sábado. 03.12.2022

De la lógica bélica

Filosofía Pequeña, Ucrania

Nada nuevo, una vez más repito sentencias brillantes para explicar lo inexplicable. ¿Inexplicable? Sí, pero precisamente porque tiene un andamiaje cristalino, tanto que a veces se nos olvida su absurdo. Cuando nos volvemos muy finos, muy sofisticados o muy racionales es bueno que nos encuerden para no caer en la psicopatía. No será nuestro caso. Al tema: la guerra es una forma de hacer política por otros cauces (Clausewitz, s. XIX).

No es cuestión de que Rusia esté atizando a un país que ve venir a un oso gigante y desbocado, es que se ha acelerado una gran guerra que hasta ahora se conducía por cauces políticos de otra índole

Me preguntaba hace unas semanas Paloma que de qué iba esto de los rusos, y yo le decía que no tenía mucha idea, pero que con el país de los zares mejor no jugar, que sé que tienen bombas de esas del champiñón. —¿Pueden tirar bombas nucleares? ¿Pueden tirarlas por aquí?— Me preguntaba entre escandalizada y asustada, y yo le contestaba que poder, podían, pero que no lo iban a hacer. La lógica de las armas nucleares no es la de atacar, sino la de asegurarse de que no te ataquen. Me explico: Ucrania está como está, menuda frivolidad voy a soltar, por no tener armas con que amenazar seriamente a Rusia. La cuestión es que lanzar una cabeza nuclear a un país que también las tenga es tanto que autodestruirse pues ellos van a soltar la réplica. Por eso nunca confrontaremos en guerra abierta contra Rusia ni ellos contra nosotros (nosotros somos España, ese país disciplinado que hará lo que los capitanes le digan que haga, y bastante tiene con ello). Habrá refriegas, claro que sí, pero siempre mediadas por terceros. EEUU arrasó en Afganistán mientras los rusos enviaban armas a los del turbante y Rusia ha entrado en Georgia o Ucrania mientras EEUU y sus aliados van enviando tantos juguetes molestos como crean rentable. Paloma me mira recelosa; algo no le ha gustado.

¿Quién pensaba que Rusia iba a permitir a la OTAN, es decir, a EEUU, poner misiles en su frontera?​

¿Rentable? Esta es la palabra que Paloma no termina de encajar. Pues sí, insisto, rentabilidad es la que se consigue al debilitar al enemigo con el que directamente no te puedes enfrentar sin desatar el fin de la civilización. No es cuestión de que Rusia esté atizando a un país que ve venir a un oso gigante y desbocado, es que se ha acelerado una gran guerra que hasta ahora se conducía por cauces políticos de otra índole. Se está disputando el liderazgo del mundo. No está claro que EEUU pueda mantener su posición privilegiada, siquiera que pueda seguir seduciendo con su modelo de éxito —¿ven a esos adolescentes vistiendo ropa yanqui y babeando con Spiderman y su novia? Pues eso—. Hay un contrapeso que avanza sin aspavientos y que va consiguiendo que muchos se arrimen a su calor. Nosotros no lo vemos, pues somos una colonia del imperio, pero hay más mundo —¡África!— y China avanza imparable, no se nos olvide. Y mientras cuento estas movidas, Paloma me mira extrañada y me apunta un dato que no parece empalmar en mi discurso: —pero hay gente perdiendo la vida—.

