Rosa Rodríguez, asturiana en Valencia: «La gente está desesperada. Están aún en "shock". No tienen nada y ni siquiera te piden»
La ola de solidaridad con el pueblo valenciano, asolado por una DANA de magnitud desconocida en la historia de nuestro país, ha removido las entrañas de los ciudadanos de todo el estado que ha acudido de manera masiva a los puntos de recogida que cada ayuntamiento ha habilitado para que sus ciudadanos donen artículos de primera necesidad con destino a Valencia.
Rosa Rodríguez Martínez es la dueña de la cadena de tiendas La Vieja Nana. Ella, junto a su marido y a su hijo dio un paso más y bajó hasta Valencia con lo recogido en sus tiendas de Lugo de Llanera, La Felguera, Mieres, Colloto y Lugones: «La verdad es que pensábamos bajar el miércoles, pero nos desbordó toda la ayuda recibida. Tanto fue así que el primer día de recogida ya podíamos llenar un furgón grande con todos los productos donados, por lo que decidimos adelantar el viaje y salir esa misma noche para Valencia».
Una vez en el destino, la realidad –que no era la que Rosa y su familia se esperaba– les golpeó de lleno: «Cuando llegamos nos encontramos que en todos los puntos de recogida a los que nos dirigimos para descargar la furgoneta nos dieron la vuelta porque, según ellos “estaban desbordados con tantas donaciones y que no necesitaban nada más”. Y no fue ni uno ni dos: fueron cuatro los lugares en los que nos mandaron dar la vuelta. Hemos visto toneladas y toneladas de alimentos y de agua».
Con la furgoneta llena, la familia de Rosa decidió saltar esa primera barrera y adentrarse en el pueblo, en concreto en Catarroja, para entregar su carga directamente a los habitantes de pueblo, uno de los lugares más devastados por la DANA: «Lo que vimos allí fue horrible. La gente estaba completamente desabastecida, sin agua ni alimentos: estaban pasando hambre, literalmente. Pusimos el furgón en el medio de una de las calles y comenzamos a repartir todo lo que llevábamos. Con nosotros venía otro furgón desde Madrid que se puso en otra de las calles también a repartir».
La pregunta es obvia: si los centros están super abastecidos: ¿cómo es que los habitantes de los pueblos afectados no tienen nada? «Con lo que hay almacenado en los centros de recogida los pueblos de Valencia tendrían para vivir todo el año. El gran problema es que esa ayuda no se está repartiendo, no hay nadie que se esté dedicando a repartir la ayuda que les llega desde toda España. Aquello es un caos».
Calles embarradas, sin luz ni servicios, la familia de Rosa se dedicó también a subir por los pisos, asistiendo a personas mayores que no podían salir a la calle: «Mi hijo se encontró con una señora que sólo tenía una botella pequeña de agua. Es increíble que ellos no tengan absolutamente nada y la ayuda se esté apelotonando en los puntos de recogida».
Mucha incertidumbre, mucho caos, muchas historias vividas sobre el terreno que contar: «Llegaron dos tráileres desde Torrejón de Ardoz cargados con todo lo que se puede necesitar: desde rastrillos, tras paletas, cubos, botas de goma, medicamentos: todo lo que te puedas imaginar. Al llegar al punto de entrega les dijeron que no se lo recogían porque ellos sólo trabajaban hasta las 12 del mediodía y que ya llevaban una hora de más. Que estaban superados y que no se recogía. La chica de uno de los camiones suplicando porque no podían ir a otro punto de recogida ya que, de hacerlo, el tacógrafo se pasaría de horas. Pues les dieron la vuelta a los dos».
El despliegue de efectivos, tanto de militares como de policía y guardia civil, es amplio: «Hay un despliegue enorme de todos ellos y ninguno nos ha puesto ningún problema. Están limpiando las calles, pero no se están dedicando a repartir la comida».
Ya de vuelta a Asturias, Rosa contaba a EL FIELATO Y EL NORA una parte de su aventura, aún en la furgoneta y seguro que con todos sus sentimientos encontrados aún por lo vivido: «Queremos que se conozca esta historia porque la gente está rascándose el bolsillo. Y, además, casi siempre son los que menos tienen los que más aportan. A mí me duele en el alma que todo ese esfuerzo esté apilado en almacenes. Queremos que la gente sepa que hay toneladas de alimentos y que lo que hace falta es que se repartan»