El monolito que recuerda el fusilamiento injusto de cinco republicanos en Sobrepiedra, en el municipio de Parres, se levanta auroso en un territorio en el que la cruel muerte de los que lucharon a favor de las libertades interpela la memoria democrática de Asturias, mientras el silencio se convierte en aliado fiel de las víctimas del golpe franquista.
Pero el silencio no es la solución para que la comunidad autónoma recuerde a los asesinados, sino que es fundamental alzar la voz para que el recuerdo sea perenne en las nuevas generaciones y que los cinco republicanos que fueron víctimas de la represión falangista sigan en la memoria de todos sus conciudadanos y de las generaciones venideras.
No hubo muchos asistentes en los últimos años al homenaje en el monolito de Sobrepiedra, quizá porque el frío de diciembre y la muerte continuada de los familiares de las víctimas son factores que privan a muchas personas de estar presentes en el acto, pero esta soledad de Pelayo, Cesar, José Luis, Arturo y José no equivale a un silencio constante, sino a un recuerdo que pervive en el corazón de muchos parragueses.
Las asociaciones memoralistas de Asturias han querido homenajear otro año más a los cinco de Sobrepiedra, aunque por razones de diversa índole, el acto tuvo lugar una semana después de lo que suele hacerse anualmente. Pero este cambio de fechas no hizo a los suyos olvidar a las víctimas, sino que el recuerdo se mantuvo imborrable para que la memoria democrática no olvide a los perdedores que durante tantos años se mantuvieron en un paréntesis de desmemoria.
La necesaria verdad, justicia y reparación que los herederos de los republicanos vienen exigiendo desde que se instauró el régimen democrático es fundamental para que la memoria de los cinco de Sobrepiedra se mantenga nítida y los vencidos vean rehabilitada su defensa de la igualdad y de los valores inalterables de la democracia más avanzada.
Por desgracia, Asturias está plagada (como España entera) de fosas comunes donde reposan muchos españoles que defendieron la legalidad democrática de un régimen justo y legítimo. Pero en Sobrepiedra no solamente se recuerda a los cinco asesinados, sino que el homenaje se extiende a todos aquellos que dieron sus vidas por la libertad. El monolito es el testigo fiel de las reivindicaciones que no se dejan de lado. Y que persigue que haya una justicia reparadora que el paso del tiempo tiene que brindar. Por la higiene democrática de esta nueva España que despertó de la noche oscura de los tiempos.