Ventajas del Aislamiento Insuflado en la Vivienda para este Invierno
Las primeras bajadas de temperatura ya se notan en Asturias y, con ellas, vuelve una preocupación recurrente en muchos hogares: cómo mantener la casa caliente sin que la factura de la luz o del gas se dispare.
En una comunidad marcada por la humedad, las lluvias frecuentes y un parque de viviendas en buena parte antiguo, la eficiencia energética deja de ser un concepto abstracto para convertirse en una cuestión muy concreta de confort y de bolsillo.
En ese contexto, el aislamiento insuflado se está consolidando como una de las soluciones más interesantes para mejorar el comportamiento térmico de las viviendas sin necesidad de grandes obras.
A diferencia de las reformas tradicionales, donde hay que levantar tabiques o cambiar por completo cerramientos, el aislamiento insuflado en Asturias permite intervenir en el “interior” de los muros, cámaras de aire y falsos techos mediante pequeñas perforaciones por las que se introduce el material aislante.
El resultado es una mejora notable del confort térmico y acústico con una intervención rápida, limpia y, en muchos casos, asumible económicamente para familias que quieren preparar su vivienda antes de que el invierno se instale definitivamente.
¿En qué consiste el Aislamiento Insuflado?
El sistema es sencillo en su concepto, aunque requiere equipos específicos y personal cualificado. Muchas viviendas, especialmente las construidas entre los años 60 y 2000, cuentan con muros de doble hoja con una cámara de aire intermedia. Esa cámara, que en su día se dejó vacía, hoy se ha convertido en un punto débil por donde se escapa el calor en invierno y entra el calor en verano.
El aislamiento insuflado aprovecha precisamente ese espacio. A través de orificios de pequeño diámetro, practicados desde el interior o el exterior, se introduce un material aislante como lana mineral, celulosa o bolas de EPS, entre otros que rellena homogéneamente la cámara. Una vez completado el proceso, los orificios se tapan y el paramento vuelve a quedar como estaba, pero con un comportamiento térmico muy distinto.
En techos, bajocubiertas o falsos techos, la lógica es similar: el material se insufla o se proyecta en el espacio disponible, creando una “manta” aislante que reduce las pérdidas de calor hacia el exterior.
Por qué tiene tanto sentido en Asturias
El clima asturiano combina inviernos frescos, humedad alta y muchas jornadas nubladas. Eso significa que, aunque las temperaturas no sean tan extremas como en el interior peninsular, la sensación de frío dentro de la vivienda puede ser intensa, especialmente cuando las paredes están frías y el calor se escapa con facilidad.
Además, buena parte del parque de viviendas fue construido en una época en la que la normativa de eficiencia energética era mucho menos exigente que la actual.
Muchos pisos y casas unifamiliares carecen de aislamiento en fachadas o cubiertas, lo que se traduce en estancias difíciles de calentar, condensaciones en ventanas y paredes, e incluso aparición de moho en rincones fríos.
En ese escenario, el aislamiento insuflado encaja especialmente bien porque permite actuar sobre edificios ya construidos, sin necesidad de acometer costosas soluciones de fachada ventilada o SATE (sistemas de aislamiento térmico por el exterior).
Para una familia de Gijón, Oviedo, Avilés o cualquier concejo del interior, puede significar pasar de un invierno de mantas y radiadores al máximo a un hogar donde la temperatura se mantiene más estable con menos consumo.
Ahorro Energético y Confort Diario
Uno de los argumentos más repetidos por los técnicos es el impacto del aislamiento en la factura energética. Reducir las pérdidas de calor implica que la calefacción trabaja menos tiempo y de forma más eficiente.
Aunque el porcentaje de ahorro depende de cada caso tipo de vivienda, sistema de calefacción, orientación, estado de ventanas, los especialistas coinciden en que la mejora suele ser muy significativa cuando se parte de paredes sin aislamiento.
Pero más allá de los números, hay un cambio que los vecinos perciben a diario: la desaparición de esa sensación de “pared fría” al acercarse a un muro exterior, la reducción de corrientes y la estabilidad térmica.
Las estancias se enfrían más despacio cuando se apaga la calefacción, y el calor deja de escapar de forma tan agresiva por las zonas menos protegidas de la envolvente.
A esto se suma una mejora del confort acústico. Rellenar las cámaras de aire no solo frena el paso del calor, también atenúa el ruido que proviene del exterior o de viviendas colindantes.
En entornos urbanos o cerca de vías con tráfico, esta reducción del ruido se traduce en una calidad de vida más alta, algo nada menor cuando se pasa tantas horas en casa durante los meses de invierno.
Obras Rápidas y sin Grandes Molestias
Uno de los puntos fuertes del aislamiento insuflado, frente a otras intervenciones, es el tiempo de ejecución. En muchas viviendas estándar, el trabajo de aislamiento insuflado puede completarse en uno o dos días, dependiendo de la superficie a tratar y del acceso a las distintas estancias.
No es necesario vaciar por completo la casa ni levantar suelos o tabiques. El trabajo se organiza de forma que las perforaciones se realizan de manera ordenada y, una vez insuflado el material, se sellan y se reparan.
En el interior, suele bastar con un repaso de pintura en los puntos intervenidos, lo que convierte la obra en algo asumible incluso para quienes viven en la vivienda durante los trabajos.
Para muchas familias asturianas, acostumbradas a asociar “obras” con semanas de andamios, polvo y habitaciones inutilizadas, esta rapidez supone un cambio de paradigma: es posible mejorar el aislamiento de la casa en cuestión de días y notar el efecto en el mismo invierno.
Rehabilitación en lugar de solo Encender más la Calefacción
En un contexto de precios energéticos volátiles, la tendencia de los últimos años apunta a que las soluciones pasan, cada vez más, por mejorar el edificio y no solo por cambiar el sistema de calefacción. Aislar bien es una forma de “blindar” el consumo futuro.
En Asturias, donde muchas comunidades de propietarios y viviendas unifamiliares arrastran años de retraso en materia de eficiencia, el aislamiento insuflado aparece como una puerta de entrada a la rehabilitación energética.
No exige cambiar por completo la estética de la fachada ni acometer proyectos de gran envergadura, y puede complementarse con otras mejoras, como el cambio de ventanas o la modernización de calderas.
Para quienes viven en pisos de bloques construidos hace décadas, suele ser además una de las pocas soluciones técnicamente viables sin recurrir a andamios exteriores o acuerdos muy complejos en la comunidad.
Mirando al Invierno.... y más Allá
Aunque muchas decisiones de aislamiento se toman con la vista puesta en el invierno, el insuflado también tiene efecto en verano, reduciendo la entrada de calor cuando las temperaturas suben.
En zonas del interior de Asturias o en viviendas muy expuestas al sol, este comportamiento contribuye a mantener una temperatura más estable todo el año, evitando que la vivienda se convierta en un radiador en los días más calurosos.
En resumen, el aislamiento insuflado se ha situado en los últimos años como una de las soluciones más interesantes para quienes quieren preparar su casa para el frío sin embarcarse en grandes proyectos de obra.
Para este invierno, en una Asturias que mira con preocupación las facturas de energía, puede marcar la diferencia entre una vivienda que “se escarcha” por dentro y un hogar que conserva mejor el calor y el confort con un consumo más contenido.
Los próximos meses dirán hasta qué punto los propietarios se deciden a apostar por este tipo de rehabilitación, pero el debate ya está sobre la mesa: seguir pagando más por calentar casas mal aisladas o invertir en mejorar la envolvente para que el calor, una vez dentro, se quede donde tiene que estar.