Opinión

Café para todos no, señora ministra

Indudablemente, si hay ministra (y vicepresidenta) a la hora de lucir modelos de diversas firmas, esa se llama Yolanda Díaz.

No se sabe a ciencia cierta, si es de Podemos; Podamos (árboles y lo que se cruce); o lo que se le pase por la cabeza a usted, amadísimo y queridísimo parroquiano, en tiempos de nuevo Jefón, o Papa como se le llama vulgarmente.

Rediós, ya  me lío y me escapo del tema DEL CAFÉ PARA TODOS. Café, palabra simpática de acepciones diversas. “El tipo tiene un mal café”, en clara definición del carácter de un sujeto; “ta margo, como el café”. Y así otras muchas, entre las que destaco hoy la de CAFÉ PARA TODOS, que es una manera de expresar en nuestra lengua, y también la del papa, que lo que sea es lo mismo para todos.

En el caso de la reducción de horas laborales, ya pasado lo del salario mínimo, es imposible que valga lo del CAFÉ PARA TODOS. En la total improbabilidad que lea estas letras la elegante ministra y vicepresidenta, que me importa un bledo, yo escribo sobre la reducción de jornada en toda España a 37,5 horas.

Cojonudo para cualquier trabajador y jodido solo para algunos empresarios. De hecho, hay cientos de empresas en las que incluso ya se trabajan menos horas. Cito ejemplos:

Empresas casi siempre de mas de 100 empleados, que se dedican a cosas que generan mucho valor añadido. Pa que nos entendamos todos. El que fabrica un Iphone, le debe de costar como muchísimo 100 euros, pero lo venden sin problema en más de 1.000. Eso son empresas que generan mucho valor añadido.

Pero ahora me centro en las empresinas, que tienen dos, hasta 15 empleados. Pues lo que pasa es que tanto los empresarios como los trabajadores salen jodidos.

El obrero porque gana poco, 1.500 euros, que no dan ni pa pipas; el empresario jodido, porque para pagar esos 1.500 euros, tienen que abonar entre Hacienda, Seguridad Social, pagas extras, vacaciones y demás asuntos que, a los pobres empleados como a los esquilmados empleadores, les tocan los mirlitones.

¿Y quién gana en toda esta historia? El Estado Trincón porque no administran, funden la pasta de todos en las ocurrencias más variopintas.

Otra vez que me pierdo. El del pequeño taller mecánico; el de la pequeña empresa de camiones; el del restaurante que tiene 10 empleados, esos van jodidos con lo de las 37,5 horas.

De ahí que muchos empresarios autónomos –los nuevos esclavos de la actualidad económica–, cuando el salario mínimo subió, pues tuvieron que reducir la jornada de algún empleado, o mil historias paralelas.

La aprobación de la reducción del horario de trabajo es más que improbable, porque la derecha catalana de Junts dice que naranjas de la china. Y esa reducción de jornada no solo es necesaria sino TOTALMENTE NECESARIA, y se podría hacer sin problemas siempre que el “Trincón del Estado” rebajara los diferentes y diversos impuestos a las Pymes y pequeñinos empresarios.

¿Cómo? Pues aplicando la misma regla que la trincona ley que grava a la lotería (dixit por la derecha de Rajoy) que, del premio, te trincan el 20% y todos contentos.

No y mil veces no, señora elegante ministra, CAFÉ PARA TODOS NO. A los pequeñinos, póngales lo de la lotería, un 20%, con lo cual los empresarios ganarían algo de pasta y en muchísimos casos emplearían a más gente.

A los bancos, eléctricas, Iphoneros y demás farándula, que ganan pasta de sobra, pues  para lo de las 37,5 horas me parece muy bien que sus empleados vivan mejor y, si acaso, el empresario del banco o de la eléctrica que pague más impuestos (que se niegan y el Gobierno se lo permite). Pero al del tallerín;  la carpintería; almacén de frutas; pequeño restaurante. Coño, al peluquero, reprímanse señora y elegante ministra y ordene que, de la que bajen las horas, de trabajo, que les bajen los tremendos impuestos que ustedes obligan a pagar tanto a las grandes empresas como a las pequeñas. Eso es de lo que escribo:

CAFÉ PARA TODOS

El empleado feliz, porque el jefe le reduce sus horas de trabajo; el empresario feliz, porque incluso puede subir el sueldo a sus empleados y todos contentos.

Y de paso como usted, señora Ministra, a comprar un nuevo modelito en consonancia con su estupendo sueldo como política.

El llobu

Treinta años tardaron estos zoquetinos políticos Europeos en  darse cuenta de que el llobu arrasa tou lo que encuentre por su camino. Su alimento era el xabalí pero el muy cuco bajó pa la ciudad, hasta que dé un ñascu a un neñu y lo mande pal otro barrio.

A los animalistas les propongo que lleven a los llobos, como en su día hizo mi admirado  Félix Rodríguez de la Fuente, a sus casas.

Porque de otra manera paezme que el llobu nun comerá oveyes y lo que se tercie cuando tenga jame. En treinta años que llevo denunciando tal pernicioso asunto, ya era hora que tuvieran los llobos, depredador o ecologistas de acogida: no de esbabayar.