sábado. 26.11.2022

La batalla que nunca existió

Esta mañana me he levantado un tanto provocador y me apetece poner patas arriba algunos de los mitos del covadonguismo y de la existencia de la batalla donde Pelayo expulsó a los musulmanes, que según algunos historiadores nunca se dio, sino que fue una especie de trifulca entre unos cuantos astures y algunos pocos invasores, pero que sentó las bases de la épica y del mito del creador de la monarquía asturiana y el posterior desarrollo de la Reconquista.

Tu no eres ningún provocador, sino un verdadero faltosu, me responde el sector crítico de mi yo, que lo único que pretende es epatar para que hablen de ti y que te hagan la ola los cuatro antisistemas que en Asturias han sido y serán porque tienes más vanidad que otra cosa y te gustaría pasar a la historia como un verdadero descubridor de supuestas patrañas.

Me da la impresión ahora de que a poca gente (y menos a los asturianos de pura cepa) le importa si la batalla de Covadonga existió o no

Sea una cosa u otra, es decir, sea verdad la historia de Pelayo y la batalla de Covadonga o sea solo una ficción bien montada para cimentar el tótem de que Asturias es España y aquí empezó el rechazo a la expansión de Al-Ándalus por el total del territorio español, lo cierto es que esa teoría triunfó y se hizo popular y ahora vaya usted a decir a los asturianos que admiran a los que defendieron en las montañas de los Picos de Europa la civilización de los astures.

Más que las razones por las que triunfó el mito de Pelayo, que podrían encontrarse en intereses políticos de los reyes de la Monarquía asturiana, lo que parece que interesa a los historiadores son las consecuencias de aquella supuesta batalla y el hecho de que Asturias se convirtiera en un baluarte en favor de los reinos visigodos y en contra de la expansión de los musulmanes.

Me da la impresión ahora de que a poca gente (y menos a los asturianos de pura cepa) le importa si la batalla de Covadonga existió o no. Vivimos cómodamente en el mito y hasta cierto punto, trastocar las creencias de nuestros paisanos podría originar una absoluta depresión en las mentes de los que consideran que la Historia se ha portado bien con los descendientes del rey Pelayo, sin contar con que la leyenda se superpone con las biografías del moro Munuza y la visigoda Adosinda.

Hasta tal punto ha calado en nuestra identidad como asturianos esta historia que desde otras latitudes se han puesto a la venta libros que ponen de relieve que Pelayo es un héroe para el imaginario español. ‘Pelaius rex’, de Carlos Lens y ‘Pelayo’ de José Ángel Mañas se convierten, a través de sus biografías, en unos casos noveladas, en  la continuidad del mito, que tan buenos réditos ha dado. Si en vez de en las montañas de Covadonga, la historia trascurriera en las Montañas Rocosas norteamericanas, ya se hubieran hecho docenas de películas y el Braveheart escocés quedaría relegado a un tercer plano si Mel Gibson interpretara al vencedor de la batalla de Covadonga.

Os contaré que se me ocurrió todo este desparrame después de presenciar la exposición organizada por el Principado sobre los 1.300 años de la batalla de Covadonga y de comentar con varios amigos las supuestas mixtificaciones históricas esta leyenda, tan querida para los asturianos y tan interesante para el conocimiento de nuestro pasado. Pero he comprobado que a muchos de nosotros les trae al pairo si Covadonga fue un mito o realidad y que es un elemento fundamental para la identidad de todos nosotros. Fijaros si no en los habitantes de Roma que están convencidos de que la ciudad fue creada por Rómulo y Remo amamantados por una loba. Como para fiarse.

La batalla que nunca existió
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