miércoles. 28.09.2022

Les hablo de Alicia Álvarez Rodríguez, nacida en esta Parroquia de San Martín de Tours, el día 11 de marzo de 1922. Han pasado 36.500 días y 876.000 horas, y las que aún le quedan por disfrutar dada su vitalidad. Celebra su Santo el 20 de junio y su nombre, dicen los libros, es de origen  griego, y significa persona auténtica y defensora de la verdad, que ella trató de cumplir en su ya larga existencia.

Cuando Nació, empezaba la década del culto a la novedad, de aquellos locos años veinte. Época sensata en ocasiones, y precipitada en otras

Su fotografía, lo dice todo, la serenidad de su mirada, el inicio de una sonrisa que da recuerdo a la belleza de su juventud, que aún  perdura en su madurez, unida a su elegancia en su vestir. Hablar con Alicia es un placer. Goza de buena memoria, amena en su conversación, conserva un excelente apetito, y con medida, le encantan sus “martinis“ y su copita de “Los Serranos” en las sobremesas. Se la ve con ilusión y esperanza.

A su nacimiento, reinaba en España Alfonso XIII, y por aquella época, iniciaba Ribadesella su futuro turístico bajo su alcalde Alberto Caso, hoy ya internacional, bajo el mandato de Ramón Canal.

Cuando Nació, empezaba la década del culto a la novedad, de aquellos locos años veinte. Época sensata en ocasiones, y precipitada en otras. A su vez se abría la puerta, con más amplitud, a la tecnología, y otras artes, como el cine, el teatro del verso y de costumbres, unido todo al enorme avance que aporto la ciencia en el correr del tiempo.

Los jóvenes y algunos mayores, por aquel entonces, se asomaban a un romanticismo muy del momento, donde no faltaban moderadas o intensas celebraciones. La juventud riosellana tenía su punto de encuentro en el salón de baile de Llovio, bajo un chulapo organillo que manejaba Ramón, llegado de las Américas.

Allí conoció a José Ramón González, hombre bueno y trabajador, y en 1942 los casó Don Juan, del que yo fui monaguillo que, en carro y burro prestado por un vecino, hacíamos los desplazamientos dominicales. Tuvieron dos hijas, Maribel y Edy, y sellaron, en el tiempo, toda una vida de cariño y afecto familiar.

Como mujer creyente, siempre fue cumplidora de sus deberes religiosos, y obediente a sus leyes. Respetó lo marcado por los nueve Papas que conoció, desde Benedicto XV al actual Francisco.

Y la vida sigue y, ya en su centenario, sabrá afrontarla con la capacidad que le caracteriza y seguirán los latidos de su corazón, siendo compañeros fieles de su vida, cimentada, según su decir, en ese Dios que le atiende con generosidad.

Doña Nieves, su maestra, le enseñó sus primeras letras, y los sacerdotes sus creencias religiosas. Ella, da recuerdo, con lágrimas, cuando la guerra dejó en ruinas la magnífica iglesia de la aldea, que más tarde Don Eusebio González, de grato recuerdo, con el que colaboré, tras sesenta años de Párroco, la hizo volver a la vida.

Alicia adora este lugar donde nació y vive, de tanta belleza, donde se ubicó el monasterio de San Martín por el siglo IV, rodeado de verdes múltiples entre mar y monte. Este fue su sitio en el mundo, y supo convivir, con sus orbayos, con sus soles y vientos, con la luz del día, con las sombras de la noche y el amanecer del alba, hicieron que, en sus trabajos rurales y hogareños, se sintiera feliz en la paz de esos prolongados silencios que gobiernan la aldea.

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Alicia Álvarez Rodríguez.

Esta semana, tan  importante para ella, será un ejemplo más de cómo Ribadesella cuida a sus mayores, tanto desde el Ayuntamiento, la asociación de los Más Grandes, la activa tertulia El Garabato, y también el párroco don José Ramón, a buen seguro que le tributarán un cariñoso recuerdo.

Se lo merece por su comportamiento en su ya larga existencia, donde ha cumplido, con sus deberes y labores de cuerpo y alma y ha sabido manejar sus sentimientos con su familia y con las personas con las que ha compartido su diario vivir.

Y la vida sigue y, ya en su centenario, sabrá afrontarla con la capacidad que le caracteriza y seguirán los latidos de su corazón, siendo compañeros fieles de su vida, cimentada, según su decir, en ese Dios que le atiende con generosidad.

Que la Providencia te acompañe, querida Alicia, y que los cielos te bendigan para seguir disfrutando, muchos más años, al calor de todos aquellos que te respetan y te quieren.

Como asidua lectora que, desde años, eres de EL FIELATO, desde estas páginas nos unimos a tu felicidad.

Un gran abrazo, amiga.

Los magníficos cien años de Alicia
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