sábado 18/9/21

De las ratios

Filosofía Pequeña

Vivimos en un mundo extraño, paradójico. Pedimos una cosa y la contraria. Nos llenamos las bocas clamando por la izquierda mientras dirigimos nuestras caderas a la derecha. Señalamos al cielo mientras cavamos en el suelo. Las contradicciones del discurso social siempre me han resultado simpáticas, también peligrosas, pero consustanciales a nuestro absurdo diario. El inmigrante nos roba el trabajo a la vez que se aprovecha de todas las ayudas estatales porque es un vago. La mujer es ya suficientemente libre, pero es que esos extranjeros nos las vienen a robar. Necesitamos mejores servicios públicos, pero a ver si me perdonas el IVA. Los políticos son corruptos, pero les sigo votando. La televisión es una basura, pero no la apago. Tuiteo desde la mesa del comedor que no sé por qué mi hijo de doce años no lee más y está todo el día conectado al móvil. Me quejo del poco respeto que hay por la autoridad del profesor hoy en día y declamo que si en mis tiempos me reñían en clase, en casa me cruzaban la cara… ¿Qué te han puesto un parte en el instituto? Menudo gilipollas el profesor, que encima de tener vacaciones va y… Y todo así.

Se pide a esos defenestrados profesores que apliquen nuevas pedagogías, que abandonen los anticuados exámenes memorísticos, que a ver si se actualizan. Nuevas pedagogías…

Hablemos de una de esas contradicciones que se abren paso a hurtadillas. Se pide a esos defenestrados profesores que apliquen nuevas pedagogías, que abandonen los anticuados exámenes memorísticos, que a ver si se actualizan. Nuevas pedagogías… ¿A qué nos referimos con ellas? Sabemos a qué no nos referimos: a los exámenes, pero no tenemos tan claro a qué sí. Concretemos, pues: son proyectos dinámicos donde el alumno tiene que ser activo en la adquisición de conocimientos y competencias, donde tiene que crear para alcanzar objetivos, ya sea individualmente o en grupo; véase como ejemplo escribir un corto filosófico, sacar fotografías ensayísticas, escribir artículos para revistas, hacer reportajes y grabarlos en vídeo y en podcast, o qué sé yo, investigar un suceso reciente y sus causas. También incide esta pedagogía en la escritura de textos líricos, expositivos, ensayísticos, poéticos, etc., y si acaso, exponerlos en clase, defender posturas genuinas ante los comentarios, dudas y críticas de sus pares. Preparar discursos para la oratoria y entrar a la refriega sobre los más diversos asuntos polémicos tomando postura fundada en datos y argumentos. Se refiere, claro está, a salir del aula y arrancar al alumno a descubrir y medir el radio de una circunferencia en las líneas pintadas en el patio del instituto, a estudiar la fotosíntesis en los árboles que dan sombra en los recreos y a planificar tu propia hoja de entrenamiento para fortalecer el tren inferior mostrando su pertinencia a profesores y compañeros.

Sin embargo, estas nuevas pedagogías que se exigen insistentemente al profesorado traen consigo un paquete de necesidades que parecen invisibles a ojos necios.

Las nuevas pedagogías son las que reclaman la constante participación del alumnado, por ejemplo, interactuando en una charla en inglés durante la clase de idiomas, defendiendo con argumentos una postura ante cualquier dilema ético o moral, comentando las intenciones de un autor tras la lectura del texto, analizando una obra de arte a viva voz para manosear todos sus matices o saliendo una y otra vez a la pizarra para tratar de resolver ese demoniaco ejercicio con trenes que se chocan a mitad de camino.

Mientras tanto, el profesor, que había empezado bien dispuesto a la novedad pedagógica, se verá superado por la muchedumbre y hará lo único que puede hacer: poner un examen, porque de empezar un debate entre veinticinco o que cada uno exponga  a sus compañeros su ensayo ya ni hablamos

Sin embargo, estas nuevas pedagogías que se exigen insistentemente al profesorado traen consigo un paquete de necesidades que parecen invisibles a ojos necios. ¿Quieren que el maestro aplique estas dinámicas participativas y motivadoras a los alumnos? Respondemos que sí. No obstante, para que todos entren al juego, hablen, reflexionen, expongan, construyan, debatan, comenten, etc., deben mantener las ratios de alumno/profesor que han prevalecido este año de pandemia. Siquiera bajarlas, simplemente mantenerlas. En caso contrario, las clases se volverán a masificar y Adrianito que es muy tímido quedará escondido detrás de un compañero, Laurita que es una pieza se dedicará a llamar la atención que no recibe en casa y revolverá a su compañera Rebequita, más interesada en las chorradas de Vero que en la batalla de Salamina; Marcelino necesitaría un poco más de atención del profesor, pero al no recibirla se manda cartas con Palomina, que si bien en una empollona, no es capaz de preguntar nada porque Pablito siempre está interrumpiendo. Mientras tanto, el profesor, que había empezado bien dispuesto a la novedad pedagógica, se verá superado por la muchedumbre y hará lo único que puede hacer: poner un examen, porque de empezar un debate entre veinticinco o que cada uno exponga  a sus compañeros su ensayo ya ni hablamos. Pero que no cunda el pánico, que ya intercepta el cuñado y reza eso de «en mi época éramos cuarenta en clase y no pasaba nada». Lo dicho, lo uno y lo contrario.

De las ratios
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