Opinión

"Habremus Papa"

Cuando usted lea esto, amable parroquiano, seguiremos sin Papa, de ahí el titular. El cónclave no se reúne hasta el próximo día 7. A Papa muerto, Papa puesto. El Papa es el rey de la Iglesia, luego cumple la regla. Pero hoy quiero escribir de lo que yo pienso de todo este barullo papal que mueve un muy suculento negocio.

El primer dato que me viene a la cabeza ¬a raíz de los fastos papales – es que estos señores de la curia son singulares. Su organización tiene unos 406.000 empleados (curas, sacerdotes) y luego, como toda organización empresarial, tiene cargos más ejecutivos.

El CEO de la empresa eclesial católica, un hombre de fe, religión y que nos quiso dar ejemplo, dijo que él no cobraba un euro. «A mí me dan comida, cama, luz, así que para qué quiero dinero», dijo Bergoglio en una entrevista. Quizás por eso los neoliberales, que en nada creen –salvo en el vil metal– cobran y vaya si cobran. Un cardenal de los del Vaticano está en unos 120.000 euros anuales libres de impuestos. Los que no trabajan en el Vaticano, unos 60.000 euros al año, libres de impuestos.

Pa entendenos mejor: el de los 120.000 euros al año, si le cobraran impuestos, con 60.000 iría que chutaba. Así que entérense de una vez, cobran el doble que cualquier empleado de una empresa. El Papa, que fue sin duda el que más ejemplo dio y más hizo, podría cobrar como CEO de la empresa tranquilamente más de 1 millón de euros al año.

Veamos:

Cuando accede al puesto tiene más de 70 años de experiencia, habla correctamente español; italiano; inglés, alemán y otras lenguas con menor fluidez. Era químico, licenciado en Letras y mil cosas más. Además, dirigía una multinacional con más de 400.000 empleados que da pingües beneficios. Y cuidadín, que hay cardenales que los metieron en la trena por ladrones y otros por ser “raritos”; haciendo todo tipo de animaladas con niños, a los que les jorobaron la vida para siempre.

Pero vuelvo al CEO. No hay multinacional con unas instalaciones centrales, el Vaticano, de tanto valor. Es más, su sede es un país; como si fuera lo de Silicon Valley, pero a lo grande. La empresa de los curas tiene la Ciudad del Vaticano, con su Banca Vaticana, también rarita, pero que va en consonancia con sus empleados jefones.

Cuando el pobre Papa hoy ya muerto se encontró con un desastre en las arcas de la empresa Válgame Dios. Según diversas fuentes, para mí muy fiables, los millones desaparecían por miles. Caramba, ya que estamos en temas de la curia, amadísimo parroquiano, cierro este capítulo epistolar con algunas cosas que enumero:

1º.- La edad media de este año para ser el CEO de la Iglesia es de 72 años. Increíble, como poco eficaz. A esa edad se está en casa jubilado y dando paseos o jugando al escondite.

2º.- El próximo CEO de la empresa, es decir el nuevo Papa, lo eligen menos de 200 cardenales, que muchos ni se conocen. Pero lo que más me llama la atención, es que se hacen quinielas y apuestas sobre quien será el designado para tal puesto. No lo ven que son raritos. La historia nos dice que, si el escogido no les gusta, le dan una pócima y con Dios. Vamos… lo que hace Putin con el que le lleva la contraria y no es sumiso a sus intereses. Su pócima preferida es el polonio. Ta bien.

3º.- Insisto que esta empresa tiene unos empleados muy singulares. Los obreros (curas) cobran el salario mínimo, 1.000 euros, libres de impuestos en 14 pagas, con casa (mira tú que hoy es una carrera de éxito porque tienes ¡¡vivienda!!, que hoy es el principal problema de los españoles). Y no solo eso. No pagan gastos de nada. Como son especiales, se tiran creo que siete años estudiando muchas cosas. Seguramente la gente no se anima al chollu porque, como es empresa rarita, no les dejan tener mujer –eso o del celibato–, aunque la historia esta plagada de hijos de curas.

Qué van a hacer los pobres curas. Ya saben que el hombre, según ellos hecho a imagen y semejanza de Dios, hace pis, caca, come, bebe y hace el amor, en román paladino: jode. Pero estos esa función tan normal e inherente a todo ser humano, la excluyen porque así se dispuso en el año 1022, ya llovió.