Opinión

El entierro que se festejo escanciando sidra

Pasó de haber sido arrojado a una cuneta a ser enterrado con honores en un lugar destacado del cementerio de Grado, de donde fue alcalde en tiempos de la República y que los habitantes de su concejo festejaron su descanso eterno con unas cuantas botellas de sidra, escanciadas entre sus familiares, amigos e historiadores, como punto final de un tributo que ya era fundamental celebrar.

Creo que ya escribí alguna vez de la historia del alcalde Barredo, militante de Izquierda Republicana, y de su hermano Oscar, que defendieron la legitimidad del régimen tricolor cuando los facciosos se alzaron en armas en julio de 1936. Carlos, el alcalde, llegó incluso a reclamar responsabilidades a los sublevados, pero acabó fusilado y enterrado en una cuneta, al igual que su hermano, también represaliado en aquellas fechas.

Pero su cadáver y el de Carlos no quedaron en la fosa excavada por sus asesinos, porque, sabedores del lugar en que se encontraban, amigos y familiares, los trasladaron en secreto al panteón familiar y allí se encontraban, aunque de manera clandestina, porque en aquellos tiempos no estaban los deudos de los Barredo para bromas si se descubría la historia.

Pero ahora los restos mortales de Carlos y Oscar reposan definitivamente en el panteón familiar, pero lo hacen con todos los honores y los aplausos de sus conciudadanos, los herederos de los viejos republicanos y dos de sus sobrinas. En un acto emotivo y lleno de justicia reparadora y la presencia de muchas personas, enarbolando banderas republicanas y la presencia de su sucesor, José Luis Trabanco, y de uno de los investigadores sobre la memoria histórica en Grado y también exalcalde, Pepe Sierra.

Al término de la ceremonia y de los discursos conmemorativos y elogiosos sobre la figura de los hermanos Barredo, las autoridades invitaron a los presentes a sidra, lo que fue motivo de alegría por parte de los asistentes a los la que bebida asturiana les recordó que hubo un alcalde que defendió la verdad y la legalidad frente a los impostores que deshonraron a España.

No veo forma mejor de celebrar la rehabilitación política y moral de dos defensores de la justicia como los hermanos Barredo, ya que pone en valor la responsabilidad democrática y repara el daño causado, no solo a su familia, sino también a todos los que en su día le votaron y los que siguen el legado republicano que los Barredo han guardado de manera ejemplar. Ah, y la sidra estaba buenísima.