lunes. 08.08.2022

A la R le faltan las ideas

Cuando a mediados de los pasados años cuarenta, se creó el Instituto de Estudios Asturianos se le quiso robustecer con un acrónimo que contuviera la palabra idea, con el propósito de que ese vocablo tuviera la fuerza suficiente como para fomentar todas aquellos conceptos que supusieran el desarrollo de propuestas e iniciativas que mejoren el corpus intelectual y cultural de la región.

Una de las consecuencias del éxito de los premios que llevan el nombre del heredero/a de las Corona es que a las élites sociales de nuestra región que tenía ya el título de Principado, le parecía muy pertinente monarquizar (y perdón por el palabro) todas aquellas cuestiones relacionadas con los organismos de esta patria querida

Así fue durante toda la dictadura, con sus bajadas y sus alzas, pero con un objetivo claro, que potenció aún más el Gobierno del Principado cuando se convirtió en comunidad autónoma, y creo recordar que por  iniciativa de Pedro de Silva y su por entonces consejero de Cultura, Manuel Fernández de la Cera, como soporte ideológico del nuevo estado cuasi federal.

Sin embargo, el acrónimo se fue al garete cuando en los años noventa algunos  prohombres de la región propusieron convertir el Instituto de Estudios Asturianos en Real Instituto de Estudios Asturias bajo las siglas de Ridea, que tiene el mismo prefijo que ridículo, porque en el año 1992 que fue cuando se perpetró el ennoblecimiento de la institución proliferaban las distinciones reales como si se tratara de los de vellón.

Igual piso algún callo con esto que os voy a escribir, pero me da la impresión de que el Ridea languidece en la realidad política y cultural de Asturias y sus objetivos se limitan a conferencias de poco fuste

Una de las consecuencias del éxito de los premios que llevan el nombre del heredero/a de las Corona es que a las élites sociales de nuestra región que tenía ya el título de Principado, le parecía muy pertinente monarquizar (y perdón por el palabro) todas aquellas cuestiones relacionadas con los organismos de esta patria querida. Y los cortesanos consiguieron ponerle una r a la izquierda de la idea, pero no lograron con la nueva denominación potenciar los objetivos culturales y políticos de este instituto.

Igual piso algún callo con esto que os voy a escribir, pero me da la impresión de que el Ridea languidece en la realidad política y cultural de Asturias y sus objetivos se limitan a conferencias de poco fuste  y a aburridos ciclos en los que sobresale más el aspecto social de los antiguos casinos del siglo XIX, en el que los próceres de la intelectualidad se reúnen de vez en cuando para darse lustre en un Oviedo que, como en la novela de Clarín solo se dedica a dormir la siesta.

Lo siento por la necesaria vidilla intelectual que debería tener el citado real instituto y también por su director, Ramón Rodríguez. que fue bastantes años director de la biblioteca de la Universidad con una interesante y prolongada actividad cultural, pero me temo muy mucho que el bicho se le ha escapado de las manos y ha derivado hacia posiciones muy conservadoras y provincianas para el presente siglo. En los últimos tiempos ha puesto en marcha un ciclo sobre la oficialidad del asturiano que ha servido más que como debate, como ariete contra el desarrollo de la llingua.

En definitiva que a la R le faltan las ideas  y yo no sé si la causa es su condición de real o que precisa un revolcón de sus dirigentes y patronos para que cumpla con el cometido que le fue impuesto y que parece conveniente desarrollar mucho más en estos tiempos en los que sociedad anda aturdida por el estado de confusión que vive este país y que necesita que le silencien el ruido que produce para que el debate sereno forje alguna IDEA mucho más precisa para los intereses de Asturias. Le va la vida en ello.   

A la R le faltan las ideas
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