martes. 28.06.2022

Quesu Casín

Quesu Casín

Hace unos días leí en la prensa la noticia de que algunos productores de Quesu casín, preocupados por el tamaño del queso que venden, debían de solicitar a no sé que consejería del Principado, que diese su aprobación para sacar al mercado un queso más pequeño. Pero no sólo eso, sino que después debe ir a la Unión Europea para que lo apruebe o ratifique lo aprobado.

El Quesu casín se elabora, según documentos, desde al menos el siglo XIV, lo que indica que es uno de los quesos más antiguos de España, si no el que más. En estos ocho siglos el queso se elaboró libremente, sin instituciones de por medio (quizás por eso se conservó adecuadamente). Los casinos -también los de Piloña y Sobrescobiu- elaboran su queso a partir leche de vaca casina sin pasteurizar que tiene una forma achatada, con una decoración propia hecha con un molde de madera. La casina es una vaca de monte muy característica por su tamaño, su color roxu, y su cornamenta, fue introducida en Asturias, presumiblemente, durante la entrada de oleadas de pueblos de origen indoeuropeo.

Que el Estado o la Comunidad Autónoma acumulen tanto poder, en contra del derecho del particular, es en mi opinión un error

Pero la cuestión es la siguiente: ¿No sería razonable que fuesen los propios queseros los que decidieran el tamaño del quesu? ¿Por qué tienen que entrometerse en esta cuestión manos públicas? ¿Por qué hay cada vez menos gente en los pueblos y más funcionarios vigilándolos? ¿No tienen derecho ni capacidad los elaboradores de este quesu y de los demás quesos asturianos con denominación de origen, a no echar mano de una reata de funcionarios, que en Asturias se acerca a la enormidad del 20% del total de trabajadores?

¿No debe de haber parcelas acotadas a la iniciativa privada? O lo socializamos todo, con el peligro que ello conlleva. En mi modesta opinión el hecho de que renunciemos a parcelas que durante ocho siglos al menos estuvieron en manos privadas o comunales es un error. Como lo es que se hayan hecho públicos los terrenos de los pueblos que siempre pertenecieron a los vecinos. O que no se puedan eliminar las alimañas que acosan y matan al ganado. O no se pueda tener más de una cierta cantidad de reses, porque en la ciudad y sus remordimientos de conciencia lo impongan, vía funcionarios.

Que el Estado o la Comunidad Autónoma acumulen tanto poder, en contra del derecho del particular, es en mi opinión un error. Todo se controla, todo se gubernamentaliza y, no me parece que esta sea una practica inocente. Lo del Quesu casín es una nimiedad al lado de la cantidad de trámites que en el día a día cedemos, sin darnos cuenta, a los gobiernos, gobierninos y municipios. A sus funcionarios.

Pero, ¿quién paga a los funcionarios? ¿Son un ente abstracto que resuelve con los ingresos del propio Estado? No. Los ingresos públicos se reúnen con dinero privado que se ‘confiscan’ a través del ‘fisco’ (cesto en griego), de los impuestos a los ciudadanos (rae. Impuesto: Tributo que se “exige” a los ciudadanos). O sea, que no son, como todo el mundo sabe, voluntarios, sino exigibles bajo coacción. Lo pagas cuando tomas una caña, comes un pincho, echas gasolina, compras un piso o “regalas” una piruleta a tu hijo. Aquí no se salva nadie.

Quesu Casín
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