martes. 28.06.2022
SOCIEDAD

Ramón Blanco Lobeto me dejó Sin Palabras

"Sin Palabras", el Albariño de las Bodegas Castro Brey, que regenta un arquitecto parragués ha cosechado ya varios premios internacionales. «Yo no sabía nada de vinos, me casé con una compañera de carrera gallega, que tenía una pequeña bodega. Sin comerlo ni beberlo y, por diversas causas, me ví en la complicada tesitura de ponerme junto con mi mujer al frente de la Bodega. Estudié y me preparé más en los estudios sobre el vino, que en mi carrera de arquitecto».


Un arquitecto parragués que triunfa haciendo vino en Galicia
El y su mujer dirigen las Bodegas Castro Brey, en Camanzo, Pontevedra.

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“Sin Palabras” es un excelente Albariño que se produce en el pueblo de Camanzo (Vila de Cruces-Pontevedra). Pero lo mejor del caso, es que este excelente vino lo hace un chaval de La Viesca (Llames de Parres), que es arquitecto y técnico vitivinícola.
«Yo no sabía nada de vinos, me casé con una compañera de carrera gallega, que tenía una pequeña bodega.

Sivino sin palabras bodegas castro breyn comerlo ni beberlo y, por diversas causas, me ví en la complicada tesitura de ponerme junto con mi mujer al frente de la Bodega. Estudié y me preparé más en los estudios sobre el vino, que en mi carrera de arquitecto».

Y yo no sabía de la existencia  de esa bodega, hasta que un buen amigo y mejor director de hoteles me “mensajeó” para decirme, «Borja, ¿tu sabes que a menos de 70 km. de donde estás tienes una de las bodegas que hacen mejor Albariño del mundo y que su director es un arquitecto de Parres?» No lo pensé ni un segundo. Menudo reportaje mas guapo voy a hacer. Un parragués arquitecto y bodeguero.
¿Pero cómo demonios vendría a parar uno de La Viesca (Llames de Parres) a Camanzo (Pontevedra)?

Quedamos a las cuatro y media en Adegas Castro Brey de Camanzo. Es un pequeño pueblo, en un precioso valle regado por el río Ulla y allí se presenta Ramón con sus grandes gafas, una barba incipiente y pinta de un genio. Veremos, me dije a mi mismo. Tras los saludos de rigor comenzó una conversación como si nos conociéramos de toda la vida. «Nos podemos tratar de tu», me espetó nada más saludarme. Le respondí  que sin problema. En un periquete me aclaró mi duda. «Cuando terminé COU podía estudiar Arquitectura en Barcelona, Madrid o en Coruña. Mis padres lucharon y se esforzaron al máximo para ayudarme a pagar mis estudios de arquitectura en Coruña, y un día, después de cinco años de estudios, llamé a casa. Se puso mi padre y le di la gran noticia: papá ya soy arquitecto».

Era arquitecto con una novia también de su misma profesión y con la que no tardaría mucho en casarse. De esta manera, Ramón, el fíu de José Ramón y Maribel, se estableció en Santiago de Compostela. Seguramente sus padres vieron que su esfuerzo y tesón había merecido la pena. «A veces uno se queda sin palabras para poder dar las gracias a mis padres por lo mucho que me ayudaron. Pero ese agradecimiento se lo pude dar también a mis abuelos de los que aprendí muchísimo. Mis abuelos eran algo muy grande para mi. La abuela Ángeles era la bondad total. Para ella nadie era malo y jamás en mi vida la escuché hablar mal de nadie. El abuelo Jesús era todo sabiduría; un hombre del que aprendí cómo funcionaba la luna, de cara a los cultivos. O, simplemente a cortar un palo para hacer un mango. No vale cortarlo cualquier día. La savia queda abajo o arriba de la rama en función de la luna, aunque la gente no se lo crea. Una vez el abuelo me lo enseñó. Al cabo de cuatro meses el corte que se había dado con mala luna, se torcía, y el que se había hecho bien, quedaba perfecto. No creas, eso me sirvió para entender muchas cosas que hoy me son muy útiles».
Su vinculación con La Viesca también la tienen sus hijas, «que desde pequeñas van a casa de mis padres un mes. Antes las mandaba yo todos los veranos y ahora que ya tienen edad suficiente para poder elegir, no se pierden un verano sin ir a Llames de Parres. Y eso que mi madre es muy exigente, aunque mis hijas dicen que les encanta Asturias y la casa de los güelos». Ramón habla un Asturiano de Parres y es un torrente de ideas.

