Con su intervención se cerró el ciclo de charlas "Parroquia Posada de Llanera-Sociedad"

Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo: «El problema de los abusos pederastas lo tiene la entera sociedad, no solo la Iglesia católica»

El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, en un momento de su charla en Posada de Llanera

El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, no deja indiferente a nadie allá por donde pasa. En esta ocasión, su presencia y su discurso, fueron los encargados de cerrar el ciclo de charlas "Parroquia Posada de Llanera-Sociedad", organizadas por José Julio Velasco, vicario episcopal de Oviedo-Centro-Las Cuencas y párroco de la Unidad Pastoral de Posada de Llanera. que iniciara, hace unas semanas, el director del RIDEA, Ramón Martínez, al que siguió la doctora Mabel Soto, responsable de cardiología del HUCA. Sanz Montes llenó el salón de actos del la Casa de Cultura de Posada con su charla titulada La Iglesia en una sociedad plural. Una voz incómoda y necesaria que arrancó con un repaso histórico de la institución hasta desembocar en la más rabiosa actualidad.

El medio centenar largo de personas que asistió a la charla siguió con atención el recorrido diseñado por el arzobispo, con algún tramo con excesivo recoveco dialéctico, hasta que entró de lleno en harina, de bruces en nuestros días. El aborto, la eutanasia o las «ideologías en torno al género sexual» compusieron el siguiente tramo del camino, donde se está «imponiendo el despropósito abaratado del aborto como derecho, la eutanasia como el empujón matarife [...] o cuando hablamos de la identidad de varón y mujer y de todas las variables que se han inventado para manear la perdiz en el delirio festivalero del género humano y su listado interminable en la sopa de letras de sus nomenclaturas, que son todos nombrecitos que tienen siglas, que tienen letras y que terminan en el signo más».

Otra parada en el trayecto fue para reflexionar sobre «la gobernanza de un pueblo», el nuestro, en la que el arzobispo se debatía entre «la alternanza y la alternativa» hasta que, al final se decantó por la alternativa, «real, sin palabras huecas o morosas que termine dejando las cosas como están. Una alternativa en donde los cristianos no pedimos privilegios, sino libertad ante las líneas rojas» poco antes de abordar un tema muy doloroso y que carece de justificación alguna, se mire por donde se mire: la pederastia. Sanz Montes llegó a esa parada de su camino reconociendo que «sin duda estos casos se han dado, lamentablemente. La comunidad cristiana lo ha reconocido, ha pedido perdón, ha tomado medidas para acompañar a las víctimas y estableciendo la prevención para que no siga sucediendo». Pero, lo que parecía un discurso fuerte, contundente, sin lugar a la duda se fue diluyendo poco a poco, derivándose: «Siendo esto verdad, que en la Iglesia se han dado casos de abusos, no es ni mucho menos toda la verdad [...] El problema de los abusos pederastas lo tiene la entera sociedad, no la Iglesia católica. Es un problema social, no religioso la Iglesia».

«Y hay que insistir en el elenco de grupos de personas delincuentes de esta terrible plaga, entre los cuales la Iglesia también está, pero está al final de esa lista macabra. Ese también significa que hay otras realidades que han delinquido igualmente, que lo han hecho quizás antes y con mucha más numérica hazaña, como es el ámbito familiar, el ámbito escolar, el del tiempo libre, el del mundo del deporte, el de los establecimientos de fitness, en los internados y centros de protección estatales o autonómicos, en formaciones políticas».

Al final, el arzobispo completó una charla de una duración aproximada de 40 minutos, que finalizó con una ovación cerrada y una ronda de preguntas de los asistentes. Una intervención densa, con muchos frentes abiertos y mensajes cargados de intención que cerró este ciclo de charlas, una iniciativa brillante, nacida con buen pie y que, esperemos, sólo haya sido la primera de muchas más.