El viaje olímpico de José Manuel Suárez: desde Soto de Llanera a París para trabajar como voluntario
La de José Manuel Suárez es la historia de un sueño hecho realidad, la historia de un sueño que han tenido, a buen seguro, millones de personas alguna vez en su vida, sobre todo, en esas semanas, cuando el mundo se paraliza por la celebración de unos Juegos Olímpicos. Y es que ¿quién no ha soñado ser protagonista del evento, vivirlo desde dentro? ¿Quién no ha querido ser alguna vez protagonista del «Sueño Olímpico», desde cualquiera de sus vertientes?
José Manuel ha sido un afortunado. Profesor de francés en el IES de Llanera. Vinculado desde siempre al deporte, es jugador del Club de bádminton Astures, de Gijón, y entrenador de tenis en el Club de Soto de Llanera. Graduado en filología, siempre estuvo muy involucrado en la organización de eventos deportivos, como en el Concurso hípico de Gijón: «en su día me inscribí como voluntario para la candidatura de Madrid 2020 y me quedé con el gusanillo. Así que cuando, en el año 2023, vi el anuncio pidiendo voluntarios para los JJOO de París, entré en la web, vi las bases y lo que se pedía para poder optar a participar como voluntario –entre ello dominio del inglés y francés– más lo que cada uno puedo aportar por su trayectoria. Así que envié la solicitud».
Una quimera. Se estima que a los Juegos Olímpicos asistieron más de 45.000 voluntarios de todo el mundo así que las posibilidades de José Manuel eran mínimas: «envié la solicitud y me olvidé un poco de ello. En diciembre del 2023 resuelven y la organización me envía un correo en el que me dice que estoy en lista de espera, como suplente, así que pienso que veré los Juegos por la televisión, como siempre».
Pero la vida nos tiene reservadas sorpresas, como ya nos avisaba Rubén Blades en los años 70. La de José Manuel le llegó en junio, a escasas semanas del inicio de los Juegos: «a mediados me llegó un mail preguntándome si aún estaba disponible, a qué zonas estaría dispuesto a viajar –hay que tener en cuenta que deportes como el surf se disputaron en Tahití o la vela en Marsella– y las fechas en las que estaría disponible para poder ejercer como voluntario. Contesté que sí, marqué los días que podría ir y a la semana siguiente, a menos de un mes del inicio de la cita olímpica, me confirman que había una vacante en prensa para la zona mixta de Roland Garros y que tenía diez días para aceptar o rechazarla».
José Manuel pasó por todos los estados de ánimo posibles en décimas de segundo: shock, excitación, prisas, incredulidad y vuelta a la tierra ya que había que buscar vuelos y alojamiento en una ciudad masificada porque, esos pequeños detalles –entiéndase la ironía– no corren a cargo de la Organización.
Ya en harina, vivir unos Juegos desde dentro es lo más cerca que uno puede estar del Olimpo. A José Manuel, además, le tocó trabajar en Roland Garros, viviendo el magnífico ambiente que siempre hay en el recinto, multiplicado por mil por el impacto de los juegos. Él y sus diez compañeros, más las dos personas encargadas de la coordinación vivieron la última cita de Rafa Nadal en unos juegos, el juego que desplegó junto a su pareja en dobles, Carlos Alcaraz y su medalla de plata Olímpica. Las grandes estrellas, como el gran campeón Novak Djokovic o el último partido de otro grande como es Andy Murray: «hemos sido unos privilegiados, mis diez compañeros y yo porque nos podía haber tocado en cualquier puesto, pero vivimos en primera persona la competición y a escasos metros de los grandes protagonistas, pudiendo intercambiar alguna palabra cuando pasaban, darles la enhorabuena, desearles suerte. Un lujo».
Mucha estrella, muchos periodistas –somos muy pesados– buscando la mejor declaración es una mezcla que puede dar algún que otro problema: «muchos tenistas jugaban individuales, dobles y mixtos por lo que podía darse la circunstancia de que acabaran un partido y que en una hora y media tuvieran que estar otra vez en pista por lo que las comparecencias ante los medios debían ser muy rápidas y concisas. Gestionar eso quizá fue lo más difícil».
La propia configuración del torneo obligaba a los tenistas, y boxeadores que, una vez finalizado el torneo de tenis ocuparon la Philippe Chatrier, la pista central de Roland Garros, a pasar directamente a zona mixta nada más finalizar el encuentro por lo que se vivieron momentos de mucha intensidad: «se vivieron muchísimas emociones. Los ánimos de un jugador no son iguales si ganas que si pierdes. El día que perdieron Carlos y Rafa, Nadal estaba muy triste. Se vivieron momentos muy intensos».
José Manuel tocó el cielo del Olimpo en París, una combinación difícil de igualar: «una experiencia muy positiva que no puedo dejar de recomendar a cualquier amante del deporte».