miércoles 19/1/22

Orgullo negro

Semana Negra de Gijón

Deben de estar mesándose los cabellos o blasfemando por lo bajini los enemigos irreconciliables de la Semana Negra al enterarse de que el certamen gijonés que dura diez días y que lleva más de 30 años haciendo disfrutar el mes de julio a asturianos y visitantes ha recibido la medalla de oro de Bellas Artes, lo que supone un varapalo enorme para los que entienden que es una fiesta de caballitos y bocatas, restándole importancia a las actividades literarias y a la asistencia de escritores de primera categoría que se confunden con el recinto.

Posiblemente crean los detractores de la Semana Negra que existe una confrontación real entre la cultura elitista y la cultura popular

Yo entiendo que a los adversarios de la Semana Negra les duela este reconocimiento de las altas instancias culturales del país, pero nunca comprendí esta tirria al festival, ya que lleva el nombre de Gijón y de Asturias por toda España y por muchos países del globo terráqueo. Es una forma irracional de demostrar el paletismo de quienes entienden que la cultura de masas es de perroflautas y rojos extravagantes. Ellos prefieren la cultura de élite y no comprenden la otra.

Posiblemente crean los detractores de la Semana Negra que existe una confrontación real entre la cultura elitista y la cultura popular. Y no es así. Uno puede ser un amante de la ópera y disfrutar del Don Carlos, de Verdi con la misma intensidad que se asiste a un coloquio entre Lorenzo Silva y cualquier otro autor de nuestra adorada novela de género. Salvo que a alguno no le guste la lectura, lo que es supuestamente respetable, pero no debe imponer su gusto a los demás. Mismamente, yo, que me las doy de cosmopolita, deploro determinada música de jazz, que a la mayoría de los melómanos que conozco le sabe a gloria. Y, lógicamente, disfrutan con ella.

Yo estoy convencido de que la mayoría de los gijoneses y muchos asturianos están orgullosos del éxito de la Semana Negra y deploran los tiquismiquis y pequeñas putaditas que los concejales de nuestra derecha local le hacen continuamente

Lo que no termino de entender es que se reste mérito a que Gijón sea el escenario de un certamen que le da calidad a la ciudad, dinero a la hostelería y al sector servicios y un barniz cultural al personal que, entre chupito y chupito puede distraerse oyendo a Petros Markaris explicar su última novela y su vinculación con la situación griega.

Hay que tener en cuenta, además, que la Semana Negra tenía su origen inicial en Barcelona, hasta que el entonces alcalde de Gijón, Vicente Álvarez Areces, y el gurú de la comunicación de la vera del Piles, Juan Cueto, convencieron a Paco Ignacio Taibo para que probara a asentarla en Gijón. Y robaron la ubicación a la capital catalana y convirtieron El Musel, primer escenario de la Semana Negra, en un plató extraordinario con ambiente policial y gentes de todo tipo caminando por sus calles adaptadas al entorno portuario.

Yo estoy convencido de que la mayoría de los gijoneses y muchos asturianos están orgullosos del éxito de la Semana Negra y deploran los tiquismiquis y pequeñas putaditas que los concejales de nuestra derecha local le hacen continuamente a lo que es ya un éxito de 30 años con redoble internacional. Y cuando terminen de mesarse los cabellos y de blasfemar por lo bajini, a PP, Ciudadanos y Vox habría que preguntarles, sin actitud, pero ¿porque sois tan catetos?

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