Opinión

En el infierno fiscal se está muy calentito

 En las abundantes declaraciones hiperbólicas que caracterizan a la derecha asturiana, uno de los demonios del Partido Popular son los impuestos, sin los que ellos vivirían muy bien, aunque a la par exigen que la administración pongan perras para infraestructuras, tanques y armas de destrucción masiva y, sobre todo, universidades privadas y colegios concertados al máximo. Si no les hacen caso, amenazan con manifestaciones y todas las plagas de Egipto.

El desprecio por la tributación llega a tal extremo que la derecha asturiana califica la contribución ciudadana con la sociedad como un infierno fiscal, aunque dadas sus argucias jurídicas y contables, apenas sacan dinero de sus bolsillos para colaborar en la mejora de la situación en España y de la inversión en carreteras, sanidad o independencia. En realidad, en el infierno fiscal ellos están muy calentitos.

Lo que no tiene un pase es exigir que te bajen los impuestos y, a la vez, que se inviertan unos cuantos millones en diversas obras de infraestructuras.

El nuevo presidente del Partido Popular en Asturias, Álvaro Queipo, que se ha empoderado de tal manera en el cargo que cada vez que hace declaraciones (la mayoría altisonantes) cree que el mundo le debe un homenaje, ya que copia descaradamente la estrategia política de los sectores más belicistas y polarizadores del partido en el que milita. Y así lo ha puesto en evidencia con su propuesta sobre los impuestos.

Os pongo en contexto. El Gobierno asturiano ha planteado la necesidad de rebajar el porcentaje de contribución fiscal de los que menos ganan y han derivado esa falta de dinero a las economías más pudientes y a los que más cobran en el Impuesto de Rendimiento de las Personas Físicas, que hasta la fecha descompensaban su solidaridad tributaria con otras capas de la sociedad.

No voy a discutir si la propuesta del Gobierno asturiano de rebajar la cotización a los tramos más bajos del IRPF es adecuada a o no, aunque yo soy de los que dice que contribuir a Hacienda debe hacerlo todo el mundo, incluso los que solo cobran el salario mínimo (en porcentajes razonables, entendedme), pero sí me parece que el incremento a los tramos más altos podría ser algo mayor, como sucede en muchos países europeos, que gracias a esta tributación pueden afrontar importantes gastos.

Pues a Queipo y sus mariachis no les ha gustado nada, pero barrunto que más que la rebaja a los que menos cobran (que en realidad se la sopla) lo que disgusta al máximo responsable del Partido Popular en Asturias es que se ponga más alto el listón fiscal de los que más perciben y aprovecha para endilgarnos el mantra de que hay que bajar los impuestos y el mejor lugar para el dinero es el bolsillo de los ciudadanos.

Y es a partir de esa premisa cuando los conservadores asturianos abominan de la política tributaria del Gobierno regional y animan al equipo de Adrián Barbón a seguir los ejemplos de Madrid, Andalucía, Galicia y otras comunidades gobernadas por el Partido Popular en las que los más adinerados no pasan por la ventanilla de Hacienda ni a punta de navaja. Y hace suyas afirmaciones exageradas sobre lo que es esta región, que tilda de infierno fiscal y la más confiscatoria de España. El bueno de Queipo debería comparar, antes de soltar sus mítines, la política tributaria española con la de otras naciones adelantadas de Europa e, incluso, con Estados Unidos, antes de la llegada de Donald Trump.

Lo que no tiene un pase es exigir que te bajen los impuestos y, a la vez, que se inviertan unos cuantos millones en diversas obras de infraestructuras. Lo mejor en estos casos es predicar con la coherencia. Es legítimo reclamar que no haya impuestos pero no tiene mucho sentido que, a la par, se gaste más en mejorar la situación de los cuerpos y fuerzas de la Seguridad del Estado o en financiar actividades eclesiásticas con el dinero de todos y que la Iglesia no pone. Así estaremos todos muy calentitos en el infierno fiscal.