Cele Foncueva: «El mayor problema que tenemos en el sector es que no hay materia prima»

Cele Foncueva, en el llagar de Sariego, sujetando una de las botellas de la marca
El dueño de Sidra Foncueva repasa con EL FIELATO Y EL NORA el presente y el futuro de la sidra en nuestra región

Cele Foncueva es una caja de sorpresas: llagareru de cuarta generación, con un pasado exitoso en el mundo de los rallies – fue campeón de España del Grupo N, en 1990 y en la categoría de Históricos, con un Ford Sierra Cosworth, en 2017– también tiene un taller en el que diseña y fabrica buena parte de las máquinas con las que la elaboración de sidra dio el salto definitivo desde la tradición a los tiempos modernos: «si mi abuelo levantara la cabeza y viera cómo se hace ahora la sidra caía pa’tras del susto». Un hombre exitoso, discreto y trabajador que viene de llevarse los premios más importantes del último Festival de la Sidra de Nava

«Somos llagareros desde el año 1890, más o menos. El negocio lo empezó mi bisabuela Guadalupe. Luego cogió el testigo mi abuelo Luis, que pasó a comercializar la sidra con su nombre: Sidra Luis. Después, el llagar estuvo muchos años cerrado hasta que llegó mi padre, a principios de los años 70, para hacerse cargo del negocio y refundar Sidra Luis como Sidra Foncueva». 

Y lo demás, es historia: su padre, que también se llamaba Luis, posicionó la marca en el mercado a la altura de las mejores: «en aquellos tiempos –recuerda Cele– Foncueva y Zapatero eran los llagares más reconocidos. Yo, aunque estaba más dedicado al mundo de las carreras, siempre estuve muy vinculado al negocio. Cuando lo dejé, ya empiezo a centrarme mucho más en él, monté el taller y ya empezamos a fabricar cosas, a ir mejorando los medios que teníamos, poco a poco, y sin grandes pretensiones. Luego, con la muerte de mi padre hace 17 años, ya me encargué totalmente del llagar».

EL PRESENTE DEL MUNDO DE LA SIDRA Y LA DOP

 Cele Foncueva lleva los años suficientes en el negocio para ser una voz autorizada; siempre desde una visión personal y respetuosa con las demás opiniones, el panorama presente y, sobre todo futuro, de la cultura sidrera de nuestra región viene con más sombras que luces: «El sector de la sidra tuvo un crecimiento brutal en la década de los años 90 y 2000, muy grande, desde mi punto de vista. Había muchas ayudas de la Administración y eso desvirtuó un poco todo el negocio. Yo confío más en el crecimiento con recursos propios que el que se produce, digamos, de manera artificial. Hay más oferta que demanda y se resiente la rentabilidad del negocio. Durante muchos años, todo el beneficio que dio nuestro negocio se reinvirtió en él, lo que significó que modernizamos nuestras instalaciones y procesos mientras muchos querías seguir elaborando sidra como se hacía hace 30 años». 
La pervivencia de la sidra como la conocemos parece complicada en el futuro: «los problemas son innumerables. En esta zona de Sariego, por ejemplo, tenemos un problema enorme con el topillo que hace prácticamente imposible que los manzanos crezcan. Si a esto le añadimos el problema que estamos teniendo con el cambio en la climatología. Desde que yo era guaje y andaba con mi padre, la temperatura subió casi 20 grados: pasamos de los carámbanos de hielo en los canalones, de estar mayando en enero a que ahora nos lleguen las manzanas cocidas en septiembre. Si a todo eso le unes que la gente joven ya no quiere trabajar en el campo, el futuro es complicado.

Y aparece la figura de la DOP, una entidad que debería aunar esfuerzos, ofrecer soluciones y guiar a los productores por el mismo camino. Cele Foncueva siempre se mostró muy crítico con ella: «desde mi punto de vista, sería mejor una IGP que una DOP porque cada dos años debido a la vecería no tenemos materia prima. No tiene sentido una DOP si no hay materia prima. Sería estupendo tener manzana todos los años pero, la realidad, es que los años pares no la tenemos. Y  la pregunta es: ¿qué hacemos cuando no hay manzana de aquí? Cuando tienes un negocio y no hay, tienes que ir a buscar la manzana a otros sitios porque ¿qué hacemos cuando no hay manzana? ¿cerramos nuestros negocios? Yo siempre defendí la etiqueta de Indicación Geográfica Protegida, que guarda al productor y a la manzana: ¿Qué hay manzanas asturianas? prioridad absoluta ¿Qué no hay? a buscarlas a otro sitio. Yo no necesito a la DOP: estamos bien como estamos».

SIDRA FONCUEVA, UN LLAGAR PEQUEÑO QUE COMPITE EN LA ÉLITE

Con una producción bianual en torno a los 800.000 litros, Sidra Foncueva puede considerarse un llagar pequeño: «igual podríamos asumir más, pero estamos muy cómodos donde estamos. Tenemos una clientela muy fiel que llevan con nosotros muchísimos años, que sabe que cada vez que abre una botella de nuestra sidra, encuentra que siempre está en la misma línea».

Y es que, el que prueba la Sidra Foncueva es difícil que la abandone. El buen aficionado probará todos los palos, tendrá más de uno preferido pero siempre acaba volviendo a Foncueva: «tenemos unas 7 hectáreas de terreno lo que nos da una producción de unas 50 toneladas de manzana. El resto lo compramos, sobre todo en las comarcas limítrofes y en Galicia».

PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL DE LA HUMANIDAD POR LA UNESCO

El pasado mes de diciembre la UNESCO –la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura– declaraba a la Cultura sidrera asturiana como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Puede parecer que este tipo de distinciones no sirvan para mucho más que para que el político de turno se cuelgue la medalla pertinente. Cele, sin embargo, cree que el recorrido será un poco más amplio que la simple pechera del de turno: «la concesión por parte de la UNESCO de esta distinción para la cultura sidrera me parece importantísimo, porque va a atraer turismo, va a beneficiar a la hostelería... yo creo que nos vamos a beneficiar todos. Lo importante es que se hable de la sidra».