jueves. 18.08.2022

Cuando el investigador Joan Benach comenzó a publicar artículos explicando que la precariedad laboral dañaba nuestra salud a muchos les sonaba a chiste. Al poco, lo constató en un informe de la ONU. Demostraba que cuanto peor trabajo y menor renta tenemos, vivimos menos años y sufrimos más enfermedades. Es decir, quien gana 600 euros tiene más riesgo que quien recibe 1.000 y el riesgo de éste es mayor que el del que gana 2.000. Por si fuera poco, nuestra salud física y mental empeora cuanto mayor es la desigualdad con nuestros conciudadanos. Por eso la esperanza de vida es menor en el barrio neoyorkino de Harlem (conocido por su pobreza) que en Bangladesh.
En los últimos años, las condiciones laborales han empeorado para trabajadores (especialmente para LAS trabajadoras), pequeños empresarios y autónomos: peores salarios, menor conciliación o jornadas de trabajo más largas e intensivas. Y, sin embargo, lo peor es la incertidumbre: no saber si la crisis nos hará perder nuestro empleo, si emigraremos o si nuestro comercio tendrá que cerrar. ¿El resultado? En estas condiciones, según la ONU, nos sentimos estresados y sufrimos más problemas psicológicos, riesgo de infarto o enfermedades. También nos “quemamos” más fácilmente. Más fascinante es lo que llamamos “presentismo”: vas al trabajo pero estás apático y no rindes nada. ¿A que resulta familiar?
Las decisiones políticas tomadas durante la crisis empeoraron nuestras condiciones de trabajo. Las reformas laborales hicieron bajar los salarios: donde había un empleo de 8 horas por 1200 euros, ahora tenemos dos de 11 horas por 600. Hay mayor paro y es más fácil ser despedido. A los autónomos o trabajadores del campo no les va mejor y trabajan más que antes. Y eso está afectando a nuestra salud. Pero no a la de quienes nos gobiernan ni al 27% más de millonarios: Ellos no viven en Harlem sino cerca de Moncloa.

?El trabajo mata?
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