Marino Martínez, el preso número 9034 de Mauthausen, ya es inmortal
Marino Martínez Rodríguez nació en Tuernes el pequeño, parroquia de San Cucufate de Llanera, en el año 1920. Ya desde muy joven se interesó por la vida política y vivió y participó en primera línea durante la Guerra Civil. Entre otras batallas, intervino en la de El Mazucu, una de las más cruentas de la Guerra. Huido a Francia, fue detenido por las SS el 24 de junio de 1940 en la ciudad francesa de Angulema. Marino fue uno de los pasajeros del Convoy de los 927, un tren con 927 refugiados españoles que fue conducido desde la ciudad francesa hasta el campo de concentración de Mauthausen.
Marino, prisionero número 9034 del Campo, fue elegido para trabajar en la cantera del empresario nazi Anton Poschacher. El papel de «los pochaca», como se les conocía a los presos que trabajaban en la cantera, fue fundamental para sacar del Campo las fotografías realizadas por Francisco Boix, que serían utilizadas como prueba del horror nazi en los Juicios de Nuremberg. El campo de Mauthausen fue finalmente liberado el 5 de mayo de 1945 y Marino Martínez obtuvo la condición de exilado político. Vivió el resto de su vida en Toulouse, donde se afilió al PSOE, estableciendo contacto con la sección clandestina del partido y la UGT en Asturias. Marino falleció en el año 1991.
Más de tres décadas después de su fallecimiento, un stolperstein en Posada de Llanera recordará su figura. Gunter Demnig es un artista alemán que, a principios de los años 90 colocó la primera stolperstein (traducido del alemán como «piedra contra la que tropiezas») el día que se cumplían 50 años de la orden dada por Heinrich Himmler para iniciar la deportación de gitanos. A partir de esas primera piedra, Demnig inició el Proyecto stolperstein, dedicado a recordar a los asesinados o cautivos por los nazis.
A la ceremonia acudieron sus hijos, Marino e Ives, llegados desde Toulouse para este importante momento: «A mi madre le hubiera gustado venir –reveló Marino– pero va a cumplir 100 años y el viaje era imposible. Ha vivido con muchísima emoción este homenaje». Los dos hermanos, arropados por más miembros de su familia, vivieron todo el homenaje con serenidad. Marino quiso dar las gracias «a todos los que han hecho posible esta ceremonia. Estamos muy orgullosos. Esto tiene que servir para que las futuras generaciones tengas en cuenta lo que sucedió. Tienen que conocer lo que sufrieron los que pasaron por los "campos de la muerte", todas las personas que fueron asesinadas, personas jóvenes, como mi padre, que desde los 17 años estuvo luchando y que fue liberado con 25. El gobierno de Vichy los envió a los campos de exterminio y, durante ese tiempo, luchó, junto a sus compañeros, para lograr un mundo mejor en el que vivir, más libre. Es muy importante recordarlos hoy día, un momento en el que los nacionalismos avanzan por todo el mundo».
Su otro hijo, Yves, recordó su vinculación con Llanera: «nunca la perdimos. Siempre fueron nuestras raíces. Cuando eramos pequeños veníamos de vacaciones cuando podíamos y seguimos viniendo ahora. Para nosotros es nuestra tierra también y estamos muy orgullosos de que este homenaje sea aquí, Y que sirva para recordar a aquella gente que sufrió los horrores de la guerra».
Begoña Collado Villa, directora de Memoria histórica del Principado, recordó que «nuestra democracia se sustenta en el sufrimiento, en el dolor, la muerte, el hambre y la tragedia que sufrieron aquellas personas que tuvieron que sufrir su estancia en los campos de concentración. Marino estuvo cinco años en Mauthausen y tuvo la suerte de ser liberado. Precisamente, dentro de un mes se cumplen 80 años de aquella liberación. Es una historia que tiene que ser contada, que hay que conocer.».
Por último, Eva María Pérez, teniente de alcalde del Ayuntamiento de Llanera recordó que «en nuestro concejo no queremos que el olvido y la manipulación del pasado se lleva la verdadera historia de quienes vivieron, murieron o sobrevivieron a los horrores de la ultraderecha, de la sinrazón, del odio y la supremacía. Por eso, que estas piedras hagan reflexionar a quienes hoy levantan el brazo derecho en un ángulo de 40 grados y ligeramente ladeado a la derecha. Que se recuerde, o se aprenda, todo lo que hay tras un gesto. Lo malo, y lo bueno, que es lo que hoy nos reúne aquí».