martes 3/8/21

La Ruta del Cares, una senda apasionante

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La Ruta del Cares, Photo by Gabriel Gonzalez

La belleza del desfiladero es única como se ve en esta foto de Gabriel González 

 

Los residentes en las grandes ciudades del territorio español buscan lugares naturales donde poder desconectar. Cuando se acerca el buen tiempo, el cuerpo pide entrar en contacto con zonas verdes y disfrutar de escenas idílicas que se alejan de la escala cromática grisácea de la urbe. Los habitantes del norte de España tenemos la suerte de disponer de un pulmón natural que invita a perderse entre sus árboles centenarios. La zona asturiana recibe un gran número de visitantes que demandan este tipo de actividades. Hoy os queremos hablar de una de las rutas naturales más populares del norte de España. Una travesía espectacular que se está configurando como una de las más populares de la región. Hablamos de la Ruta del Cares, que hace referencia a al río del mismo nombre.

 

Esta ruta presenta un entorno natural apasionante, con algunos lugares mágicos. Más allá del ejercicio físico, también es un punto perfecto para practicar algunas actividades con los amigos, como por ejemplo realizar fotografías espectaculares, divisar la orografía de la región, o jugar a diversos juegos, como por ejemplo los de cartas. Unos ejercicios que hoy en día también podemos practicar en casa gracias al casino online.

 

Esta travesía entra en contacto con los Picos de Europa, un macizo montañoso localizado en el norte de la península que se extiende por la cordillera cantábrica. Su parque natural es el segundo más visitado de todo el territorio español, gracias al gran número de accidentes naturales y geológicos que alberga. Los dos municipios que entran en contacto con la Ruta del Cares son la localidad asturiana de Poncebos y la leonesa de Posada de Valdeón. La historia de la ruta es bastante curiosa, ya que era la única vía que tenían los dos municipios para entrar en contacto cuando, debido a las temperaturas gélidas, la nieve dificultaba el acceso por otras zonas.

 

La ruta también sirvió para realizar el mantenimiento del canal de alimentación de una central hidroeléctrica. Los ríos son una fuente de energía muy potente, que generan electricidad gracias a su movimiento. La central de la que hablamos es la de Camarmeña-Poncebos. Este canal de alimentación se inauguró hace cien años, concretamente entre los años 1916 y 1921, y ha sufrido diversas obras de mejora y restauración para adaptar las necesidades del servicio a los nuevos tiempos. La última gran actualización se produjo en la mitad del siglo pasado, entre los años 1945 y 1950. La dificultad del acceso a la zona, y las dificultades inherentes del contexto histórico en que fue construido, provocó numerosos accidentes laborales, debido a la aplicación de elementos explosivos como la dinamita. Se trata de un elemento indispensable cuando se quiere agujerear una roca especialmente resistente, y en ese contexto era muy habitual su aplicación.

 

La ruta tiene una distancia total de 11 kilómetros, un viaje ciertamente apasionante que emula el que realizaban en la antigüedad los exploradores más atrevidos. Si nos atrevemos a perdernos entre sus caminos, podremos entrar en contacto con cuevas, puentes espectaculares y pasajes que atraviesan literalmente la roca. Su belleza inherente y su majestuosidad natural ha generado un estado de opinión que lo define como uno de los caminos más bellos del territorio peninsular.

 La bella ruta del Cares, Photo by Mikel Ortega

Ruta del Cares, una foto de Mikel Ortega

 

Durante la realización de la travesía también es habitual ver cómo la ganadería ovina aprovecha el espacio para realizar el pasto. Las cuevas son un espacio magnífico para refugiarlas, y los pastores, siempre expertos en este contexto, saben cómo aprovecharlo.

 

A lo largo del año, más de dos millones de personas se acercan al Parque Natural de los Picos de Europa, y una gran parte se adentra en la Ruta del Cares que, como ya hemos mencionado anteriormente, es la más popular. Su poco desnivel la convierte en una ruta altamente accesible para todo tipo de públicos. El senderismo la tiene como referencial, y se necesitan unas cuatro horas para superarla de punta a punta. Ocho si se tiene en cuenta la vuelta.

 

Uno de los momentos más especiales que nos ofrece este camino es la visualización del Naranjo de Bulnes, un promontorio de origen paleozoico que se alza imponente sobre el terreno. Tiene una altitud de 2.519 metros y sorprende por su majestuosidad.

 

No debe ser motivo de sorpresa que el magnífico autor Pío Moa describiera esta ruta en su obra Viaje por la Vía de la Plata, donde destaca su belleza, y al mismo tiempo, su peligrosidad pretérita, ya que describe que casi cae por uno de sus desniveles.

La Ruta del Cares, una senda apasionante
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