«Con las realidades vividas a lo largo de todos estos años hemos conseguido crear una familia alrededor de la Fundación»
«Siempre tuve unas inquietudes muy grandes por el tema del mecenazgo y la colaboración con la sociedad, tener un impacto en ella». Los caminos de Antonio Blanco, poleso, licenciado en psicología y sociología, y la Fundación Alimerka parecían destinados a encontrarse. Ambos, la persona y el ente, con una clara vocación de servicio público, de ayuda y atención a los que más lo necesitan: «yo provengo del mundo académico, desde la docencia universitaria y la investigación en temas de psicología social y psicología de las organizaciones, además de ser jefe de estudios de una escuela de negocios y hacer mucha consultoría de temas de recursos humanos. En ese momento surge la oportunidad de dirigir la Fundación, de tomarla prácticamente desde cero y ayudarla a crecer. Me pareció un reto sumamente interesante y no lo dudé un momento».
La idea de la creación de la Fundación Alimerka parte del fundador del Grupo Alimerka, Luis Noé Fernández: «Antes de llegar, la Fundación ya estaba constituida y tenía sus estatutos, pero había que proponer las líneas de actuación. Él tenía las ideas muy claras y quería profesionalizar la acción social de la empresa. Noé sabía cuál era el objetivo de la Fundación. Se estaban recibiendo todo tipo de peticiones de ayuda y había muchas líneas de colaboración abiertas con el entorno próximo en donde la empresa estaba presente. Consideró que tener una Fundación independiente de la empresa y con personalidad jurídica propia era la manera adecuada de canalizar todas esas ayudas y profesionalizarlo. Así nació la Fundación Alimerka».
«Acabamos de actualizar la ambientación de una sala del hospital de día pediátrico y hemos iniciado la colaboración con un proyecto en
Cangas del Narcea para realizar talleres de alimentación en el ámbito de la Salud Mental»
Es el año 2004 y Antonio Blanco es el encargado de llevar a buen puerto aquellas ideas del fundador de la empresa, 20 años que le dan una visión privilegiada de los inicios y la evolución de la Fundación: «También viví el inicio de su hijo, Alejandro Fernández, como presidente del Grupo Alimerka. Al igual que el resto de patronos, Alejandro le dio su visión al proyecto, mostrando desde el principio un compromiso clarísimo, tanto con la Fundación como en la colaboración con todas las entidades sociales del entorno. Su implicación es total. Conoce de primera mano muchos de los proyectos y sus realidades, planteando en todo momento la importancia de darle voz y visibilidad a las entidades con las que colaboramos».
Las actuaciones en los primeros años de vida de la Fundación siguieron un modelo clásico de obra social, en la que se recibían muchas peticiones y se respondía destinando un poco a todas: «Nos dimos cuenta de que esa línea nos permitía hacer una colaboración de mucha amplitud, pero de muy poca profundidad así que decidimos llegar a menos sectores, pero, a los que accediéramos, con más recursos. Buscamos que hubiera coherencia con la empresa patrona y, al mismo tiempo, que respondiese a una ayuda de mucha proximidad. Así, nos ceñimos a unas líneas concretas: inclusión social, asistencia alimentaria, discapacidad y salud».
Para cubrir estas necesidades, la Fundación cuenta con un presupuesto monetario y otra parte «en especie» que va desde la donación propia de vales de compra de alimentos a los propios excedentes de comida de todas las tiendas del Grupo: «Son 75 las entidades no lucrativas que recogen todos los días los excedentes para su uso y consumo de comedores sociales, residencias de mayores, viviendas tuteladas, o entidades de reparto, como el Banco de alimentos. Este es un programa que llamamos “Alimentos sin desperdicio”, un programa que lleva en funcionamiento desde 2009 y que acompañamos también con educación nutricional. Periódicamente las entidades receptoras reciben formación para que hagan el uso más adecuado de los excedentes. De hecho, se han llegado a realizar estudios con el grupo de investigación en Nutrición, de la Universidad de Oviedo, liderado en la actualidad por Sonia González Solares, para determinar el uso más adecuado de excedentes y ayudas alimentarias en una dieta equilibrada».
La Fundación cuenta con un presupuesto monetario y otra parte “en especie” que van desde la donación propia de vales de compra de alimentos a los propios excedentes de comida de todas las tiendas del Grupo
Está a punto de finalizar el año y es hora de hacer balance de lo hecho: «este año para nosotros ha sido muy especial porque se ha cumplido el 20 aniversario de la creación de la Fundación. Nos planteamos hacer encuentros con todas las entidades con las que colaboramos, con mesas de trabajo para que ellas plantearan también sus retos y lo culminamos, hace pocos días, con un acto en el Teatro Filarmónica, de Oviedo, en el que decidimos dar voz y poner en el escenario muchas historias de vida de estos vecinos invisibles, de realidades que si la vida no te llevan a ellas, porque no tienes una enfermedad crónica o una discapacidad, o de golpe te encuentras en una situación de exclusión, te pasan desapercibidas. Hemos conseguido aunar todas esas realidades que durante todos estos años nos han ido acompañando, demostrando también que somos una gran familia alrededor de la Fundación».
Si hablamos de futuro, los objetivos son claros: «queremos seguir profundizando en todas estas líneas y se nos plantea el reto de la humanización sanitaria, en colaboración con los diferentes hospitales. Lo que queremos es crear espacios que humanicen aspectos como los tiempos de espera, o la estancia hospitalaria. Por ejemplo, acabamos de actualizar la ambientación de una sala del hospital de día pediátrico y hemos iniciado la colaboración con un proyecto en Cangas del Narcea para realizar talleres de alimentación en el ámbito de la Salud Mental, dentro de la realización de terapias para el desarrollo de habilidades sociales en la vida cotidiana».
La Fundación lleva otorgando los premios Luis Noé Fernández desde hace 15 años, que se entregan una vez al año, en el mes de diciembre. Este año el premio ha recaído en el Albergue Covadonga, en la Fundación Pájaro Azul y en un grupo de científicos de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona, en referencia en temas de nutrición: «Sólo en la modalidad de Nutrición, ya hemos premiado a casi todos los grandes científicos de la nutrición en nuestro país. Sería un orgullo, y es otro reto de los que nos hemos planteado para el futuro, reunirlos a todos y que divulguen los últimos avances de sus investigaciones».