Opinión

Incendios, "ecolojetismo" y ganadería

Creo que estos incendios deberían marcar un antes y un después en la gestión del Parque Nacional

Vaya por delante que, ante los incendios, no existen soluciones rápidas y sencillas, ya que nos encontramos frente a un problema complejo. Ahora bien, no está de más analizar las políticas y situaciones que, manifiestamente, no funcionan. Si algo ha evidenciado el fuego es que faltan ganaderos. Hace sesenta años, con el campo lleno de cabezas de ganado menor y mayor, las llamas no habrían alcanzado esta magnitud porque los puertos, praderías y montañas estaban limpios de matorral. «Marije, los hijos de los ganaderos se fueron de los pueblos porque, hace veinte años, trabajaban de lunes a viernes en la construcción y ganaban dos mil euros. No van a volver», defendía el director de este periódico cuando intercambiábamos pareceres sobre la catástrofe. No le falta razón. Pero... ¿los siguen ganando o malviven por mil y pico euros en trabajos temporales, dejándose los cuartos en alquileres e hipotecas inasumibles? ¿Regresarían si la ganadería fuese rentable, se redujese el papeleo y se facilitasen las labores rurales? Porque el principal problema es ese: la rentabilidad y la burocracia que acorrala las explotaciones. Me reitero, la solución no es sencilla pero la inacción, con la que está cayendo, no es una opción. 

Decía la alcaldesa de Ponga, Marta Alonso, que no se vio a los ecologistas arrimando el hombro para luchar contra el fuego.

Para empezar, no cabe en cabeza de nadie que Europa imponga a sus productores unos criterios que no cumplen los países en vías de desarrollo, que llenan nuestros supermercados con carnes hormonadas y verduras hasta arriba de químicos, que rozan la toxicidad. También excede a la razón que se proteja antes a un lobo que a un pastor. Y que los animalistas y ecolojetas no sientan la más mínima empatía por la oveja o la vaca que dejan estos cánidos agonizando con las tripas fuera. 

Esperen, que me remango, porque toca hablar de los ecologistas. No está bien meterlos a todos en el mismo saco. Quienes protegieron el litoral llanisco del atroz urbanismo al que sucumbió la Costa del Sol o Cantabria, sin ir más lejos, merecen todos mis respetos. Luego están los ecolojetas, un lobby que presiona a los gobiernos para que impulsen leyes delirantes que transformaron los montes en gasolineras. ¿Querían biomasa? Ahí la tienen, que disfruten viéndola arder. El problema es que la fiesta de Blas la pagamos los demás: los vecinos, ganaderos y servicios de emergencias que se juegan el tipo combatiendo los incendios y los ciudadanos que pagan la factura a través de sus impuestos. 

Decía la alcaldesa de Ponga, Marta Alonso, que no se vio a los ecologistas arrimando el hombro para luchar contra el fuego. Eso sí, les sobró tiempo para enviar notas de prensa con ataques indirectos a la ganadería. Desde el sofá, claro. Hace falta ser desalmados para pedir, directa o indirectamente, que no se ayude a los guardianes del medio rural, a quienes se están jugando la vida y poniendo su trabajo y sus medios para salvar el monte y, en concreto, el Parque Nacional del Los Picos de Europa. La Coordinadora Ecoloxista pedía que se retiraran las ayudas de la PAC en los terrenos quemados e insistía en que «el monte no arde solo, lo prenden». ¿Quién lo prende? Porque muchos de ellos, la mayoría, se iniciaron por tormentas eléctricas. Quien apunta a los ganaderos es un ignorante de tomo y lomo. Las quemas se producen en primavera, no en verano. Nadie prende fuego al monte en agosto, con los animales en las zonas altas. ¿Por qué persiguen así a los ganaderos? ¿a qué se debe esta inquina? Habrá excepciones, como en todo, pero los ganaderos son gente honesta. Ya está bien, carajo. Quiero, desde aquí, preguntar a estos artistas de la Coordinadora Ecoloxista, cuántos de ellos estuvieron sofocando los incendios, cuántos durmieron en el monte controlando las llamas, cuánto dinero de su bolsillo aportaron para la lucha contra las quemas, cuántas subvenciones cobran, en qué concepto y cómo repercute su actividad en el bienestar de los animales de nuestra cabaña ganadera y en la zona rural. Os agradecemos vuestro trabajo, de verdad. Pero, a mi juicio, estabais mejor en Burundi velando por la reproducción del percebe. Dejad a los ganaderos en paz, que ellos sí son ecologistas y sí protegen nuestra montaña cuando los necesitamos.

