En Piloña, la sidra casera es cosa de mujeres

Entrega de premios del IX Concurso de Sidra Casera de Piloña.
La IX edición del Concurso de Sidra Casera de Piloña contó con 63 participantes locales, más las sidras de concejos invitados

Hoy domingo se celebró la gran final del noveno Concurso de Sidra Casera de Piloña, que coronó a Natalia Díaz, vecina de Coya, como la mejor llagarera local. La sidra de otra mujer, Cristina Álvarez, de La Caneya, se clasificó en segundo lugar, y José Llera, también de La Caneya, se hizo con el tercer puesto.

Al concurso piloñés se presentaron 63 llagares caseros, todo un récord, y seis sidras fueron las seleccionadas para la final que se disputó hoy, en una Plaza del Ganáu de Infiesto, abarrotada de público, que agotó los 1.500 vasos que se pusieron a la venta (a cinco euros) y con los que se podía degustar toda la sidra en los diferentes puestos repartidos bajo la gran carpa.

El periodista, ilustrador y escritor local, Enrique Carballeira fue el encargado de pregonar el Concurso, al que asistieron también el alcalde de Piloña, Iván Allende; la directora general de Desarrollo Rural e Industrias Agrarias, Begoña López y el alcalde del vecino concejo de Parres, Emilio García Longo.

La Asociación de Sidra Casera de Piloña tuvo también un cariñoso y emotivo recuerdo para Robero Redondo Canto, "el pintor de Coya", fallecido hace unos meses.

La jornada dominical comenzaba con un animadísimo desfile folclórico por la calle Covadonga de Infiesto que contó con la participación de la carroza de las Fiestas de Los Ramos de Llames de Parres.


Homenaje en recuerdo de Roberto Redondo.

Pregón de Carballeira

Saludos piloñeses, visitantes, miembros de la asociación de Sidra Casera de Piloña, autoridades, llagareros y todos los asistentes a esta gran fiesta y este homenaje a las tradiciones asturianas en forma de bebida, que antes fue fruta y que finalmente se convierte en alegría, fiesta, confraternización y formas de sentir, de vivir y de compartir.

Todo esto representa la sidra…

Cuando era un guaje, era habitual ir de vez en cuando a algunas sidrerías con mis padres. Esa forma de hostelería, tan especial y tan nuestra, estaba muy presente y, de hecho, incluso se podría decir que hasta era mayoritaria.

Recuerdo aquel ambiente tan especial. Para todos nosotros ese mundo sidrero, incluyendo el serrín en el suelo, constituía parte de nuestra normalidad.


Enrique Carballeira, pregonero de la cita sidrera este año.

Creo que, de alguna forma, estábamos muy fascinados con lo que allí ocurría, aquel mundo de conversaciones cargadas de decibelios y de risas, la comida, que incluía los huevos cocidos sobre el mostrador y las bandejas con bígaros y tantas y tantas tapas que multiplicaban su sabor en combinación con la sidra.

Las sidrerías asturianas tienen eso: no son solo bares, son lugares donde la gente se encuentra, se escucha y se ríe. Las paredes solían estar decoradas con fotos antiguas, barriles, banderas y alguna bufanda futbolística.

Aprendimos a convivir con aquel gesto repetitivo, cientos, miles de veces, de levantar el brazo y dejar caer el chorro dorado.

La sidra rompía contra el cristal para que “espumara” y liberara su aroma. Era un gesto elegante, casi mágico. Yo pensaba que había que entrenar años para hacerlo así.

Así comenzamos a aprender lo que era y significaba la sidra y su cultura. Esa era solo una pequeña parte, por supuesto, pero para muchos fue nuestro primer encuentro con aquel mundo de cultura y tradición, tan especial, que en su origen, se remontaba muchos siglos atrás y que, de hecho, tenía mucho que ver con esos elementos que hacían que Asturias era como era.

Y pasaron los años y muchas sidrerías siguen aquí, aunque otras se han perdido por el camino.

Y hubo que pasar por ese riesgo, siempre presente, de que las tradiciones se pierdan, de que se olviden. Pero no, en el caso de la sidra creo que estamos haciendo muy bien los deberes.

Y una buena prueba es la reciente declaración de la cultura sidrera como Patrimonio de la Humanidad, cierto.

Creo que hemos logrado mantener esta cultura e incluso revitalizarla en estos últimos años, como demuestran eventos como éste en el que nos encontramos.

