Opinión

El seguro de la basura

Hace relativamente poco tiempo, un aviso del banco me anunció que una cuenta que tengo para el pago de recibos y otros menesteres, estaba en números rojos y me di cuenta de que se me había olvidado por completo una transacción que había hecho y que tendría que pasar por esa cuenta en la fecha en la que me advirtió la sucursal. Total, que ingresé el dinero y tuve que hacer frente a la nada exigua cuota por no disponer de efectivo y que adelgazó también mis magros ahorros.

Cuento esta experiencia personal como antecedente de lo que puede pasar por un olvido, que es, más o menos, lo que sucedió en la empresa pública asturiana Cogersa, que se encarga de gestionar y controlar los residuos urbanos y rurales de bastantes municipios y que parece que se le fue el tiempo de pagar el seguro de las basuras, después de que se produjera en sus instalaciones un importante incendio, que el citado seguro debería hacer frente.

El impago del seguro, que se convirtió en un tira y afloja en busca de culpables entre los diferentes dirigentes y grupos políticos de la comunidad autónoma y que llegó hasta el punto de que se reclamaron dimisiones y exigencias de responsabilidades en el marco de una crispación que, personalmente, me pareció un tanto exagerada para los motivos de la crisis.

A lo mejor, y no es más que una suposición, el asunto se limita a un olvido, como el que me sucedió a mí y, antes de crear un conflicto regional que inunde las páginas de los periódicos, podría solventarse con el pago de una multa o una sanción más o menos razonable y volver a encargar el susodicho seguro a la empresa que hasta entonces se había encargado de ello.

Puede que también yo crea que todo el mundo tiene la posibilidad de resarcir su error olvidadizo, y aquí paz y después gloria, y es distinto un personaje privado que toda una empresa autonómica que vive de llevar adelante un servicio público para lo que se precisa de todos los impuestos de los asturianos, pero que la cuestión es más seria que toda una confusión de la memoria.

Sea una cosa u otra, lo cierto es que en los últimos tiempos henos asistido a una polarización extrema por un “quítame allá esas pajas” y, lo que en circunstancias normales se zanja con un acuerdo que da por solventado el motivo de la discusión, en esta tesitura se envuelve como si fuera una bola de nieve y causa más polémicas que la propia situación originada.

De momento, da la impresión de que el asunto se va a cerrar sin dimisiones ni purgas por lo que se desprende de las reuniones del citado organismo y de las declaraciones de sus representantes, pero habrá que esperar al fin del contencioso para ver de qué manera se depuran las responsabilidades correspondientes. Lo principal parece que debe ser la renovación del seguro y que el asunto siga sus cauces normales. Y que todo haya quedado en una falsa alarma que no puede repetirse para bien de los encargados de las basuras y para tranquilidad de todos los ciudadanos que, me da la impresión, se han escandalizado menos que los propios representantes populares. O eso, al menos, a mí me lo ha parecido.