Opinión

Políticos cercanos; menos cercanos y desconocidos

La primera pregunta que deberíamos hacernos es:

¿Si dicen que la justicia es igual para todos, por qué 250.000 sujetos tienen una justicia diferente? Quizás el ejemplo más reciente sea el del anterior rey, porque eso de llamarlo Emérito es una incongruencia total, aunque la palabra existe.  Lo del aforamiento pienso que se tuvo que hacer, cuando Franco palmó y se intentaba hacer la “democracia” actual. Las posibilidades de que a un político le cayeran unes “hostiuques” eran muy amplias.

Así, resulta que en España entre políticos, militares, fuerzas de seguridad y un extenso etc., tenemos a 250.000 sujetos con una justicia diferente.

Cantabria, Canarias, Murcia, Baleares y Aragón, fueron coincidentes con la normalidad y no unos aprovechados como el resto de la clá y, por unanimidad, se largaron del selecto club de los aforados. Una vergüenza más de esta democracia singular de España.

CERCANOS, MENOS CERCANOS y DESCONOCIDOS

El más cercano de los políticos es el alcalde, que en los pueblos o villas, incluso de hasta unos 50.000 habitantes, lo paras por la calle, le cuentas tu problema, lo anota, y trata siempre de buscar solución, o casi siempre.

Son esos alcaldes que, en rarísimas ocasiones, se ponen chaqueta y corbata, políticos de verdad.

Ya empezamos a distanciarnos con los diputados autonómicos, entre otras cosas no los conoce ni el tato, salvo a dos o tres que salen en la tele. En Asturias hago una excepción total:

Luis Venta Cueli (PP), un veterinario, metido a político (hay gustos que merecen palos), al que siempre veo en ferias de ganado y cualquier circunstancia ligada al campo. Y ya que estamos también al  consejero de Medio Rural y anterior alcalde de Tineo, Marcelino Marcos, que también es cercano. Ambos cumplen a rajatabla con su obligación. Del resto, una gran mayoría, a cobrar y estar. No son gente que te representan, ni qué maldita falta pensarán ellos.

También los hay que van en busca del  voto perdido. Los devotos –por mí llamados– cuyo ejemplo más destacado es el jefón del PP, Queipo. 

LOS DISTANTES

Empiezan por los alcaldes de urbes grandes y ya no les digo si son de Madrid, Barcelona y plazas similares. El pueblo, por regla general, les importa un comino. Pertenecen a la especie de los estirados y viajan en coche oficial, chófer incluido.

CONGRESO Y SENADO

El Congreso y el Senado son lugares para estar y trabajar lo justo, tirando a menos. Encontrar a un senador (mejor cenador) por la calle preocupándose por cosas de la “plebe”, un milagro, oiga, un milagro.

Su máxima es el INSULTO, que no les da pudor ni vergüenza alguna. Levantan todos a una la mano cuando se lo indica el “manero”, que es el encargado de aleccionar al personal. Importante misión, oiga. 

El insulto al adversario es norma de la casa,  va parejo con no pegar palo al agua  –salvo hacer maldades–. No se olviden que actúan  con total impunidad, que pa eso son aforados. 

Pa mí que con un  “cenador” y un “putado” por provincia sobraba.

Con el pastizal ahorrado de inútiles que ni te saludan, nos da pa pagar el peaje del Huerna a la espera del lento proceder judicial. Ojo, el insulto es el trabajo principal de buena parte de “cenadores y putados”. Eso de conocer los problemas de los ciudadanos (la plebe para ellos), les importa un pito.

Ellos buscan el poder, que conlleva una pasta gansa y que los de su “forofada” lo vean muy bien. A pesar de que los lentos  jueces  –que también son de la clá del aforado– sancionen y multen a tales partidos, que como son aforados, aforrar, lo que se dice aforrar, ni un euro. 

Qué golfos son.