jueves. 18.08.2022

... Electoral, por supuesto. Podría ser navideña, que he vivido unas cuantas en la librería. O veraniegas, en La Xunca, recordadas con la nostalgia y añoranza de un tiempo muy feliz y fructífero.
Pero quiero hablar de la campaña electoral porque es la primera en la que he participado activamente desde 2003. Tampoco es que me haya hecho acreedor al premio de empleado del mes en IU o, por utilizar el revival soviet de las últimas semanas, a la medalla al estajanovista ejemplar, ya que me he limitado a repartir un poco de propaganda, a pegar cuatro carteles, a dar la brasa con la megafonía y a asistir a un par de actos públicos. Mentiría si no reconociera que la coincidencia electoral con Santa Rita fue un factor determinante para mi presencia, lo que, evidentemente, atenúa mis posibles méritos militantes.
En todo caso, ha sido suficiente para poder observar patrones que se repiten elección tras elección y otros comportamientos de nuevo cuño igualmente curiosos. Por comenzar por estos últimos, por primera vez la gente me comentaba que pensaban que no íbamos a concurrir a las elecciones, algo que no solo nunca estuvo en el guión, sino que no hubiera tenido explicación posible, ya que jamás desde que yo tengo recuerdo hemos dispuesto de tanta gente para confeccionar la lista. Tan es así, que a muchos no les habrá pasado desapercibida la ausencia de históricos como Alfredo, José Manuel, Fina o Nobel junior, que cedieron su puesto para que entraran nuevas personas más jóvenes. He de reconocer también que, conocedores de los rumores que circulaban sobre nuestra ausencia, no nos molestamos demasiado en desmentirlos, no porque pensáramos que ello jugara a nuestro favor, sino simplemente porque introducía un pequeño efecto sorpresa que siempre contribuye a animar un cotarro habitualmente adormecido.
Más usual es un comportamiento muy extendido por el cual vecinos y amigos abordan a mis padres para confesarles cuanto les gustaría que su hijo (o sea, yo) resultara electo. Mi madre siempre comenta, con jocosidad mal disimulada ante nuestros magros resultados, que, si ese fuera el termómetro electoral, IU siempre ganaría por mayoría absoluta. Aunque mucho me temo que el resto de padres con hijos presentes en candidaturas bien podrían contar lo mismo. En todo caso, sepan mis vecinos y amigos, que me congratula y valoro mucho más contar con su afecto y estima que con su voto.
Y luego está el siempre desternillante asunto de los acuerdos poselectorales, donde prometo no caer en la hipérbole si aseguro que en un mismo día han taladrado mis oídos personas que me decían ya ser sabedoras de un acuerdo con el PSOE y, casi sin haber avanzado dos pasos, otras me paraban para comentarme que conocían por buena fuente la inminencia de un pacto tripartito junto con Foro y PP. Nada extraño, si no fuera porque ni siquiera habíamos tenido reunión a tal efecto aún. Supongo que será la confusión entre la realidad y el deseo de la que nos hablaba Cernuda. Resulta, además, enternecedor ver como personas que jamás han contemplado ni siquiera remotamente la posibilidad de apostar por tu opción, te aconsejan sobre cuáles deben ser las decisiones a tomar, so pena de ser condenados al ostracismo eterno. ¡Cuánto más fácil sería que, en lugar de darnos consejos, nos votaran masivamente, abortando así cualquier posibilidad de error en los pactos al otorgarnos una mayoría suficiente que nos permitiera prescindir de ellos! Evidentemente, es una broma: escuchamos por igual a todo el mundo, pero creo que resulta comprensible que la decisión última recaiga sobre simpatizantes y militantes.
Ahora que las urnas y las asambleas ya han hablado, solo queda trabajar denodadamente, cada uno desde la posición legítimamente adquirida, con respeto y empatía hacía la ciudadanía a la que representamos, para contribuir a la construcción de un concejo más próspero y justo. Porque, para la política local y máxime si perteneces a una organización minoritaria, cobran pleno sentido las palabras de Juan Bonilla: “Lo importante no es que ganes o que pierdas, sino que no pierdas las ganas”. Y ganas, nos sobran.

Luciano Hevia Noriega fue concejal de IU en Parres y formó parte de la candidatura local a las pasadas elecciones.

Crónica sentimental de una campaña
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