La casa a la que cada verano van sus hijas en Parres fue su primer proyecto como arquitecto. «Los abuelos, que vivían enfrente se mudaron rápidamente y jamás quisieron marchar a su antigua casa. Estaban muy orgullosos de mi».
Llegó la hora de despedirnos, tras más de tres horas escuchando a uno de Parres, establecido en Santiago de Compostela, que hace un vino tan excepcional que nos dejó “Sin Palabras”.

El parragués se despide a lo italiano, con Ciao. “Adiós, Ramón, -le espeté yo-. Ciao es para los Italianos”.

La Casa de La Viesca

«Cuando terminé la carrera, mi primer proyecto fue la casa de mis padres y abuelos» dice. Su forma de entender la arquitectura no es ni buena, ni mala. Es de esa moderna que tanto gusta a la gente de ahora. Realmente y, a simple vista, te das cuenta que su primer proyecto en La Viesca no deja indiferente a nadie. No utiliza los aleros (y mira que aquí no para de llover) y juega con los espacios de luz de una forma meditada y estudiada. «Hice la casa pensando en mis padres y güelos, aunque sabía que en principio no la iban a entender muy bien, pero yo conocía sus gustos. A mi los compañeros me llaman “el de los banquinos”, porque siempre pienso donde la gente puede estar sentada para descansar y tener las mejores vistas. De paso, que el sol y la luz sean elementos primordiales. Y en la casa de mis padres te sientas y puedes ver El Sueve, a la vez que el sol, cuando lo hay­, te aporta la energía suficiente y necesaria para estar en la gloria».

ramon blanco lobeto casa la viesca en parres

Ramón me enseñó sus proyectos, que hace junto a su inseparable amigo Terán (hijo del que fuera consejero de Ordenación y Vivienda, con Pedro de Silva, Arturo Gutiérrez de Terán Menéndez Castañedo). Su estudio diseña de todo, pero pocos arquitectos de provincias diseñan chalets de millones de euros. «Hacemos muchas cosas (polideportivos, urbanizaciones, parques, etc), pero siempre para gente que nos deja pensar. Nosotros para hacer un proyecto de una vivienda, primero pedimos a nuestros posibles clientes que nos dejen vivir con ellos un par de semanas. Luego les presentamos lo que pensamos sería su vivienda y normalmente aceptan. Pero si lo que ellos quieren no nos agrada, no somos los indicados para ejecutar su proyecto».

Menos mal que dicen que sobran arquitectos y que no hay trabajo. Para muchos no, pero para los fenómenos como Ramón el de Parres siempre lo hay.  Terán y Blanco. Taller de arquitectura en Santiago de Compostela hace cosas como las que pueden ver en su página web www.teranyblanco.com.

Adegas Castro Brey

Las Bodegas Castro Brey fueron inauguradas en el año 1982, por los abuelos de la mujer de Ramón. Ahora él, junto con su mujer, Lourdes, son los encargados de llevar esta singular bodega gallega. Y no lo escribo de forma gratuita, porque la misma es visitada por gentes de medio mundo y por los más reputados “Michelineros”, que son los que tienen estrellas Michelín, símbolo de que son muy buenos, pero fíense lo justo.

ramon blanco adegas castro brey camanzoClaro está, que como santo de fuera es más devoto, los “Michelinados” de Arriondas (con monumento a la entrada de la cité) no pasaron por ese santuario gallego del vino Albariño.  ¿Pa qué? Pues a Nacho Manzano y José Antonio Campo Viejo un cariñoso saludo, y ya no tienen excusa para no ir a conocer al de La Viesca, Ramón Blanco, en su feudo Gallego. Ojo, que el gran Sumiller Juan Luis, de Casa Marcial, conocía perfectamente el vino porque lo había servido en una boda. Otro fenómeno dentro del mundo de los vinos.

Ramón mima sus viñedos  y consigue notas espectaculares en los mejores foros internacionales de los vinos. Sus notas en la carrera universitaria eran siempre notables y matrículas. En los vinos ya tiene unas cuantas que superan el sobresaliente. Pero no un sobresaliente en una agrupación de entendidos. Nohomenó. Ramón Blanco, ­ese rapaz de La Viesca en Parres­, recibe sobresalientes en los más selectos clubes de vinos. Ferrán Adriá o los de Can Roca saben que es verdad. El reputado crítico gastronómico Ansón quedó encantado con los productos del fío de José Ramón el cartero de Piloña y antes de Gijón.

 

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