Con la posible entrada de Ucrania en la OTAN, Rusia habría de elegir: o la nada o la guerra. La nada sería tanto como atraer al calor de EEUU a un país que es un extraordinario granero y mover misiles a las puertas del histórico enemigo

Yo esquivo tal nimiedad y replico con alguna obviedad como que Ucrania malamente iba a entrar en la OTAN, que a quién se le ha ocurrido eso, que no me vengan con soberanías nacionales los que aplaudían las perrerías que le hicieron a Grecia cuando quisieron cambiar el paso a Bruselas y los que se olvidan de aquella broma en Cuba que casi cuesta una guerra nuclear. ¿Quién pensaba que Rusia iba a permitir a la OTAN, es decir, a EEUU, poner misiles en su frontera? Es muy evidente, creo yo, no hay duda, y esta línea de pensamiento resuelve muchos interrogantes; pero Paloma, entonces, me incordia incrédula con una pregunta impertinente: —¿estaba la gente trabajando un día y al siguiente empezaron a caer bombas a su alrededor?—. No sé qué decir. Inquiere, entonces, como ensimismada, sin prestar mucha atención a lo que pudiera yo contestar, si tras las primeras bombas la gente había tratado de seguir yendo a trabajar. Seguramente sí, contesto incómodo, y sigo.

Cuanto más larga sea la contienda, más dinero se gastarán, más desánimo cundirá entre su población, mayor descrédito se cobrarán y menos ganas tendrán de seguir pegando tiros

Para ser finos debemos rastrear el dinero, es clave. Quién gana y quién pierde. Con la posible entrada de Ucrania en la OTAN, Rusia habría de elegir: o la nada o la guerra. La nada sería tanto como atraer al calor de EEUU a un país que es un extraordinario granero y mover misiles a las puertas del histórico enemigo. La guerra, que es la que ha sido, supone un ingente gasto bélico para Rusia, pero también revivir la alianza atlántica, apretar filas con los países amigos, lograr atraer a nuevos aliados, denostar internacionalmente a Putin, impulsar el rearme de países que no gustaban en dejarse los cuartos en tanques que comprar a… EEUU, cerrar el grifo del gas y de las materias rusas para comprar gas y materias a… EEUU, sancionar a Rusia y debilitarla en el tablero geopolítico en beneficio de… Quiero seguir desplegando mi lógica de ganadores y perdedores, de Europa, de China, pero cuando Paloma oye lo del gas me pregunta a qué temperatura están ahora en Ucrania. Lo miramos. Bajan de cero y no suben más allá de seis o siete grados. —¿Hay niños a esas temperaturas ahora mismo sin calefacción?—. Yo creo que no me está escuchando.

Le comento que desde Europa, también España, que somos muy bien mandados, se envían armas a Ucrania, no para ganar la guerra, que no se puede ganar, sino para que resistan todo lo posible. Con eso se desgastará a los rusos a bajo coste. Cuanto más larga sea la contienda, más dinero se gastarán, más desánimo cundirá entre su población, mayor descrédito se cobrarán y menos ganas tendrán de seguir pegando tiros. Le digo que hay ucranianos que se quieren ir del país pero a los que no se les deja para que empuñen un fusil y sigan en liza. Insisto en que se debe armar a toda la población para que aguanten y de ese modo a Rusia le sea menos rentable el conflicto, que así quizá no suba tanto la gasolina y el gas porque en debilidad deberán renegociar los precios cuando no puedan mantener una economía de guerra ahogada por las sanciones… En este punto, me doy cuenta de que Paloma me mira raro. Detengo mi perorata y veo cómo me hace un gesto con desdén, como si la estuviera molestando; se da la vuelta. Murmura algo acerca de lo ridículo que sueno hablando de adolescentes con armas en una guerra perdida para que baje el precio de la gasolina, que le dan arcadas al pensar en la psicopatía política de la rentabilidad, que qué puta mierda es eso del desgaste a bajo coste, que si de verdad pienso que todos esos muertos son un bajo coste, que le aterroriza escuchar a tanta gente sonriendo con un «a por ellos» en la boca, que me puedo meter a Clausewitz por donde me quepa, que no tiene tiempo ni ganas para gilipolleces y que se va a entregar unos sacos de dormir y algo de comida a una buena gente que promete acercárselos a los ucranianos que ayer eran como nosotros y que hoy no tienen nada sino el terror más absurdo causado por la partida política más racional. Yo creo que no me ha entendido bien, aunque quizá sea yo el que necesite encordarse.

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