Opinión

En la cola y a la cola

Haz tres veranos que no escribo una línea porque bastante escriben los otros y supongo que tampocu eché en falta contar nada nuevu. No se preocupen que hoy no escribo nada original pero como me estoy haciendo vieya a golpe de calendariu, esti veranu está siendo una fuente inagotable de enseñances, que diría un cultu.

Ya íbamos guapos de xente los veranos pasaos, pero esti acabamos desquiciaos, porque con la ola de calor y los cierres de lagos y senderos, en Cangues pasé 15 días en la cola, la de los coches, la de la farmacia, la de la carnicería, la de la confitería, la del ríu, la cola de la caja del supermercado... Medies vacaciones se ti van en la cola de cualquier sitiu, que dices pa qué venir de tan lejos pa perder el tiempu de plantón en una fila. Debe de haber un estudiu sociológicu que se pierde sobre la espera...

De nada o de muy poco sirve tratar patologías del cuerpo si no se cuida la cabeza, cuando entran o entramos en agudos o paliativos ya no hay enmienda posible

En fin tampocu era de eso de lo que quería hablar si no de otra cosa que me preocupa bastante. Por edad estoy en esa época en la que la logística alrededor de los parientes se hace necesaria, imprescindible, ahora que se prolonga la vida de la gente hasta extremos que rozan lo inhumano, como si morirse fuera une desgracia que hay que evitar hasta la indecencia.

Pues eso, que en un par de desayunos voy a llegar a los 65 y, cuando miro la oferta médica de la zona, ya mi da gana de morrime ahora mismu.

Estamos en la comunidad autónoma con mayor envejecimientu de España. Con una media de edad que roza los 50 años, ósea yogures.

En el Oriente somos tovía más vieyos. Alrededor del 30% de la población tien más de 65 años, yogur ya no, cuayaes supongo.

No hay bastantes residencies geriátriques y la ayuda a domicilio, que se basa mayormente en cambiar pañales y asear, tampocu es una oferta de empleu atractiva. Ya me imagino por qué.

Bien, y entonces, pues… madera pa peonces.  Ante semejante panorama tú te dices a lo fatu que debe de haber un servicio de geriatras en el Hospital del Oriente y en los centros de atención primaria en plan armada, una batallón pa tratar lo que ya está y preparar lo que venga. Porque en el casu de patologíes múltiples hay que consultar al geriatra a partir de los 65 años. De nada o de muy poco sirve tratar patologías del cuerpo si no se cuida la cabeza, cuando entran o entramos en agudos o paliativos ya no hay enmienda posible. Cuando se nos aparca en “residencias geriátricas”, que se llaman así porque están llenes de vieyos a los que yos da papilla a cucharaes, ya no hay nada que hacer. ¿Si necesitas un seguimiento en Parres o en Cabrales quién te va a llevar al Monte Naranco o al HUCA? Qué más da que ti den vez pa hacer mamografíes, prevenir cánceres de colon y de próstata si ya no sabes dónde se sitúan semejantes órganos.

Pa mí ya será tarde, pero como no nos maten a josoriazos (que tamién e solución) va a haber que organizar la atención sanitaria más allá de la pediatría y les epidemies de gripe, que eso cualquier médicu de cabecera lo soluciona, pero el esparagüele del cerebru son palabres mayores.

Nos volvemos dependientes muy pronto por miles de razones, pero también porque no hay ningún seguimiento que nos impida serlo. Y que solo hay oferta de acompañar, que yo saludo y agradezco, pero que no puede ni debe ser la única solución.

Supongo que dará más lustre ocupase del estómagu, o de la cadera, o de la vista, pero muchas de las dificultades y agravamientos que se achacan a la edad se superarían con un seguimiento geriátrico de calidad. No hay enfermedades degenerativas espontáneas, entonces ¿cómo puede ser que descubramos todos los días que se nos fue la olla más allá del fregaderu? Debería haber suficientes consultas abiertas en geriatría, con calendario de seguimiento y dar la medicación adecuada y no la misma que haz 20 años que ya no valía pa gran cosa de aquella y ahora menos, salvo pa enriquecer al laboratorio que la fabrica.

Además, siendo cínicos, la medicina geriátrica es muy agradecida. En general los pacientes son favorables a la experimentación, los efectos secundarios a medio plazo no tienen consecuencias más graves que la vida misma, y hay pocas posibilidades de que se cree una adicción a los tratamientos, pocos vieyos veo yo reclamando “otalidones” con el mono puestu… En fin, que son/seremos unos pacientes conformistas y con un campu de exploración sin límites.

Pa mí ya será tarde, pero como no nos maten a josoriazos (que tamién e solución) va a haber que organizar la atención sanitaria más allá de la pediatría y les epidemies de gripe, que eso cualquier médicu de cabecera lo soluciona, pero el esparagüele del cerebru son palabres mayores.