Las monjas de Belorado de Arriondas: rebeldes, con causa y con su verdad por contar
Sentarse a charlar con las tres monjas de Belorado de Arriondas es descubrir una realidad lejos de ese esperpento de Valle-Inclán en el que muchos han buscado, intencionadamente, transformar su historia para hacer que sus denuncias y renuncias parezcan fruto de la enajenación.
Myriam, Sión y Alma hablan sin tapujos ni contradicciones sobre eso que, según denuncian, nadie ha querido escuchar: su verdad. La otra versión de una historia que «solo han publicado diarios extranjeros, ninguno aquí ha querido oír lo que teníamos que decir». Una certeza, la de 16 mujeres, que les ha hecho apartarse de la Iglesia de forma pensada y meditada.
No había rebeldía en su forma de entender su ruptura con Roma sino algo mucho más profundo: una cuestión de conciencia. Y ahí, en esa conciencia, está la clave para entender un auténtico terremoto religioso que, para más inri, tiene como protagonistas a un grupo de mujeres. Algo que puntúa doble, si cabe, teniendo en cuenta el papel femenino en esta organización.
No hay preguntas prohibidas, de esas que habitualmente quienes tienen algo que ocultar marcan antes de una entrevista. Son claras sobre sus motivos de ruptura: «Se está inventando una nueva fe que pasa por alto algunas de las premisas fundamentales del catolicismo», dice sor Sión. «Con Bergoglio se destapa toda la realidad de la Iglesia», apostilla sor Myriam, «nadie está guardando y custodiando una fe, el catolicismo ahora mismo parece un supermercado en el que uno coge lo que quiere». «El fin no justifica los medios», apunta sor Alma, novicia todavía.
El catolicismo, ahora mismo, es como un supermercado en el que cada uno coge lo que quiere
Las monjas de Belorado, una suerte de David contra Goliat moderno
Son perfectamente conscientes de lo que han hecho y la convicción es absoluta. «Viendo todo lo que hemos visto dentro de la Iglesia, si no hubiera una posibilidad -el sedevacantismo, incluso no estando completamente de acuerdo en todo-, yo al menos abandonaría la vida religiosa», dice sor Myriam. «Es muy fuerte decir esto pero te encuentras con una Iglesia que está corrupta», continúa sor Sión, «lo que pesa es el dinero, dominar… y no solo nos ha pasado a nosotras, pero los demás no se atreven a decir nada».
La “desobediencia” les ha costado verse «asfixiadas» por una maquinaria que, al estilo de las estrategias políticas de la actualidad, parece seguir aquella premisa de Francis Bacon: «Calumniad con audacia, siempre quedará algo». «Los abogados dicen que, con la documentación y la ley en la mano, tenemos las de ganar», nos dice sor Sión. «Son buenos e inocentes, creen en la justicia», apostilla sor Myriam dejando entrever su poca fe en conseguir sentencias a su favor.
Llueve sobre mojado en este David contra Goliat moderno que pone de manifiesto los hilos invisibles que a veces se mueven en la sombra. «Intentamos hacer un núcleo zoológico en Belorado pero se truncó», relata sor Sión. «No había ninguna ley urbanística que lo prohibiera, pero nos lo denegaron porque, según el informe del técnico municipal, “no era propio de nuestra forma de vida”, una respuesta propia de un religioso», continúa sor Myriam, «que lo que teníamos que hacer era coser y hacer dulces».
Incluso, el silencio administrativo del consistorio de Belorado «fue interpretado como negativo porque así lo había decidido la Junta del Ayuntamiento para nuestro caso, algo que va en contra de la ley que estipula que el silencio administrativo, transcurridos seis meses, es positivo».
Santa Maria del Chicu, su alternativa para poder continuar manteniendo a su congregación
A Arriondas llegaron buscando una alternativa para poder tener el núcleo zoológico que quieren sacar adelante. «Lo encontró la madre abadesa buscando en Agroanuncios», cuentan. Lo pusieron en marcha en el convento de Orduña y, «aunque todo echó a rodar, nos dieron un número inicial, teníamos muchos proyectos y muy bonitos con el ayuntamiento», el conflicto -encubierto todavía- con la Iglesia paralizó sus planes. «La abadesa de Vitoria nos comunicó que no nos vendía el convento porque no lo permitían las altas esferas», cuenta sor Sión. Una negativa, tras haber abonado 100.000 euros a modo de depósito que no les han sido devueltos, que las ha traído a su Santa María del Chicu -«siendo monjas, tenía que tener el nombre de la virgen»- de Arriondas.
No es lo único que estas “monjas rebeldes” han perdido por el camino. También el acceso a sus cuentas bancarias del que se enteraron, según sor Sión, «repostando en una gasolinera» además del CIF y el registro sanitario de sus dulces, su principal fuente de subsistencia. «Nos han ido enclaustrando», dice sor Sión riendo por el juego de palabras, «el obispo de Burgos -al frente de nuestra congregación, nombrado por Roma como comisario pontificio y con quien tenemos problemas hace años- solo paga las facturas de luz, pero nosotras tenemos que vivir y mantener a las hermanas mayores». Unas que, en un giro de los acontecimientos, no han sido excomulgadas porque, según rezan estas hermanas, «no les interesa porque entonces no podrían gobernarnos».
Prefieren decir que están completamente demenciadas cuando no es verdad
Risueñas y esperanzadas a pesar de la decepción y de los escollos, no hay una mínima grieta en sus postulados ni para quienes cuestionan por qué continúan usando hábito -«se puede ser monja sin estar en comunión con la Iglesia»- ni para quien se burló de su “clausura” al ir a empadronarse al ayuntamiento -«las monjas podemos salir a empadronarnos, y estamos muy contentas de ser ya vecinas de facto de Arriondas»-. Lo que sí hay son años de desencuentros -siempre con el mismo representante de la Iglesia-, intentos fallidos de diálogo, cartas enviadas a Roma que nunca llegaron y una decisión tomada con convicción y fiel a sus creencias.
A falta de saber cuándo podrán abrir su restaurante, ya tienen reservas para el sábado 8 de marzo: día en que se celebra el Carnaval en Arriondas. «Imaginamos que ese día habrá muchas monjas», dicen muertas de risa. Porque, de la misma forma que no les falta su fe y la convicción de que su Dios está de su parte para salir adelante, si algo las distingue es una bonhomía curtida por los problemas que no las hace renunciar al humor.
Un auténtico refugio para plantar cara nada menos que a la sombra de la Iglesia católica.