Cómo alguien me puede decir feliz Navidad y quedarse tan pancho. Yo pienso en Ucrania, Gaza y tantos otros lugares, en los que la codicia e inhumanidad de unos muy pocos –que se conocen– hacen a muchos, que no se conocen de nada, matarse para su deleite y suma de posesiones.
Don Emilio Serrano Quesada siempre me manda su felicitación, que hoy reproduzco aquí.
Pues no, yo con este panorama no puedo ser tan cretino de ser feliz en estos días, por mucho que me lo repitan.
Pero me acerco a esta España del alma en la que nada pasa. Han muerto más de 200 personas en Valencia porque parece ser que un fulano no cumplió y no avisó a nadie. Ahora anda azorrado, con disimulo, echando la culpa a otro que pasaba por ahí y dando obras millonarias a sus amigotes condenados por corruptos, y otros que andan de juzgados por el mismo delito.
Cómo puedo ser feliz, si sé que a más de 7.000 infelices ancianos que AYUDARON DURAMENTE A LEVANTAR ESTE PAÍS, les dejaron morir como perros, solos y encima ningún juez togado quiere juzgar tal tropelía.
Por eso a mí en estos días no puedo estar feliz, entre otras cosas, porque sé que millones de niños no van a poder comer, ni cenar y otros decenas de miles ven cómo les mataron a toda su familia en Gaza.
Menos mal que dicen que es Tierra Santa.
Pero ya puestos, es que ahora con los teléfonos de marras, te bombardean con chorradas de felicitarte, uno con una foto, otro con diferentes sandeces que ofenden.
Y cuál es el motivo de todas estas reflexiones:
Pues cuando estos chismes telefónicos móviles no existían, muchos mandábamos postales, que las podías comprar para ayudar a UNICEF (así al menos ponías disposición para que otros fueran felices) y, con tu puño y letra, dedicabas unos minutos a la gente que querías.
Este año –como todos los anteriores– solo recibo UNA felicitación navideña de un señor que se viste por los pies. Y encima es un gran señor, que en mis comienzos me ayudó muchísimo.
Don Emilio Serrano Quesada siempre me manda su felicitación, que hoy reproduzco aquí.
«Si se quiere ser feliz, no destines tus esfuerzos para infligir dolor a los demás».
De lo de Asturias, que según dicen vamos a la cola de todos los males de España, no escribo ¿Pa qué?
Ahí les dejo el titular:
«Asturias, la comunidad que menos se ha recuperado tras las dos últimas crisis».
¿Sabe amadísimo parroquiano, cuándo fui feliz este año y mucho?
Cuando vi que Asturias está en los puestos más destacados en la asignatura de matemáticas y en la red pública sanitaria.
Y en esta recuerdo a un fartón –rey del pincho de tortilla de patata– que ya no está aquí, pero mandaba para que esto que hoy vemos fuera posible.
Era un hombre de peso, que tenía las ideas muy claras. Pa mí que murió defendiendo su honestidad, lleno de papeles y mil historias más, que seguramente demostraban que nun era tan malucu.
No me olvido de él, pero no lo cito, que igual a otros les da envidia.
Siempre que lo recuerdo, me viene a la cabeza un gran café que se hace en la villa de Tineo. En mi juventud tenía un gran eslogan publicitario que decía:
«Una y mil veces, cafés Areces».