Opinión

Que tengas un buen vuelo

La codicia del propietario de Ryanair es tan enorme que, si no le ayudan las administraciones públicas a sostener su negocio, se va con la música a otra parte y deja de mantener una línea de bajo coste porque, en realidad, su objetivo es que el coste sea más elevado de lo que anuncian las ofertas publicitarias con las que se ha hecho un nombre y un mundo, en el ámbito de la aviación.

El irlandés que tiene las mayores acciones de la empresa aeronáutica se ha encontrado de bruces con la realidad del Gobierno de la nación y de los intereses de los consumidores que defiende el ministro de Derechos Sociales. Como no le han permitido su caprichito de cobrar de más por las maletas de viaje, ha decidido restringir vuelos y ha eliminado al aeropuerto de Asturias del origen y del destino.

No solo el Gobierno le ha frenado su intención de cobrar las maletas, que es lo que plantea la Unión Europea, sino que Pablo Bustinduy, el titular del departamento, le ha calzado una multa suficientemente persuasiva para que deje de trocear el billete de sus clientes y el irlandés en jefe ha respondido con una salva de insultos e improperios para mostrar su enfado por la sanción.

Es curioso que los que dicen que los impuestos son una especie de chantaje a los que tienen dinero sean los que más defienden las excentricidades de Michael O’ Leary, que así se llama el mandamás de la compañía; y han exigido a las administraciones publicas asturianas que hagan lo posible porque Ryanair vuelva a volar desde Asturias y hasta Asturias para satisfacer sus deseos.

No prometen colaborar económicamente con el esfuerzo de los poderes públicos para que la compañía vuelva, como no podía ser de otra manera, y el personal les pregunta si creen que, sin el tributo de los españoles, y sobre todo de los más poseen, se puede convencer a Ryanair para que rectifique y asiente sus aviones en Asturias como si no hubiera pasado nada.

Lo bueno que tiene la libre competencia (algo sí tiene, queridos) es que a rey muerto, rey puesto y hay más empresas de bajo coste en  el negocio de la aviación comercial que estarían dispuestas a operar desde nuestro aeropuerto, cumpliendo las directrices emanadas de la Unión Europea y parece que Volotea podría cubrir las líneas abandonadas por la compañía irlandesa.

Porque una cosa es hacer negocio y tener beneficios y otra, muy diferente, sacarle partido de manera un tanto irregular a los billetes y las maletas de los viajeros. Y si no se miden los riesgos que entrañan esta estrategia, puede uno encontrarse con la horma de su zapato, en forma de ministro de Derechos Sociales. Solo nos queda entonces, dedicarle a Ryanair los mejores deseos de que tenga un buen vuelo.