Los pueblos de la Tierra de la Reina, nuestros vecinos de León, no ardieron gracias a ellos, la UME, Bomberos de León, Bomberos de Bizkaia, Forestales y vecinos de la zona. Sirvan estas líneas como agradecimiento por su esfuerzo, en especial a Bomberos de León -con efectivos que trabajaron sin apenas descanso durante 72 horas- y por dedicación para salvar la tierra que mi abuelo pastoreó y mis antepasados moldearon con sus manos durante siglos. Extiendo el agradecimiento al operativo asturiano, por supuesto. 

Hablemos ahora, querido lector, de los animalistOs. ¿Dónde cree que estaban mientras ardían Los Picos de Europa?Pues en Gijón, celebrando una manifestación antitaurina. ¡Viva el animalismo de ciudad! Como todo el mundo sabe, Asturias es tierra de toros. Se maltratan a capotazos todos los días en la dehesa del Campo San Francisco. Por cierto, mientras redacto este artículo, recibimos un email de Ecoloxistes n´Aicion pidiendo que se suspenda la actividad cinegética en los concejos afectados, incluyendo los controles al lobo, piden acotaciones al pastoreo (igual pretenden que las vacas coman ceniza) y no sé cuántes babayaes más. Otro correo del Partido Animalista llega a la redacción denunciando el sorteo «ilegal» de una potra en las fiestas de Páramo-Teverga. Santina, dame paciencia. 

Mención aparte merece la respuesta de los gestores del Parque Nacional de los Picos de Europa. Corre el rumor de que se impidió cargar agua en Los Lagos. Llevo días esperando por una nota de prensa aclaratoria por parte de los responsables del espacio protegido. Creo que estos incendios deberían marcar un antes y un después en la gestión del Parque. Esas políticas restrictivas hacia el mantenimiento de la zona por parte de los pastores no funcionan. Si las prohibiciones continúan, los alcaldes deberían mover ficha. No es nada nuevo, Onís planteó hace años abandonar el parque. Su alcalde, José Manuel Abeledo, es más listo que el hambre y ya las veía venir. El Parque Nacional es un reclamo turístico, principalmente para Cangas de Onís, pero si permite políticas que favorezcan la devastación de los incendios... ¿para qué sirve? Porque los turistas no vienen a ver cotolles y ceniza, ni los vecinos (incluso los empresarios turísticos) deben estar muy felices con que las llamas puedan alcanzar Covadonga o el Puente Romano.

Sobre la respuesta política, cabe destacar la actuación de alcaldes, concejales y el consejero de Movilidad, Medio Ambiente y Gestión de Emergencias, Alejandro Calvo, que estuvo hasta en la sopa prácticamente desde el principio. El resto, forman parte del problema. Por cierto, fuerte aplauso al regidor de Valdeón, Felipe Campo. Según confesaba en una entrevista a EL FIELATO, «El lunes, la Guardia Civil comenzó a multar a quienes venían a ayudar porque se había dado orden de evacuación», contaba, «así que me tocó llamar para solucionarlo, porque necesitábamos esa ayuda, y lo pude arreglar». Y a los animalistOs, ecolojetas y sus acólitos, que comenzarán el troleo en redes sociales tras la publicación de este artículo, les envío una cariñosa peineta.