Triste y llorosa queda la Universidad

Cómo se puede explicar con cierta coherencia que una comunidad autónoma con poco más de un millón de habitantes y una universidad prestigiada con varios siglos de existencia esté pendiente de albergar otras tres universidades, una por cada ciudad de las tres mas populosas de la región, de carácter privado, si no fuera porque hay demasiados intereses mercantilistas en juego,

Los chiringuitos que se nos avecinan dicen  que vienen a competir con la Universidad de Oviedo, pública, por  supuesto, pero más parece que tengan como objetivo segregar al alumnado entre los que son educados para heredar de las élites y los que buscan aprender para ser, el día de mañana, personas útiles a la sociedad y para investigar, que es lo que siempre hicieron las instituciones docentes.

Todo parece indicar que estas universidades tienen una finalidad mercenaria, es decir, servir de batallón de infantería para las nuevas actividades privadas que se van a instalar en Asturias. No parece casual que alguno de estos futuros centros planteen que su objetivo son las ciencias de la salud, es decir, formar a médicos y enfermeras, cuando está en marcha la construcción de un hospital de la factoría Quirón, en Gijón.

Las nuevas universidades tienen buenos y grandes padrinos. Cualquier buen lector del periódico La Nueva España habrá observado el apoyo reiterado y sin ambages a la construcción de estos centros docentes de nuevo cuño, y se acordará de las críticas que recibió en ese medio informativo, que ya es un holding, el actual rector de la Universidad de Oviedo, Ignacio Villaverde, cuando expresó su preocupación por la eficacia de esas nuevas universidades.

En este ínterin, la propia universidad pública anunció la puesta en marcha de matrículas gratuitas para aquellos alumnos de nueva inscripción en la institución, lo que supone una forma muy práctica de evitar competencias inútiles y permite que todos los alumnos, independientemente de su estatus social y de sus recursos económicos, pueda acceder a los estudios de grado superior sin un sobreesfuerzo económico para ellos y sus familiares.

También es esperanzador que el Gobierno regional constate que se extremarán los controles para que las universidades de nueva creación cumplan con todos los requisitos y no sean un coladero de alumnos que rebaje el nivel académico existente y que sirva tan solo para insuflar de personal de plantilla a los centros privados que se ubiquen en territorio asturiano.

El futuro nos deparará si las tres universidades que están anunciadas en Avilés, Oviedo y Gijón, mantendrán su apuesta por instalarse en la región o cubrirán las expectativas académicas exigidas por el Principado, si bien todavía pasará un tiempo, hasta que entren en funcionamiento. Mientras tanto no se nos va de la cabeza aquella canción  de la tuna de estudiantes que entonaban en sus recitales y que rezaba lo de «triste y llorosa queda la Universidad». Será el momento, cuando acabe esta iniciativa, de analizar qué aportan los nuevos centros o resulte un fracaso y se queda sola la institución pública, con la estatua del gran Feijóo presidiendo el claustro mater.