Un museo del movimiento obrero en Asturias
Cualquier persona que conozca mínimamente la historia de los conflictos obreros en nuestro país y sepa de la tradición de lucha de los trabajadores asturianos, pensará con bastante sentido que, si existe un museo del movimiento obrero, tendría que estar en nuestra comunidad autónoma.
Pues no. Y no por falta de reivindicaciones en ese sentido procedentes de organizaciones sindicales, de historiadores expertos en la materia y de diferentes colectivos sociales que piensan que el mejor lugar para albergar un equipamiento de esas características es, obviamente, Asturias.
Existen museos del movimiento obrero en lugares tan dispares como Cáceres y otras partes de España, pero por las razones que sea, entre las que hay que incluir la desidia, nuestra patria chica no figura en esa nómina.
Entiendo, pues, que ya va siendo hora de que Asturias se sume al conjunto de ciudades de España y del mundo que cuentan con ese equipamiento que hace justicia a la historia de una región pionera en la defensa de la mejora de las condiciones laborales de sus curritos.
El lugar en que se ubique ya lo dejo a la sabia decisión de sus autoridades, aunque parecería lógico que el emplazamiento esté vinculado con la cultura industrial y reivindicativa de nuestro pueblo. Alguien pensó hace tiempo que con la desaparición de los astilleros gijoneses, quedaba sitio para albergar el tal museo, pero ahora con la puesta en marcha del paseo del Naval Azul, quedan pocas posibilidades de colocarlo.
Como también la minería está en declive total, se pensó asimismo que una explotación carbonífera podría ser el lugar ideal para levantar ese museo.
O la siderurgia, que aunque ya tiene en La Felguera un museo específico, y fue en nuestra región un yacimiento de empleos con la antigua Ensidesa como motor, puede ampliar su perspectiva y aumentar su mirada hacia el conjunto del mundo del trabajo.
Sea donde sea, la ubicación de un museo del movimiento obrero en Asturias debe ser una prioridad, porque todos los habitantes de esta región y los que vengan en el futuro tienen que mantener viva la llama de sus peleas sindicales con sus virtudes y sus defectos. Porque lo peor que nos puede pasar es que nos olvidemos de lo que fuimos.