Ha sido casi como un trabajo de orfebrería trenzado con paciencia para conseguir que no se olvide la figura de Gaspar García Laviana, el cura guerrillero que dejó la sotana y el breviario y lo cambió por el fusil revolucionario cuando se topó con la tozuda injusticia social de la dictadura somocista. Y, al final, esa labor sin pausa ante las autoridades regionales consiguió su propósito: el nombramiento de este asturiano nacido en San Martín del Rey Aurelio como hijo predilecto del concejo donde dio sus primeros pasos.
Gaspar García Laviana murió en una emboscada somocista el 11 de diciembre de 1978 sin poder ver la derrota de la dictadura, pero consiguió que su figura fuera enaltecida, no solo en Nicaragua, sino en su Asturias natal.
Y de esta forma, los responsables de las distintas organizaciones que llevan el nombre de Gaspar García Laviana y que luchan por mantener vivo el recuerdo de aquel cura que se rebeló contra la pobreza y contra la maldad en nombre de Dios, seguirán peleándose porque en Langreo, donde vivió muchos años, se le designe como hijo adoptivo y para que el Gobierno de Asturias también le distinga con alguna de sus medallas o el título que buenamente quiera el Ejecutivo regional. Y, aunque parece menor pero es importante, que el ayuntamiento de Gijón arregle y rectifique la plaza que recuerda a Gaspar García Laviana en la calle que lleva su nombre.
Era fiesta en San Martín, precisamente el santo de quien lleva el nombre del municipio, y las calles del concejo estaban alegres y animadas, pero, sobre todo, los sacerdotes, civiles y mujeres que prendieron la llama de la evocación del cura guerrillero llevaban consigo la satisfacción del trabajo bien hecho y del logro alcanzado. San Martín del Rey Aurelio otorgaba el galardón, por unanimidad de todos los grupos políticos, de título de hijo predilecto.
Gaspar García Laviana murió en una emboscada somocista el 11 de diciembre de 1978 sin poder ver la derrota de la dictadura, pero consiguió que su figura fuera enaltecida, no solo en Nicaragua, sino en su Asturias natal, donde durante aquellos años se le tuvo como un mártir de la justicia y un ejemplo de compromiso con los más necesitados de la tierra. No es casualidad que uno de sus nombres de guerra fuera el de comandante Martín, como homenaje al concejo que le vio nacer.
Es cierto que, a veces, el tiempo borra la memoria de los héroes, pero los impulsores del homenaje que se le quiso dar a García Laviana lograron resucitarlo del letargo que da el paso de los años y han vuelto a conseguir que su nombre figure en la alcordanza de quienes fueron sus compatriotas. Como reza uno de los eslóganes que van siempre con estas asociaciones: “Gaspar vive, la lucha continúa”.
Habrá que felicitar a los grupos municipales de San Martín del Rey Aurelio por la distinción, con su alcalde a la cabeza: Habrá que darle las gracias a las asociaciones que impulsaron este nombramiento por su labor continuada y habrá que congratularse con la familia del cura, por haber sido tan generosos con Asturias y cederles la figura de García Laviana para ejemplo de solidaridad. Y nosotros, como asturianos, tenemos que sentirnos orgullosos de nuestro cura predilecto y de que su figura no haya caído en el desapego ni en la ingratitud.