo muy atentos desde el primer momento por eso queremos darles las gracias».

Análisis de los restos de las ovejas muertas.

Medio Rural practica la eutanasia compasiva a un cachorro de lobo

La Consejería de Medio Rural y Política Agraria hacía público ayer que se ha practicado una eutanasia compasiva a un cachorro de lobo que padecía una enfermedad neurológica irreversible. Se trataría del primer caso detectado en Asturias de Neospora caninum, una patología parasitaria que afecta el sistema nervioso y que, al igual que la leishmaniosis, ya identificada en la población asturiana de cánidos, representa una amenaza para la salud de lobos y zorros, principalmente.

El ejemplar fue rescatado en el monte Llosorio de Mieres en septiembre de 2024, en estado crítico, y trasladado al Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de Sobrescobio, donde recibió atención veterinaria. A su llegada presentaba caquexia extrema, deshidratación severa, miasis generalizada y debilidad neuromuscular, lo que indicaba una afección subyacente grave. A la vista de su estado general, se optó por un manejo clínico poco invasivo para no restarle opciones de reintroducción en la naturaleza.

Durante las primeras semanas, el cachorro mostró una lenta mejoría y respondió adecuadamente a los tratamientos de soporte. Sin embargo, a finales de noviembre de 2024 comenzó a manifestar síntomas neurológicos progresivos, como descoordinación, pérdida de equilibrio y conductas anómalas. Las pruebas diagnósticas practicadas en diciembre al animal confirmaron la presencia de Neospora caninum, un parásito intracelular que afecta al sistema nervioso y provoca una degeneración neuromuscular progresiva e irreversible.

Este diagnóstico descartó cualquier posibilidad de liberación, ya que la enfermedad no tiene cura y genera pérdida progresiva de movilidad. Además, se transmite a otros cánidos y al ganado a través de los excrementos y reduce drásticamente la capacidad para sobrevivir en libertad.

Descartada la posibilidad de reintroducción en el medio natural, el equipo técnico y jurídico evaluó diferentes opciones para garantizar el bienestar del lobezno. Finalmente, se optó por su traslado al Centro del Lobo Ibérico de Castilla y León, en Zamora, una instalación especializada en la conservación de la especie, donde podría recibir cuidados específicos y formar parte de programas de educación ambiental y seguimiento científico.

Autolesiones

El pasado lunes, durante el traslado al centro zamorano, el cachorro sufrió un grave episodio de autolesiones: se mordió y se amputó parcialmente su extremidad posterior derecha, lo que provocó una gran pérdida de sangre. Este comportamiento es compatible con la evolución de la Neospora caninum, que puede provocar sensibilidad extrema, falta de coordinación y conductas compulsivas. Ante la gravedad de la situación, se interrumpió el traslado y el ejemplar fue devuelto al centro de Sobrescobio para su evaluación clínica.

Un equipo veterinario colegiado, formado por cinco profesionales del centro de Sobrescobio y del Servicio de Vida Silvestre, concluyó de forma unánime que la única opción viable era la eutanasia compasiva por varias razones: un pronóstico clínico irreversible, una automutilación grave con exposición ósea en la extremidad afectada, una enfermedad neuromuscular progresiva que reducía su calidad de vida de manera severa y la imposibilidad de garantizar el bienestar del animal en cautividad sin sufrimiento.

La eutanasia se practicó mediante una inyección intravenosa a dosis letal, siguiendo los protocolos de bienestar animal. Los resultados de la necropsia permitirán evaluar más aspectos relacionados con este caso.