Invirtiendo en el futuro: la necesidad de una mejor infraestructura deportiva en los pequeños pueblos.

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En un momento en que el deporte se convierte cada vez más en una vía para que la salud, la cohesión social y las oportunidades económicas florezcan. Por eso mismo es vital volver la mirada hacia un aspecto olvidado: la infraestructura en los pueblos.

Mientras que las grandes ciudades tienen estadios modernos, centros de alto rendimiento o incluso pistas de última generación, muchos pueblos siguen teniendo instalaciones anticuadas. y eso, con suerte.

El abandono no solo limita el acceso al deporte, también frena el potencial de crecimiento en estas zonas. Invertir en campos de fútbol, polideportivos, pistas de atletismo o en los centros comunitarios no es un lujo, es hoy una necesidad. Más aún cuando el deporte empieza a vincularse de manera creciente con la economía local. Basta ver cómo algunas casas de apuestas con licencia DGOJ en España empiezan a patrocinar equipos y eventos en zonas que antes no figuraban en ningún tipo de mapa deportivo. La profesionalización llega, pero no puede hacerlo sola. Necesita ayuda para ello.

Una deuda pendiente con el deporte rural

La mayoría de las zonas de poca población tiene de hecho, mucha historia con el deporte. A veces están basadas en un esfuerzo de todos y normalmente, en la pasión de varias generaciones. A pesar de esto, sin inversión ni planificación, ese espíritu puede desvanecerse. Los campos de tierra sin riego... Los pabellones sin calefacción, vestuarios en mal estado... Son cosas que al final, pasan factura.

Esto impide que niños y jóvenes desarrollen tanto la afición como el talento en buenas condiciones. Además, limita el desarrollo de programas escolares y también comunitarios. Y, por último, deja de cubrir lo que es, una herramienta poderosa para luchar contra lo más temido en estas zonas: la despoblación.

El deporte como dinamizador económico

No se trata solo de mejorar la calidad de vida o de fomentar hábitos saludables —aunque ambas cosas ya justificaría la inversión—. El deporte, cuando se gestiona de forma inteligente, puede tener un efecto directo en la economía de los pueblos. Torneos regionales, ligas escolares, festivales deportivos o campeonatos de fin de semana atraen visitantes, generan actividad en la hostelería local, movilizan transporte, y dan empleo.

Además, hay un interés por parte del sector privado. Clubes más pequeños están recibiendo una gran ayuda de marcas que antes solo invierten en grandes ciudades. Algunos ayuntamientos incluso han conseguido acuerdos de patrocinio con marcas relacionadas con la salud o el entretenimiento, como tiendas deportivas o plataformas online. Un ejemplo es el mundo de las apuestas deportivas, donde las últimas casas de apuestas en conseguir la licencia DGOJ han comenzado a ver estrategias de colaboración local a través de patrocinios, eventos e incluso becas para jóvenes promesas.

Talento que se pierde por falta de recursos

España ha tenido grandes deportistas. Deportistas de talla mundial en deportes que van desde el fútbol, al ciclismo, el atletismo y un largo etcétera. Sin embargo, ¿cuántos campeones se habrán perdido por el camino? ¿Cuántos se habrán perdido por no tener acceso a instalaciones, entrenadores o espacios seguros?

La desigualdad entre ciudades y pueblos también se traduce en una brecha de oportunidades.

Y no solo se pierde talento en términos de competición. El deporte cumple una gran función social, psicológica y también emocional. Es un lugar de encuentro, una forma de construir una comunidad, y una vía para alejar a los más jóvenes de cosas que están ahí, en la calle, y no son buenas.

Digitalización, visibilidad y nuevas oportunidades

Otro aspecto que no se puede ignorar es la digitalización. Hoy, cualquier equipo local puede transmitir en directo sus partidos a través de redes sociales. Pero todo esto requiere una base: instalaciones que estén a la altura.

El acceso a la tecnología no sirve si no va acompañado de espacios adecuados para hacer deporte. En este sentido, la colaboración pública y privada se vuelve esencial. Los ayuntamientos deben liderar a largo plazo, pero también es necesario incentivar a las empresas a invertir en el deporte local como ya lo hacen muchas. Pero hace falta más.

Propuestas concretas: de la teoría a la acción

No basta con ver el problema; es necesario dar soluciones:

  • Planes de financiación entre comunidades autónomas y los ayuntamientos para renovar instalaciones.
  • Incentivos fiscales para empresas que inviertan en infraestructuras deportivas locales.
  • Becas y subvenciones para jóvenes deportistas de zonas rurales.
  • Programas de formación para entrenadores y monitores deportivos en pequeñas localidades.
  • Integración del deporte como eje en políticas contra la despoblación.

Estas acciones, si se aplican de forma racional y también sostenida, pueden transformar el panorama de las zonas con menos recursos o más olvidadas.

Un futuro que se construye desde abajo: poco a poco

Invertir en deporte en pueblos y pequeñas ciudades es mucho más que hacer un campo o pintar una cancha. Es reconocer que el futuro se construye también desde lo local. Que las grandes gestas empiezan muchas veces en barrios olvidados, en pueblos con 500 habitantes, en pistas de tierra donde aún se juega con pasión.

Cada euro que se invierte en el deporte es una apuesta por la salud. Una apuesta por el desarrollo económico y el talento. Es también una señal de que ninguna zona es demasiado pequeña para poder disfrutar de un equipo o de un jugador top.