Y en estos últimos meses hemos logrado un refuerzo importantísimo, fundamental: La declaración de nuestra cultura sidrera como Patrimonio de la Humanidad.

Pero, antes aún de esta declaración, estuvo esa apuesta decidida por impulsar y visibilizar esa labor tradicional de la elaboración de la sidra casera, gracias a celebraciones como esta en la que nos encontramos.

Y ese movimiento, esa acción emprendida por colectivos como la Asociación de Sidra Casera de Piloña, nos sorprendió a muchos, y muy gratamente, por lo que nos estaba descubriendo.

Y empezaron a conocerse los pequeños llagares familiares. Y resulta que concejos como Piloña contaban con un elevado número de estos llagares y los productores se fueron animando a asociarse y a mostrar y ofrecer la degustación de su producto.

Fue un prestosu redescubrimientu de nuestra cultura sidrera. Por eso hoy es de justicia daros las gracias a todos los que durante estos años habéis trabajado por visibilizar esa labor que se sigue realizando en los pequeños llagares familiares.

Asturias no solo es paisaje, el mar y la montaña. Es también memoria viva, tejida en cada gesto cotidiano, en cada receta transmitida de abuela a nieto, en cada vaso de sidra escanciado con precisión ritual. Mantener las tradiciones asturianas —especialmente aquellas ligadas a los productos agroalimentarios— es preservar una forma de vida que conecta a las personas con su tierra, su historia y su comunidad.

Los productos agroalimentarios asturianos, como el queso de Cabrales, la fabada, la miel de montaña o la carne de ganadería autóctona, no son solo alimentos: son el resultado de saberes transmitidos durante generaciones. Su elaboración respeta los ritmos de la naturaleza, los ciclos del campo y las técnicas artesanales que han sobrevivido al paso del tiempo. Apostar por ellos es defender la economía rural, la sostenibilidad y la autenticidad frente a la homogeneización global.

Y lo mismo ocurre con nuestra sidra.

No es solo una bebida: es un símbolo cultural, una seña de identidad. Su consumo está rodeado de rituales únicos, como el escanciado, que no solo mejora su sabor, sino que crea un momento de encuentro y celebración.

Las espichas, los amagüestos, los concursos de escanciadores y las fiestas populares giran en torno a la sidra, convirtiéndola en un eje de la vida social asturiana.

Fijaros en qué celebraciones tan precioses estamos mencionando: fiestes populares y tradicionales, espiches, amagüestos… Una pregunta que dejo en el aire: ¿Estas fiestas serían lo mismo sin la sidra?

Y Además, los llagares son espacios de transmisión de conocimientos, donde se aprende a cuidar el manzano, a prensar la fruta y a entender el tiempo como aliado.

En mi labor informativa durante tantos años ya, me ha tocado ser testigo, conocer e informar de muchos eventos que han ido naciendo en nuestro Principado de Asturias. Algunos han logrado permanecer y otros, lamentablemente, por las razones que sean, no lo han conseguido, los hemos perdido.

Pero cuando uno como este Concurso de Sidra Casera lo consigue, es una doble satisfacción. Nos dice que estas zonas rurales, estos concejos de las alas de Asturias, que casi están luchando por su supervivencia, aún tienen mucho que decir y además son los garantes de que no se pierda nuestra cultura y nuestra tradición.

Preservar los usos y costumbres ligados a la sidra y a los productos agroalimentarios asturianos es, en definitiva, cuidar de lo que somos. Porque en cada culín servido, en cada queso curado, en cada fabada cocinada a fuego lento, también late el corazón de Asturias.

Voy finalizando porque hoy aún hay mucho que celebrar.

Pero permitidme hacerlo enviando un agradecimiento a todas las gentes de esta asociación de sidra Casera y al resto de productores que trabajan desde la Federación Asturiana, Fascas, para seguir impulsando nuestra cultura tradicional.

Y gracias por haberme permitido este año ofreceros estas palabras en forma de pregón y también por haber elegido mi diseño de cartel para anunciar el evento de este año. Representa para mi un honor y una enorme satisfacción. Me presta un montón como quedaron les camisetes, los vasos y los diseños que preparasteis con el cartel y el programa. De verdad que está todo preciosu.

Y también me alegra muchu haber sido el autor del cartel, sobre todo porque me ha permitido trabajar un poco más de cerca con vosotros y ha valido mucho la pena.

¡Puxa la Sidra!

¡Puxa Piloña!

¡Puxa Asturies!

¡Muches gracies!